domingo, 26 de enero de 2014

Adiós a las armas.

Lo que pasó, lo que se viene, nos tiene mal a muchos, entusiasmados a otros tantos.

Mal, estamos aquellos que adherimos (y seguimos adhiriendo) al liderazgo y al proyecto de la Presidenta; entusiasmados, estarán aquéllos que nunca la quisieron o la votaron desconfiados esperando que acaeciera lo que acaeció: un cambio inesperado, impuesto como una fatalidad que deja un sabor agrio a tantos y tantas, insisto.

Que se busquen otra Presidenta, si quieren una devaluación, había dicho semanas antes CFK, una dirigente que supo conciliar siempre la palabra con sus acciones. Y en efecto, no ha sido ella quien devaluó, devaluó "el mercado" y dejaron devaluar los funcionarios que ella nombró dejó tan contentos a los que aludía en segundo término, exultantes ante la salida de un funcionario que jamás hubiera consentido esta devaluación que me tiene tan perplejo y triste, Guillermo Moreno, por supuesto.

E insisto en que la Presidenta no devaluó, no decidió hacerlo. Que desde luego, conoció la movida y la consintió, pero esa fue una de las tantas razones de su salida de escena, aunque a horas de lo impensado, dio la cara, para dejarnos a quienes la apoyamos la impresión de que no se quiebra ni se dobla: con todo en contra no se olvidará de quienes más ha beneficiado (hasta ahora) desde que asumió la Presidencia, mediante un anuncio que prevé algo a quienes tienen menos que nada.

¿Por qué este cambio de rumbo?, intenta responderse Mario Wainfeld en la edición de "Página/12" hoy con la honestidad intelectual que le caracteriza, sin éxito, tal vez sorprendido como el boludo que escribe.

Quizás la han convencido, quizás se ha convencido CFK de que hay que salvar lo conseguido, debilitada como quedó luego de las elecciones del año pasado (y los incontables y definitivos golpes que personalísimamente sufrió a lo largo de sus mandatos).

Que al igual que Alfonsín, entendió que para avanzar hay que retroceder. Del modo menos pensado y querido.

Ahora entiendo el sentido del homenaje que CFK le tributó al primer Presidente de la democracia recuperada en 1983 (que hacía desorbitar los ojos de su hijo presente en ese acto).

Será como para ratificar aquello que los que la queremos pensamos de ella: nadie desde la Presidencia argentina ha sido tan consecuente con lo que dijo y lo que hizo.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Moreno.


Se fue Moreno de la Secretaría de Comercio Interior de la Nación, para alborozo de tantos y tantas. Por fin, la bestia negra de todo opositor al Gobierno Nacional, abandonó la función pública.

La magnitud de tanta dicha se evidencia al escuchar tanto comentario laudatorio de quienes encuentran alivio en una caída esperada hace rato.

En muchos casos no se entiende bien por qué. Porque nadie como Moreno defendía los intereses de esos muchos, como nadie lo había hecho desde hacía añares.

A otros menos, pero muchísimo más poderosos, los jodió demasiado Moreno, entre ellos a los muchachos del grupo Clarín, a cuyos mandamases les dijo en la cara que eran unos parásitos, que debían tener algo de decoro y evitar auto-regularse ingresos asiáticos (en blanco, porque el negro el de tales ingresos -viáticos, gastos de representación, cometas- reunían una suma de muchísimos ceros más). Puesto a hablar claro, Moreno lo hacía y habló claro en una asamblea de accionistas de ese grupo, ganándose el odio de sus dirigentes y de tanto amante de la prensa libre que pulula por estos lares.

Asamblea en la que Moreno tuvo voz y voto como representante del gobierno, accionista de ese grupo, en virtud de haber  recuperado el Estado Nacional los fondos de los laburantes otrora rifados a la timba de las AFJP, proceso ideado por Amado Boudou por tal, bestia blanca de la oposición al kirchnerismo.

En esta trincherita, de confesiones íntimas, aún asumiendo ciertos errores que ha cometido, queremos a Moreno y escribimos para despedirlo (si cabe) y dejar testimonio de nuestro aprecio hacia un tipo honorable. Aprecio que contrasta con el afecto de otros por estos días, hacia tanto tibio, tanto idiota, tanto traidor y en especial de la elevación a la idolatría de cierto extorsionador de zapateros o de una perversa que la va de loca.

A Moreno lo queremos, escribimos, porque lo sabemos honesto como pocos.

Si tuvieron que inventar hace poco una nota patética (patetismo que da cuenta el desprecio a la inteligencia de sus destinatarios por parte de quienes pergeñaron la nota, el mismo desprecio -dicho sea de paso- de Ernesto Tenenbaum a su platea: no es verosímil tanta pelotudez en ese muchacho excedido en juventud).

Nota que me hizo evocar otra de la revista Caras en tiempos de Alfonsín, que informaba de una casa que el Presidente estaba construyendo en Galicia, con canillas de oro o algún detalle para consumo de la gilada.

Porque a la gente honrada, como Moreno, como Alfonsín, suele ocurrirles que para ensuciarlos le inventan lo inverosímil, vaya uno a saber por qué.


Escribo Alfonsín y a partir de su evocación recuerdo a Juan Carlos Pugliese.

Para quien tengo el recuerdo más afectuoso, hecho de cariño y de coincidencias políticas, hacia quien fue el primer candidato que voté en mi vida, allá por octubre de 1991.

Pugliese, que cuando todo se derrumbaba a mediados de 1989, aceptó el Ministerio de Economía que le había ofrecido (como una carta desesperada en ese final tan cruel) el presidente Alfonsín.

Tenía 16 años el que escribe y recuerda haber mirado un noticiero, a la espera de la finalización de la reunión del ministro Pugliese con los capitanes de la industria. Y recuerdo al maestro, salir de la reunión, con las huellas del cansancio (y del fracaso) en el rostro. Empequeñecido, se prestaba a enfrentar a los reporteros.

"Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo", dijo como resumen de una reunión que marcaba el principio del fin.

Y uno al recordar con afecto a Pugliese, lo aprecia más a Moreno y por eso lo despide: porque el Secretario que se fue a partir de su concepción social de la política, de sus convicciones, de su coherencia, tuvo muy claro a lo largo de toda su gestión que con determinadas personas nunca (pero nunca) se habla con el corazón.

lunes, 28 de octubre de 2013

Medio término.

Voy a dejar por escrito (no por nada retomé la escritura de este diario íntimo virtual) las impresiones que me han dejado las elecciones de ayer nomás, por las que se renovaron bancas en la Cámara de Diputados y en el Senado, de alcance más amplio, desde que (según se mire) miden la temperatura política del electorado de cara a las elecciones que siguen, las de 2015, cuando se elegirá quien suplante a Cristina Fernández de Kirchner.

Detesto las medias tintas, no obstante anoto que descreo en la sensatez de leer la elección como una catástrofe para el Gobierno Nacional, aunque tampoco considero sostenible el festejo de lo sucedido ayer por parte del FPV.

La nota distintiva a mi modo de ver de estas particulares elecciones es el predominio de nadie sobre nada: no han habido elecciones que hablasen tanto de la realidad cotidiana de cada provincia, sus electorados votaron según la coyuntura (aunque no estrictamente) predominantemente local. Y allí fincan las razones del contento de la alianza gobernante: no hay un líder opositor que se yerga como indiscutido aunque, tampoco hay un sucesor capaz de reunir en torno de sí, el portentoso 32% de los votos que a escala nacional supo cosechar el FPV tras diez años seguidos en el poder. Todo un prodigio.

Quizás porque resido por estos lares, considero a Cuyo la región que determina el signo del comicio, con resultados bien que repartidos en cada Provincia. Si en Mendoza el inexplicable Julio Cobos ratificó su predominio (con fuerte color local: fue Cobos quien en la mirada de tantos desafió la diKtadura del FPV -y la hizo tambalear-, había sabido antes gobernar aceptablemente Mendoza); los Rodríguez Saá volvieron a ser profetas en San Luis; en tanto lo sanjuaninos votaron con el corazón puesto en el último caudillo de la Provincia, ausente en las mesas electorales mientras lucha por su supervivencia. Triunfos, amplísimos todos, de cada uno de los referentes de organizaciones, frentes o alianzas bien distintas las cuales, es de prever, marcharan separadas dentro de dos años.

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires también votó parecido: mirándose el ombligo, premiando a un administrador que se juzga eficaz (a diferencia de quien escribe, con poca compañía en su convicción) aunque ese líder menosprecie de un modo tan subrayado a ese electorado que lo acompaña con tanta fidelidad. Basta reparar en los patéticos festejos de esos triunfos (coreografías mediante) con destinatarios poco apreciados en su intelecto por parte de quien los viene urdiendo desde hace muchas (demasiadas) elecciones ya.

O quizás, las razones del voto a los candidatos de ese sector haga pie  en la abominación de ese electorado al kirchnerismo, ámbito en la cual hace carne -evidentemente- la prédica del principal enemigo del Gobierno Nacional, el multimedios Clarín, prédica que contribuyó a la importante derrota de Daniel Filmus a manos del pragmático Solanas, que debe sentirse satisfecho con la opción que tomó cuando tiró por la borda cierta coherencia ideológica que supo sostener por décadas, con un premio por el que había perseguido tanto del brazo de aliados a los que siempre abominó. Como sea, al advenedizo Solanas, un electorado que siempre le desconfió lo premió (y cómo), aunque en verdad lo haya elegido para evitar un mal mayor.

Es notable el desempeño de los candidatos del FPV en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, siempre pobre, desde 2005, incluso, cuando Néstor Kirchner reunía adhesiones en la capital por encima del 85%; siempre se lo confinó en elecciones locales o nacionales, con la excepción de 2011. La sorpresa parte de que no hay argentinos que se hayan beneficiado tanto con el modelo kirchnerista como los de la Ciudad de Buenos Aires, cuyos vecinos (entre tantos beneficios) desde 2003 (¡!) pagan chauchas y palitos por el gas, el transporte, la luz y el agua; a diferencia de quienes no cuentan con dos de esos servicios (en especial el del gas) que deben sufragar costos altísimos por las garrafas que consumen, electores que supieron acompañar, paradójicamente, al FPV. Privilegios que esperamos, se acaben  más pronto que tarde. No es cuestión de privarles (nuevas) razones para oponerse al Gobierno Nacional.

Al igual que en el resto del país, en ese distrito, los sectores menos favorecidos son los que más leales al proyecto gobernante, lo que se desprende de los resultados discriminados en comunas que puede consultarse en "resultados.gob.ar". En el rubro "Diputados Nacionales": "Union PRO" y "UNEN" se repartieron las comunas, prevaleciendo la Cochonga (hizo una gran elección, parece haber recuperado el voto delarruista que supo serle esquivo). Se impuso en las Comunas Nº 5,  (Boedo y Almagro); 6 (Caballito), 7 (Parque Chacabuco y Flores), 10 (Floresta, Versailles, Montecastro y Villa Luro), la 11 (Villa Devoto, Villa del Parque y el pago de Omar Ferrari); Bergman, en cambio, prevaleció en las más acomodadas y en Liniers y La Boca. El FPV, fue relegado al tercer lugar en todas, menos en dos: la comuna 4 (La Boca, Barracas, Parque Patricios, Pompeya y más allá la inundación) y en la comuna 8 (Villa Lugano, Soldati y Villa Riachuelo), donde peleó un primer lugar que perdió por poco.

De sur a norte, los candidatos del FPV fueron perdiendo votos progresivamente según el ascenso cardinal. En la categoría "Diputados Nacionales", en la Comuna 8 (la más pobre de la Ciudad), la lista encabezada por Juan Cabandié obtuvo el 34,30% de los votos; Comuna 9 (Mataderos, Parque Avellaneda): 26,88%; Comuna 10 (Liniers): 22,26%; Devoto (comuna 11): 20,15%; Comuna 12 (Saavedra, Urquiza y Coghlan): 19,69%; Comuna 13 (Belgrano, Núñez y Colegiales): 13,91%; recupera pocos votos en Palermo (Comuna 14): 15,10% y cae a un piso de 12,11 % de los votos en la Comuna 2, Recoleta.

Curiosidades de la composición del voto al margen, nada parece sencillo al momento de evaluar qué nos ha dejado la elección de hace unas horas nomás, quizás se pueda coincidir en que nos deja incógnitas abiertas hacia lo que viene: nadie puede arriesgar (sin exponerse al ridículo) qué pasará a partir del 10 de diciembre de 2013, cuando asuman los electos, se vayan los que no han podido renovar sus bancas (en lo personal lamento la salida de Filmus, pena que se neutraliza con la salida -esperemos que por siempre- de una inmundicia de apellido Olmedo, oriundo de Salta) y sigan los que están.

Si seguirán ocupando los espacios políticos que hasta el 26 de octubre venían integrando, en especial dentro de las tiendas del peronismo.

De ello dependerá lo que viene, si es que Cristina gobernará una transición (sí que lo es) ordenada de cara a la Presidencia que suceda la suya o, en cambio, si la oposición en el Congreso, cuchillo y chaira en mano, nos depara un bienio insoportable.

La entrada se ha hecho larga, la Provincia de Buenos Aires (los soprendentes resultados electorales de esa Provincia, por lo menos para quien escribe) merecerán alguna que otra reflexión en una próxima.

Como sea, no deja de ser relevante y grandioso que se haya votado una vez más.

Que sigamos con esa feliz y sana costumbre de votar cada dos años, ininterrumpidamente desde 1983.
Por más que el resultado le deja a quien escribe un sabor demasiado amargo.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Gente que piensa diferente.

Desde este lugar ínfimo, vamos a poner nuestro granito de arena (para despuntar la entrada con un lugar común horrible) que alimente el médano infinito del cambalache en el que se ha convertido la sufrida política de este sufrido páis.

Es notable como todo se tergiversa. Notable resulta la facilidad de los tergiversadores de todo en este final de campaña enloquecido: con la Presidenta y el gobernador de San Juan convalecientes, con el gobernador de Santa Cruz advirtiendo que le "quieren tirar un muerto", con la casa del gobernador de Santa Fe, baleada; con un atentado a la candidata jujeña Milagro Sala; con un nuevo siniestro en el ramal Sarmiento de la red ferroviaria metropolitana, el de un tren manejado por un psicópata que anunciaba tragedias por un blog como este y -según informa La Nación, ni más ni menos- tomaba sol y dormía (según su propia confesión) mientras piloteaba formaciones repletas de pasajeros de tez cobriza y pobre, por lo general.

En medio de todo, el evento Cabandié. En principio, el de menor relevancia.

A esta altura debiera escribirse el evento Cabandié-Casero, o las pruebas de la degradación de un artista que uno quería hasta el evento Cabandié.

Es notable, escribíamos, como se tergiversa, como se da vuelta todo: según la lógica "Casero" Estela de Carlotto (y la de tantos y tantas dispuestos a acompañarlos porque denuncia los abusos de una dictadura) es autoritaria y el comisario que se apropió de Juan, cuando tenía horas de vida, un filántropo que rescató a un bebé de las garras de la subversión.

Esto último corre por mi cuenta (lo de las garras de la subversión) lo otro lo dijo el mismísimo hiper obeso protagonista de Farsantes. Que el comisario (ahorraremos su apellido) que se apropió de un bebé cuya madre y padre serían inmediatamente desaparecidos después de haber sido secuestrados y confinados en las mazmorras de la dictadura, que le puso su apellido, falsificando una partida de nacimiento, rescató a ese bebé, a la postre y con dos décadas transcurridas, legislador Juan Cabandié.

No dejo de sorprenderme al repasar la declaración del desaforado Casero quien desde que tuvo el desatino de decir lo que dijo (o de mostrar su pensamiento profundo) en el programa del domingo a la noche que conduce un extorsionador de zapateros, otrora periodista, sigue y sigue con lo mismo.

Que tiene miedo. Que vivimos en una dictadura. Que le advirtieron que no hablase porque le mandarían la AFIP. Que para callarlo tendrían que matarlo. Que en ese caso pasaría a la clandestinidad. Que Estela de Carlotto integra una patota de persecutores de opositores que se materializa a través de los programas de PPT, que denostan a quien piensa distinto (ver: http://www.lanacion.com.ar/1631645-la-replica-de-alfredo-casero-a-estela-de-carlotto-senora-no-soy-el-enemigo) y otros excesos de quien parece no pensar en lo que dice, ni tener al lado nadie que lo haga reflexionar.

Demás está aclarar que no se pretende que Casero sostenga que vivimos en el mejor de los mundos, que Cristina Fernández es inconmesurable en su talento para gobernar el país, que Cabandié se comportó cuando fue sometido a un procedimiento ilegal a manos de numerario de la Gendarmería y de un pichón de bataclana, como un lord inglés y que está enamorado de Sandra Russo y de Orlando Barone; sólo que entienda que lo que ha dicho (y en consecuencia le contestó Carlotto) es aberrante. Que si algún Fiscal tuviera tiempo y ganas podría denunciarlo por haber perpetrado una apología del delito, aunque es deseable que no tenga tiempo ese Fiscal, porque una detención o un llamado a indagatoria de Casero daría pasto a quienes creen en el miedo, la persecución, la dictadura y otras teorías elaboradas al calor un par de décadas de abusos, según parece.

Que nadie en ningún lugar del mundo sería quedaría impune si dijera que Hitler hizo bien en exterminar judíos y que (llegado el caso de que se hubiese urdido un plan de la especie del llevado a cabo en la Argentina) los bebés judíos hijos de los exterminados en los campos de concentración, habían sido rescatados por oficiales de las SS.

Algo parecido (no exagero en lo absoluto) dijo Casero al hablar de rescate, en lugar de apropiación.

Y, paranoicos como somos, no creemos que sea casual que Casero haya dicho lo que dijo, sino que es consecuente con lo que días atrás le había dicho Carrió al propio Cabandié durante un debate televisivo: "el delito no se hereda. Vos tenés que saberlo, que sos hijo de desaprecidos". Empleados ambos del "Grupo Clarín", metieron el dedo en una llaga demasiado abierta y a juzgar por las repercusiones, la cosa no salió tan mal para sus patrones: no cosecharon el repudio que merecían por haber dicho lo que dijeron.

Seguramente, por lo que muchos sabemos (y hemos escrito en este espacio): no existe un consenso lo suficientemente amplio de condena a la represión estatal perpetrada en los '70, bien por el contrario, son unos cuantos los que (en silencio, la mayoría) ponderan y justifican esos delitos, sino no se entiende como tanto imbécil anduvo difundiendo un suelto publicado en una cloaca de la web (SEPRIN) que publicó los domicilios del matrimonio Cabandié-Alfonsín, padres de Juan; porque ambos figuran en los padrones electorales. No sorprende la bajeza del SEPRIN, de mierda están hechos sus redactores, escoria de la más baja, sí que haya tanto idiota difundiendo las psicopatías que se difunden desde ese inmundo portal.

Más preocupante es, que ningún dirigente opositor haya reparado en los desbordes de Carrió y de Casero, que Binner, Stolbizer, Alfonsín o, por qué no, Michetti, De Narváez o Massa hayan expresado cierto acompañamiento personal a Cabandié, por lo menos, que lo hayan hecho público. Que expresaran que les resulta deleznable que se justifique como lo han hecho ambos la desaparición de sus padres y su apropiación.

Entre tanta mierda, sólo cabe esperar que termine una campaña inesperadamente violenta, preparatoria de una etapa que se viene, que se presenta muy difícil, así lo evidencia la intemperancia del grueso de la oposición y por sobre todo, del grupo económico que opera detrás de la mayoría de sus dirigentes, perdida la batalla legal, según parece, en la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Grupo económico, dispuesto a convertir al país en un caos, según lo advirtió en agosto un extorsionador de zapateros, que supo ser periodista, desde los estudios del canal de televisión de ese grupo económico en uno de los tantos shows de los domingos a la noche.

sábado, 19 de octubre de 2013

Cabandié.

Mucho se habló sobre Juan Cabandié durante de los días que pasaron, a raíz de una hábil opereta pensada y ejecutada por quienes lo buscaron y encontraron al legislador y candidato del FPV, mientras se conducía en su auto por Lomas de Zamora por el mes de mayo.

Tanto se ha hablado (decíamos) que no creo que sea útil volver sobre el evento, dijimos, hábilmente utilizado.

Si algo me molestó, me dolió en verdad, fue la soledad en la que se lo ha dejado a Cabandié.

Incluso en 678 lo amonestaron, quizás porque creían quienes lo amonestaron que lo merecía. Quien escribe en su momento se convenció de que Cabandié había estado mal cuando reaccionó como reaccionó.

Fue notable, entonces, como todos entramos en el juego de aquellos que le tendieron la cama en la que Cabandié se acostó, sin reparar en cuestiones demasiado evidentes: Cabandié (a partir de la extensión temporal del supuesto control automotor al que fue sometido) fue víctima del accionar represivo de agentes de fuerzas de seguridad que no pierden las mañas de otras épocas, añoradas por unos cuantos de ellos. Si me apuran, quizás era sometido a una privación ilegal de la libertad.

Ante lo evidente, insisto, nos quedamos con la anécdota: Cabandié habría sido destemplado con quienes lo detenían y eso estaba mal. Era anti-democrático.

Es curioso lo boludo que puede ser uno.

Aunque Cabandié debió haber sabido que le tendían una cama, que la lucha es decisiva y que hay que estar atentos a zancadillas como la que le tiraron, el reproche fue excesivo.

El de quienes lo vamos a votar, porque quienes abominan del proyecto político en el que militan,  odian a Cabandié como a ningún otro exponente del FPV: Moreno, Boudou y D'Elía no generan en ciertos opositores el encono que provoca Cabandié.

Las razones, por evidentes, vamos a destacarlas: Cabandié es joven (que no sabe nada de nada, como propuso respecto de otro joven de ese sector un carcamán excedido en juventud que participó en un debate de televisión la semana que pasó) y, desde luego, referencia al FPV en una de las aristas que más molesta a tantos y a tantas: antes de mayo de 2003, Juan no era Juan ni era Cabandié; llevaba el apellido de quien él creía que era su padre y en verdad era quien lo había secuestrado, luego de participar de la desaparición de los verdaderos padres de Cabandié.

Delito aberrante, que un payaso miserable definió esta semana como un rescate, o de alguna manera igualmente deleznable.

Cabandié, entonces, es el dirigente que más incomoda a cierta gente, porque corporiza y reivindica (de una manera impensada) una militancia que se creía desterrada para siempre, mediante la eliminación de esos militantes, faena que alcanzó a sus hijos que fueron trasplantados a otras familias, para que fueran criados en otros valores. Rescatados de la subversión.

Cabandié es entonces la prueba de la ignominia de una sociedad que (en el mejor de los casos) miró para otro lado cuando a sus padres los secuestraban, torturaban y desaparecían.

Será por eso que molesta tanto la candidatura de Cabandié y se aprovecha cierta actitud enérgica ante una vejación a la que fue sometido en mayo pasado para tratar de enterrar ese dirigente que perturba las sucias conciencias de tantos y tantas.

El Sarmiento.


Vamos a escribir en caliente, práctica desaconsejable, seguro, pero que voy a emprender desde este lugar chiquito.

Otra vez un nuevo accidente ferroviario. Otra vez, en el ramal Sarmiento.

Varado en San Juan (no hubo modo de volver a Buenos Aires a causa de un sorpresivo paro de los aeronavegantes) hago zapping ente canal y canal de noticias.

Exultantes, en TN, algo menos en C5N, preocupados en 26 TV.

Todos coinciden en que no hay muertos ni heridos graves.

Interviene el juez Lijo, que mandó a secuestrar cámaras de seguridad y ordenó la detención e incomunicación del motorman.

Veamos.

Si en algo coincidieron todos los analistas de las PASO de agosto, el resultado adverso en la Provincia de Buenos Aires tuvo directa la relación con el resultado desfavorable del candidato del gobierno, en especial, a partir de la dura derrota de Insaurralde en Morón, partido que viene gobernando desde hace más de una década el sabatellismo, aliado del gobierno sumado a la merma electoral en el primer y segundo cordón del conurbano.

Ayer nomás, Clarín destacó que Insaurralde había acortado significativamente la distancia que lo separaba de Massa, quien seguramente va a ganar las elecciones generales.

Desde la tragedia de Once de febrero del año pasado (a dos meses de la reasunción presidencial de Cristina) viene operándose un cambio en materia de la política del Gobierno Nacional en el transporte
en especial, el ferroviario, con alto perfil del nuevo responsable, Florencio Randazzo.

Randazzo, ha dado prioridad en su gestión al transporte ferroviario, con el ambicioso objetivo de reconstruir la red nacional, desmantelada hace 20 años, política que lo ha llevado a cerrar acuerdos en China para la adquisición de más de mil formaciones para renovar todo el material rodante de los servicios metropolitanos y de media y larga distancia, además del servicio de cargas, igualmente desguazado durante los '90.

En ese métier, el Ministro del Interior y Transporte, dispuso la estatización del servicio, iniciando un giro sustantivo en la política de transporte (y en especial de las turbias relaciones del Estado con los concesionarios privados) lo que significó una merma sustancial en el poder de Julio De Vido puertas adentro del Gobierno y del kirchnerismo.

Durante los meses de Randazzo, fueron cotidianos los enfrentamientos con los sindicatos ferroviarios, en especial "La Fraternidad" y roces con el Pollo Sobrero, delegado de la "Unión Ferroviaria" de los trabajadores del ramal Sarmiento. Ese enfrentamiento, tuvo episodios álgidos, por ejemplo, cuando Randazzo difundió videos capturados en la cabina de los trenes de ese ramal y del Mitre, que mostraban a los motormen durmiéndose, leyendo o utilizando sus teléfonos celulares.

Muchos, entre ellos quien escribe, acompañamos con expectativa la tarea de Randazzo y hasta pensamos que, de ser exitosa su política, podría ser el candidato del proyecto en 2015 a quien, naturalmente, estábamos dispuestos a votar.

Mientras escribo, Adrián Vetura (quien nadie puede confundir con alguien que no quiera lo peor para el Gobierno Nacional) informa por TN, que se encontró en la mochila del motorman del accidente (actualmente internado y detenido por orden del juez Lijo) el disco rígido de la cabina que extrajo de la carcaza del tren.

Entonces.

Podemos caer en teorías que parecen puestas en bandeja: aquellos que vienen anticipando que si el Gobierno no "toma nota" del resultado de las PASO y modifica la dirección de sus políticas en  sentido contrario a las que viene llevando adelante desde 2003, el país, como anunció con toda claridad un gordito que extorsiona zapateros para que publiciten en sus programas de radio y/o televisión, el país se va a transformar en un caos.

Y lo de esta mañana puede estar enderezado en esta dirección.

Escribimos en caliente y a poco de escribir lo que escribimos nos asaltan dudas que morigeran la teoría que expongo: es difícil pensar que esta gente pueda llegar a tanto, o que haya militantes de esos sectores prestos a inmolarse cual kamikazes de la segunda guerra, no arriesgamos más sobre el punto, ni le quitamos responsabilidad a Randazzo en este nuevo evento: si te quieren joder y lo sabés, tenés que hacer mucho más de lo mucho que estás haciendo para evitar que te jodan.

Porque te joden, pegando donde duele: todas y cada una de las víctimas de los TRES siniestros de la líneas Sarmiento (siempre la Sarmiento. Aunque anden espantosamente, no se duermen los maquinistas del Mitre, del Belgrano Norte, del Belgrano Sur, del Roca, del Urquiza, siempre del Sarmiento), máxime cuando los pasajeros cuentan por televisión que el maquinistas de ese tren estaba frenando mal en las estaciones previas a la terminal de Once en la que se produjo el siniestro, por lo cual le atribuyeron responsabilidad y casi lo linchan cuando descarriló en Once.

Algo tenés que hacer, Florencio, para que no suceda más.

Y si sucede, y si es adrede, hay que impulsar los procesos judiciales para investigar un presunto atentado contra el orden constitucional y engayolar a muchísima gente, aunque sumas al país en el caos.
 

Muy difícil lo que se viene, peor de lo que uno imaginaba, de lo que anticipó por Radio Mitre un fresco de risa bobalicona después de las PASO. A una semana de las elecciones, otro tren del Sarmiento no frena y descarrila y otra vez las imágenes de ambulancias, helicópteros, gente ensangrentada y testimonios de un siniestro que pudo haber sido evitado y no se evitó.

Quizás, como anticipó el fabuloso Tenenbaum, habremos de pasar los meses que restan hasta diciembre de 2015 (que nadie se ilusione con una salida anticipada) abajo de la cama.

viernes, 11 de octubre de 2013

El delito no se hereda.

Y eso que no iba a escribir en este espacio chiquito, de confesiones chiquitas, de la política de todos los días (o de lo que se le parece).

Le hurto minutos al laburo para compartir reflexiones acerca de Elisa María Adelina Carrio, Lilita, dirigente política a la que le hemos dedicado mucho espacio en estos lares.

Es muchas cosas Carrió, nunca una loca, una desquiciada.

Para algunos es una mujer valiente, osada, honesta, convencida de sus convicciones; otros la creemos cruel, cínica, resentida, perversa.

Y ante todo, reaccionaria.

No tanto por lo que piensa (o lo que uno cree que piensa) sino por lo que representa o pretende representar: la anti-política excluyente dura y pura, en especial por estos días, por estos años, durante los cuales ha dejado de lado la veleidosidad académica que fingió, proponiendo contratos morales u otros disparates; no ya porque desechemos como un valor imprescindible a la ética política (que se diferencia en mucho de la moral que cacareaba Carrió) sino porque el planteo estaba orientado a reflotar las creencias atávicas de radicales reaccionarias como ella que equiparaban al peronismo con la corrupción.

No soy, no fui, a esta altura del partido, tampoco seré, peronista. Sí soy (a mi manera, quizás porque aquello que se hereda no se hurta) radical. Un radical que nada comparte con Carrió, como con tantos otros radicales que piensan tan distinto a uno, de lo que he escrito ya demasiado.

Soy un radical que advierte a los radicales (sin pretensión alguna) acerca de los vicios atávicos que durante muchos años hemos arrastrado los radicales, defectos nacidos a partir de un trauma que muchos no pueden superar y que finca en la irrupción del peronismo en la política, que llevó a tantos radicales (cuantas veces he escrito lo mismo) a adherir a quien veían (Perón) como heredero de las tradiciones democráticas y populares del caudillo de aquel radicalismo (Yrigoyen). Homero Manzione, por todos.

Fueron muchos los radicales que abominaron a Perón y lo enfrentaron por el sesgo dictatorial de sus primeras Presidencias (cariz innegable a partir de concebir a su movimiento como la punta de lanza de un proceso revolucionario) cuestión que no nos resulta tan irritante como las convicciones arraigadas por muchos de esos muchos radicales, cuando el peronismo (los peronistas, con Perón a la cabeza) comenzaron a ser perseguidos por regímenes que venían a enterrar esa tradición y la del radicalismo, que definimos, como nacional y popular.

Es clara la referencia.

Sin embargo, no tantos, pero unos cuantos, radicales acompañaron esas experiencias, se involucraron en las administraciones de gobierno, dando pasto, ministros y en especial, legitimación a la política de reversión del camino desandado por Yrigoyen y por Perón.

No tenemos dudas acerca del significado ideológico y cultural de Carrió: representa esa tradición política con una fidelidad asombrosa.

En especial porque, como también hemos escrito reiteradamente en este espacio, esa reacción es meramente destructiva y cocinada en un odio de clase que nadie representa mejor que Carrió.

Candidateada (¡otra vez!) hay que soportarla, porque debe ser tolerada, agrandada como alpargata en el agua, post 1.78% de las elecciones de 2011, con aires de Ave Fénix de opereta. No recuperará lo que alguna vez tuvo (si es que lo tuvo), pero remontará desde el subsuelo profundo en el cual la sepultaron los electores hace apenas dos años.

Exultante en ese plan, ha vuelto recargada, entusiasmada con una publicidad de campaña que apela al ridículo, ridiculizándose así misma (como en la foto que sigue, mediante la cual con cierta ocurrencia le responde a Aníbal Fernández, uno de los tantos pasos de comedia de ese inesperado dúo cómico) o empapelando Buenos Aires con afiches que piden el voto a ella para combatir a los Kerner.

Podemos preguntarnos si es necesaria Carrió y diría que sí, porque el voto ultra, reaccionario, fascista, debe contar con un canal de expresión en las mesas electorales (fallecido Bussi, impedido de votar siquiera, Abelardo Patti), sólo que me permito advertir a quienes piensan bastante distinto sobre el sentido de sus votos: votar a Carrió, hoy, dice mucho más contra el sistema democrático que hacerlo por el rabino PRO, con lo que supone afirmarlo.

Y no me nubla mi antipatía a la candidata.

Lo dice ella. O su subconsciente. Como cuando cruzó a Cabandié en el debate televisivo en TN. Carrió (más allá de la forzada e hipócrita aclaración producido un corte televisivo) le dijo al nieto recuperado Cabandié que "el delito no se hereda", con relación a los presuntos delitos que -según Carrió- ha cometido Enrique Coty Nosiglia y la candidatura de un hijo del dirigente radicales en las listas de legisladores de UNEN.

"Vos deberías saberlo, que sos hijo de desaparecidos", dijo como para que no quedaran dudas.

Después se retractó, dijimos, desmereciéndose así misma, pidiendo lastimosamente disculpas, retractación en la que no creemos ni un poco. Porque piensa eso Carrió. Como tantos de sus votantes, que los desaparecidos son delincuentes, porque si no, no hubiesen desaparecido.

"Delincuentes subversivos", se los denominaba en los expedientes judiciales de mediados de los '70, cuando se tramitaba en el papel, lo que luego se resolvería de un modo más sencillo y expeditivo. Vaya si lo sé, trabajando cotidianamente con testimonios de ese tiempo.

Muchas veces debe haber tipeado esa denominación en dictámenes de una Fiscalía del Chaco durante esos años, la actual candidata a diputada por UNEN, Elisa Carrió.

Gajes del subconsciente y la memoria, que a ciertas gentes no la deja en paz.