domingo, 28 de febrero de 2010

Ala de criados.



Acabo de llegar del “Teatro Del Pueblo”, donde fui a ver: “Ala de Criados”, nueva propuesta de Mauricio Kartún.

Talento al margen, comparto inquietudes con Kartún. Ambos, yo apenas desde este espacio íntimo, él desde su obra más reciente, nos ocupamos de la violencia. De la ejercida, alentada y proclamada por las clases dominantes.

Cierto es que, a poco de escribir el párrafo anterior, verifico que buena parte del pensamiento filosófico, político, social, pedestre, ha venido haciendo pie desde hace siglos en la violencia humana.

Sólo que Kartún y, con patente modestia quien escribe, hacemos foco en la violencia concebida o expresada desde el poder establecido.

El contraste no es menor, dado que un repaso apresurado de la producción literaria de mediados de los siglos XIX y XX, también se ocupa de la violencia, sólo que de aquella protagonizada por los sectores populares.

“El Matadero” y “La Cautiva” de Esteban Echeverría, “La Refalosa” de Ascasubi y por cierto: “Facundo. Civilización y Barbarie” de Sarmiento, dieron cuenta de la violencia política encarnada por el populacho, en línea con: “La fiesta del Monstruo” de Borges y Bioy o, por caso (perseverando en una enumeración a la violeta) “El incendio y las vísperas” de Beatriz Guido, ambos trabajos producidos cien años después.

Kartún, entre otros, pero de él y la obra que acabo de ver quiero escribir, trabaja el modo de dominación de los sectores oligárquicos, desde una mirada burlona, como brutal.

Lo descubrí con: “El Niño Argentino”, una de las piezas que más me impactaron, desde el texto, hasta las soberbias actuaciones de un Mike Amigorena pre “Pells” y de Oski Guzmán. Poderoso trabajo ése.

Describe el viaje a París de un nene bien libidinoso y vicioso que es confinado a la bodega del barco por su padre, y de la relación que esa alternativa hace nacer entre el peón de la estancia de su familia que viajaba en esa bodega, al cuidado de la vaca que proveía de leche fresca a esos patricios en trance.

Ambos se fascinan desde sus instintos más bajos que mutuamente abrevarán (vicios, pederastia, zoofilia, arribismo y otras canalladas), con un final impactante, digno de esa pieza magistral que debería reponerse.

“Ala de Criados” transita la temática y la época, aunque en este caso se ubique en el mes de enero de 1919, en el “Pigeon Club” (de tiro al pichón) de Mar del Plata, donde tres nietos de un abuelo embanderado en la gesta de los jóvenes patricios de la “Sociedad Patriótica” que defendían a sangre y fuego una Buenos Aires cuyo orden era conmovido por huelguistas, “maximalistas” y judíos, son despachados por considerarlos inútiles para esa faena (uno por “invertido”, la otra por mujer –y fea, encima- el otro, por imbécil).

Sin embargo, en esa bucólica Mar del Plata vacía de veraneantes a causa de la lucha entablada en la Capital, en un club en el que nada podía hacerse, porque en pro de la gesta patriótica, las armas y municiones para matar a las palomas habían sido despachadas a Buenos Aires, esos tres inútiles cocinan su gesta, ayudados por un sirviente del club, que destaca no ser “criado”, aunque duerma en el ala destinado a aquéllos, sino “cuentapropista” que explotaba “la engañifa”.

Y en una noche de pólvora y de cocó, los inútiles (“bichos”, como los llama un “nuevo rico”, socio del club, para colmo ascendencia judía maquillada), bajo la dirección del “cuentapropista” que se envanecía de ser “crumiro” (carnero) en esos días de huelga general, salen a matar para reivindicarse, para darse un lugar en ese sector social que en esos días empuñaba las armas en Buenos Aires.

Salieron a matar. Y no pararon.

Aconsejo ir a ver: “Ala de Criados”, está muy bien actuada y expresa no sólo una temática común con quien escribe, sino la intuición de que los poderosos, tal vez hoy día con mejores modales, no trepidarán en volver a matar para defender sus privilegios si es que alguna vez se los cuestiona con astuta y eficaz decisión política con mayoritario respaldo popular.

sábado, 27 de febrero de 2010

Sombra terrible de Videla.


“Tenemos que parir en 2011 un gobierno para todos los argentinos, para el que quiere a Videla y para el que no lo quiere”, dijo días pasados el precandidato presidencial por el PJ, y ex presidente, Eduardo Alberto Duhalde y desde entonces no logro superar el estupor.

O, dicho de otra manera, no logro interpretar las razones por las cuales decidió una propuesta tan desafortunada desde donde se la mire.

Vale preguntarse entonces: ¿por qué Duhalde evoca a Videla? ¿Qué motivación política impulsa una declaración que a poco de repasarla constituye una boutade imperdonable?

Porque, según creo desde una comprobación personal, excepción hecha de grupos de notable insignificancia, muy pocos le algo bueno en Videla y son menos aún, los que lo “quieren”; por lo cual su apelación –dicho, tal vez, con ingenuidad- es groseramente “pianta votos”.

En este sentido, resulta llamativa la propuesta a poco de contrastarla con la (poco convincente) condena del otrora candidato Sebastián Piñera a Pinochet y su régimen, siendo por un lado, que son en Chile considerables en número quienes recuerdan con gratitud a ese criminal chileno, a despecho de la anotada condena –o franco desdén- de las mayorías aquí respecto del criminal mentado por Duhalde.

Descartada la variante de una eventual apelación seductora a un electorado nostálgico del tiempo abominable encarnado por Jorge Videla, sólo resta concluir en que lo de Duhalde es una profesión de fe o lisa y llanamente, una provocación artera.

Porque de unos meses a esta parte, y a despecho del ordenamiento interno, viene perseverando en poner en cabeza de las Fuerzas Armadas el combate del delito y la formación de jóvenes vagos y mal entretenidos, artilugio que aún desde su pobreza conceptual puede leerse desde un oportunismo electoral de bajo vuelo. La cosa se oscurece, cuando el candidato –en el contexto que se propone- viene a aunar a las Fuerzas Armadas con un criminal de Estado condenado por delitos aberrantes que hace más de treinta años revistó en aquellas, cuestión bien que diferente.

De la mano con lo que se propone, tal vez Duhalde anda provocando, mediante una convocatoria tan desdichada que desdibuja un perfil que aún con trabajo, desde un sector nacional, popular y democrático podía dibujarse de él. Como si el despecho que, tal vez con justa raíz, abriga hacia los Kirchner, lo llevan a un derrape tan fulero.

En especial, que esa desgraciada evocación haya sido dicha el mismo día en el cual “aparecía” el nieto Nº 101, por parte de jueces y las Abuelas de Plaza de Mayo: mentarlo a Videla en el contexto propuesto por Duhalde aparece así como una canallada indigerible.

Pareciera querer dar pasto a sectores importantes de la comunidad que tejieron las imágenes de sí de golpista –desde la mera mención “Videla”- o de remoto correveidile de las Fuerzas Armadas cuando estuvo al frente de la Intendencia de Lomas de Zamora en 1975.

Del modo que sea, somos muchos los que por estos días a causa de tanta provocación y torpeza, al timonel de la Argentina imposible de 2002 le hemos perdido, definitivamente, toda consideración y respeto.

domingo, 21 de febrero de 2010

La Fiesta de Todos.


“Esas multitudes delirantes, limpias, unánimes, son lo más parecido a un pueblo maduro, realizado; unido por un sentimiento común sin que nadie se sienta marginado ni derrotado y, tal vez, por primera vez sin que la alegría de unos signifique la tristeza de otros”.

La cita, corresponde a una película recientemente difundida por el canal que corre el riesgo de desaparecer a manos de la Ley de Servicios Audiovisuales, según anticipa en un separador una señora mayor, cariacontecida, mientras camina por un archivo en el cual –según ella- “viven”: Niní Marshall, Tato Bores, Alberto Olmedo, Pepe Biondi y tanta gente querida por el público local.

No aclara la señora que teme por la nueva ley, que esa señal emitía programas y películas protagonizadas por esos referentes y no puede hacerlo ya, porque desagradecidos deudos de algunos de esos laburantes del cine y la TV pretendieron cobrar derechos por ello; y ante la falta de reconocimiento de esa señal, interpusieron acciones de amparo que circunscriben la “vida” de esos artistas a los archivos del canal.

El canal es “Volver”, el cual, reproches éticos a sus directivos al margen, consulto con fruición, me gusta ver cine nacional. Aunque de un tiempo a esta parte, deban repetir –a veces en el transcurso del mismo mes- las películas ya emitidas debido a los pleitos judiciales referidos.

Dos o tres domingos atrás, volvieron a emitir una película filmada en 1979, celebratoria del Mundial de Fútbol jugado en el país en 1978: “La Fiesta de Todos”.

Es una suerte de compendio de los momentos más importantes de esa Copa del Mundo, con especial seguimiento a la campaña del seleccionado dirigido por César Menotti: se ven goles, jugadas, etc.

Dirigida por Sergio Renán, la película no se circunscribe sólo a lo deportivo, sino que propone un fresco de época en derredor de las vivencias que rodearon el campeonato: desde escenas de ficción que daban cuenta de actitudes y temperamentos prototípicos de “gente del común” ante ese evento; hasta miradas con alguna pretensión intectualoide de referentes de algún pensamiento, bien que matizado acorde con los tiempos que corrían.

Respecto de las primeras, convocó Renán un elenco destacadísimo que incluyó a Luis Sandrini y su esposa Malvina Pastorino; el ahora cotizadísimo Ricardo Darín, Mario Sánchez, Ulises Dumont, Aldo Barbero, Juan Carlos Calabró, Ricardo Espalter y siguen las firmas. Jugaban escenas costumbristas que matizaban las alternativas futbolísticas que se reflejaban.

Desconozco el impacto que entonces tuvo la película, pero a poco de terminar la dictadura y siendo que ese Mundial se lo vincula con el apogeo del terrorismo de Estado, a la vez que se lo propuso como una alternativa ensayada por los criminales que lo encarnaban tendiente al afianzamiento del proyecto político, la película fue, tal vez injusta, aunque forzosamente, identificada con el régimen militar o desde ya, con el férreo aparato de propaganda del régimen. Remito a quien le interese, a consultar un interesante estudio publicado en: http://estatico.buenosaires.gov.ar/areas/educacion/cepa/la_fiesta_de_todos_eseverri.pdf

Esa mirada no es caprichosa, desde que el filme repasa un evento de capital significación para los jerarcas de la última dictadura, sin embargo me hace ruido (para bien) la intervención de gente honorable, desde su director, pasando por buena parte del elenco destacado, anoto a su vez en este rincón, al periodista Diego Bonadeo.

A su vez, anoto a favor de Renán que en ningún momento de la película –incluso aparece cercenada, tal vez por ello, la entrega de la Copa del Mundo al capitán de la Selección, Daniel Passarella- aparece la estampa de Videla.

Otros, sin embargo, jugaron otro rol.

Por todos, el de un periodista político, mentado entonces y ahora después de muerto como “Robert Mitchum”, que ensalzaba solapadamente al régimen desde la ponderación de la rapidez de las obras ejecutadas para el acondicionamiento y construcción de los estadios en los que se jugó la Copa. Anoto también, las interjecciones de ese amoral que fue el robusto “Relator de América”, José María Muñoz, que participa de la película, perpetrador de una serie de inmundas canalladas durante esa Copa y la celebrada en Japón, en 1979.

Y a su vez fue ciertamente desafortunada (para calificarla con amabilidad) la de Félix Luna, que transcribo al principio de la entrada.

De pie, en un balcón de un edificio embanderado con los colores argentinos, entre papelitos que caían acompasadamente, de severo traje y corbata, pondera de esa manera feroz el momento que se vivía durante los festejos por el campeonato alcanzado.

La automática relación entre Luna y la historia nacional complica todo.

Habla, repasemos, de “multitudes delirantes”, pero “limpias”, en clara referencia a la mugre de otras, o de otra en verdad, la que se lavó las patas en la Plaza de Mayo durante el lejano mes de octubre de 1945 o las igualmente vocingleras, aunque roñosas del más cercano 1973; anota la “unanimidad” de esas muchedumbres, en épocas en las cuales el “disenso” con esa gesta o cualquier otra iniciativa emanada del poder militar tenía un costo por todos conocido o por lo menos, sospechado.

Habla de “madurez”, cuando lo que se festejaba era un triunfo deportivo y anota que por primera vez, la alegría de unos no significa la tristeza de otros, frase que a poco de conjugarla con lo que estaba pasando adquiere ribetes de una perversidad indigerible.

Como fuere, don Falucho estaba ufano, o simulaba estarlo, al repasar tanta algarabía común.

A poco que terminó la película, me interné en la lectura de los diarios de ese domingo y, mediante una relación casi forzosa, contrasté ese fresco de tanta alegría regimentosa con los disensos agonales de este tiempo tan distinto.

Y fue entonces, que pese al cansancio que viene generándome tanto encono, tanta disputa, tanto enfrentamiento en la Argentina actual me consuela verificar que esta época no es propicia para ninguna Fiesta de Todos.

sábado, 20 de febrero de 2010

Víctor Hugo Morales y los incorregibles.



Me permito transcribir el mensaje que sigue, enviado por un gran amigo a mi casilla de correo personal dado que, según se desprende del texto, quiere, mas no puede intervenir en este espacio, lo que motiva mi atrevimiento (con la debida reserva de identidad del queridísimo amigo) a plasmarlo.

Ante todo porque reproduce -con más tino y mejor modo- otros tantos que recibo por esa vía de conocidos que andan cabreros o desorientados con lo que vengo plasmando en este espacio.

Aclaro, antes de trancribir el texto, que evito las generosísimas consideraciones del amigo hacia el espacio, por esas cosas del pudor, que sin embargo, mucho agradezco.

Ahí va:

"Querido Galvan:

Lamentablemente sigo sin poder enviar comentarios al blog seguramente por ignorancia mia. Por eso te molesto por mail.

(...) te cuento que ayer terminé de leer el libro de Victor Hugo quien vuelve sobre el asunto del peronismo y los intelectuales que de algún modo define de una manera mucho más eficaz que la propia, la opinión que a veces tengo de los incorregibles.

Si bien es un libro muy sencillo, me impactó porque nunca me había sentido tan identificado en lo ideológico con ningún personaje público. Es emocionante los párrafos que le dedica a Raúl (Alfonsín) y a otros correligionarios. Te lo recomiendo sinceramente.

Sería bueno, como humilde sugerencia, que contemples la posibilidad de analizar sus reflexiones en el blog, ya que me parece que por la actualidad y mesura que tiene Victor Hugo, está menos expuesto a anacronismos y a exabruptos, que el amigo Georgie.

Debo reconocer que si bien las opiniones de ABC y Borges resultan en muchos casos atroces, (ej. Lo de Massetti y los estudiantes, fusilamientos, etc) no lo es menos que criticarlos desde el peronismo me parece que es un poco injusto.

Me permití un rápido ejercicio -ya que como a vos el tiempo no me sobra- para ver qué frases acuñaba el viejo líder en épocas mas o menos cercanas a aquellos años en que Borges comía –y nunca cenaba- en lo de los Casares.

Previsible hallazgo que transcribo tan solo como un ejemplo de los miles que descarto habrá:

Habría dicho el General “…en Nüremberg se estaba realizando entonces algo que yo, a título personal, juzgaba como una infamia y como una funesta lección para el futuro de la humanidad. Y no sólo yo, sino el pueblo argentino. Adquirí la certeza de que los argentinos también consideraban el proceso de Nüremberg como una infamia, indigna de los vencedores, que se comportaban como si no lo fueran. Ahora estamos dándonos cuenta de que merecían haber perdido la guerra. ¡Cuántas veces durante mi gobierno pronuncié discursos a cargo de Nüremberg, que es la enormidad más grande que no perdonará la historia!…”

Admitamos que al lado de estos muchachos que se sentaron en Nuremberg, Rojas Lonardi y el propio Videla, son mas buenos que (una amiga en común). Por supuesto que hay que confrontar la cita (pero si no es vero…)

A lo que voy: me cuesta un poco caerle tan duro a un tipo indudablemente valioso como Borges (sobre todo cuando inmediatamente luego de leerte a vos, repaso el poema de los dones o alguna otra genialidad similar) desde la victimización de los peronistas, cuyo máximo líder a la hora de elegir a su hombre de confianza, eligió a Lopez Rega. NO JODAMOS GALVAN¡¡¡. ¿se entiende?


Veamos.

En primer lugar, reitero mi gratitud ante el aporte, no sólo porque enriquece el espacio, permitiéndome a su vez explayarme sobre cuestiones que en algún momento afrontaré en el análisis que vengo haciendo de las raíces del pensamiento antiperonista, o gorila.

Ello, como dije no supuso nunca un rescate per se y sin beneficio de inventario a a expresión popular respecto de la que se constituyó -sin desmedro de que como anotamos la anatema de ese espacio no encontraba exclusivamente como centro al peronismo-, sólo que a mi juicio las ocurrencias, aberraciones, ideas, fobias, tics, de Borges y Bioy supieron traducirse en alternativas políticas empardabales con las perpetradas por los condenados en Nüremberg.

Perón. Qué decir de él que no se haya dicho ya.

Comienzo por algo que he elaborado desde un sector político ajeno al peronismo (por esas cosas de la costumbre, la genética, o lo que fuere, no podré ser peronsita nunca, aunque lo quisiese): el aporte Perón ha sido positivo, desde su cariz inclusivo.

Más allá del respeto y por qué no, el cariño que siento por Víctor Hugo Morales desde la consideración que reconozco a la honradez con la que sobrelleva una profesión en la cual ese atributo es más que escaso, y sin haber leído la obra, no me seduce el método de analizar críticamente a Perón desde su opinión acerca de los juicios de Nüremberg, que ambos lo sabemos, merecen críticas análogas a las manifestadas por Perón.

Aunque no se me escapa que Morales al recuperar esa opinión propone el supuesto "nazismo" de Perón, hipótesis abonada por Georgie y Adolfo hace más de medio siglo y siempre reactualizada por escribas del piné de Hugo Gambini o Uki Goñi, caballero de simpático nombre, dicho sea de paso.

Perón no fue nazi. Cometemos un error conceptual al calificarlo así, más allá de que se lo rescate o censure. Parafraseando a Osvaldo Bayer (de imposibles simpatías nazis o totalitarias), Perón fue un militar mitrista. Y un mitrista no sería nazi ni en un millón de años.

Cierto es que coqueteó con ciertos elementos de esa fuerza que se desmantelaba cuando él empezaba a gobernar, con no menos avidez que los insospechados de nazismo Stalin y Truman, aunqe tal vez que Uki Goñi pueda proponer lo contrario.

López Rega.

Sobre el punto viene escribiendo José Pablo Feinmann domingo a domingo en Página/12 y me remitiría a él, tal vez para gambetear un juicio demasiado severo hacia Perón, que no quiero formular, para eludir un enfoque personalizado en la persona Perón, en línea tal vez, con la idea de David Viñas que plasmé en otra entrada.

Juan Perón no me interesa tanto desde el análisis psicológico de su persona (mucho se ha escrito sobre su padre, hermano, madre, Nelly Rivas, Archie Moore, Gina Lollobrigida, las chicas de la UES, los sombreros "Pochito", las motonetas, su próstata y López Rega y ese repertorio que seduce tanto al bueno de Gambini) sino sobre el significado y efectos de su obra.

Me quedo con la transformación social (que con otros argumentos podrá ser tachada de deformación) que significó su movimiento como bisagra del siglo XX y la íntima relación que aquel tuvo con la tradición popular y democrática, sí democrática, de nuestra Argentina, encarnada por todos, por Yrigoyen o por Alfonsín.

Con los matices propios de las épocas y sus mentores, en todos estos eslabones hay una pretensión, una voluntad, popular. Un afán -más o menos resulto- de contribuir a un esquema inclusivo desde lo político y/o lo social.

Georgie y Adolfo y en especial, quienes eran alentados por ellos, apostaron a un proyecto excluyente, cuya reverberación ha sido la última dictadura tejida, esbozada, en esos los años de apogeo del paradigma gorila.

Si bien, querido amigo, anotás con picardía que Lonardi, Rojas y Videla, eran nenes de pecho al lado de los acusados en Nüremberg (a quienes, reitero, Perón desde su crítica a ese juicio, no rescata), diré que eran (y soy injusto con Lonardi), la misma mierda, con distinto olor o para decirlo con menos vehemencia, no tuvieron la ocasión de perpetrar en esa escala, las atrocidades del nazismo, pero insisto, eran de la misma hechura.

Por otra parte ratifico el sentido de mis comentarios reivindicativo de los peronistas, del pueblo peronista, al cual -despojado de todo giro demagógico- tributo un sentido respeto, desde el sufrimiento que le fuera infligido.

Por fin, no obstante el cariño, la identificación y el rescate que siento hacia Raúl Alfonsín, ciertos "homenajes" bien que extemporáneos me hacen ruido. Dejo a salvo a Morales, infiero que él quiso bien a Raúl, pero los cagatinstas de "La Nación", los de "Clarín" (así definidos por el propio Gallego), lo despreciaron y lo desprecian.

Lo usan a Alfonsín, ahora que está muerto y ya no jode. Lo despreciaron en vida, apostaron a su fracaso, auspiciaron su claudicación.

Como a tanto radicalito que en estos días usan para exhibir en sus páginas y señales televisivas (el módico Gerardo Morales, por todos), para ensañarse con un gobierno que aunque de malo tenga muchísimo, se lo ataca por lo bueno o dicho de otro modo, por la continuación que en la tardición democrática y popular que menté, significa.

Te agradezco el aporte y la seguiremos, porque la entrada, creo que se ha extendido demasiado.

martes, 16 de febrero de 2010

Deben ser los gorilas, deben ser (sexta parte).


“En algunos momentos uno llegó a decir que la palabra que más usó, que más implementó en su vida, aparte de la de ‘mamá’, era ‘Perón’.
Es decir que, de una manera u otra, debemos asumir con esta perspectiva de años, nada menos que medio siglo, somos peronistas o no queremos serlo.
Pero que esa presencia, no tanto la cosa multitudinaria, no hablo de la masa peronista, sino de la figura de Perón; hablamos de la figura de Perón y probablemente nos encarnicemos, y esto dicho muy en primera persona, en la figura del teniente general Juan Domingo Perón, así como no nos encarnizamos de ninguna manera, no me encarnizo, en los sectores populares del peronismo, desde ya que no.
Ni vos ni yo podemos ser caracterizados de gorilas, sino de contreras, que es otra categoría.”

David Viñas, autor de la cita que transcribo extraída de un diálogo que sostuvo con Héctor Olivera a propósito de una edición en DVD de la película “El Jefe”, filmada sobre un cuento de su autoría, sintetiza de manera efectiva ciertas ideas que barrunto a medida que me interno en los entresijos del pensamiento del antiperonismo cultural, como he dado en llamarlo, o dicho con más propiedad, del “gorilismo”.

La razón de esta entrada hace pie en observaciones que queridos amigos me han hecho llegar con motivo de las intuiciones que he dejado caer al repasar las notas inquietantes que plasmó Bioy Casares en sus papeles íntimos y que configuran a mi modo de ver, sino un corpus ideológico, una declaración de principios de un sector eminente de la sociedad civil de mediados del siglo XX –con raigambre en una prédica sostenida y constante a lo largo de la centuria precedente- que si no ha servido de fundamento, ha servido de aliento para las experiencias violentamente excluyentes puestas en práctica durante aquella etapa histórica.

Los denominadores comunes que, sin esfuerzo, se desprenden de las opiniones consignadas en esos diarios con las ideas, y su consecuente exteriorización, encarnadas la etapa más sangrienta de nuestra historia reciente, dan pábulo a la hipótesis que trabajo que –con la ausencia de rigor que un ámbito como éste dispensa- en algún momento procuraré darle forma.

Demás está decirlo, pero de las impresiones de algunos muy queridos amigos infiero no haber sido claro en este punto, por lo que reitero que la crítica ácida, concluyente, categórica que tributo a esta corriente cultural no supone como contrapartida el rescate sin más a su anatema más visible (el peronismo) o de otras parejamente impugnadas por los amigos glosados y por quienes encarnarían esa propuesta desde 1955.
Se trata, simplemente, de advertir acerca de los orígenes de una tradición cultural cuya vigencia no creo que pueda ser válidamente desmentida y por añadidura de los riesgos que tal corriente acarrea, independientemente de su eficacia en la propuesta de oposición y alternativa al proyecto gobernante.

Porque, como dijo David Viñas (intelectual ineludible desde su honestidad y lucidez) una cosa es ser “contrera” o “no peronista” y otra es ser “gorila”, precisamente porque esa categoría supone no sólo el rechazo a la figura de Perón, sino de las masas populares que con fundamento lo acompañaron.

Desde luego, y como lo esbocé el “gorila” no desprecia solamente a la “masa popular peronista”, sino que deparará igual desdén hacia toda masa popular, sin desmedro del partido o movimiento al cual adscriba según la época.

Sin perjuicio de ello, y no obstante carezca de importancia, anoto que lo que se propone se completará cuando se evalúe en este ámbito al peronismo, no sólo porque contribuirá a esclarecer determinadas cuestiones que se esbozan, sino porque como es sabido, al tango se lo baila de a dos.

Sin pretensiones, tributo estos delirios a mi querido amigo Pato.

lunes, 15 de febrero de 2010

Deben ser los gorilas, deben ser (quinta parte).


Durante los meses que siguieron al golpe militar contra el gobierno de Arturo Illia, la amistad entre Bioy Casares y Borges comienza a deshilacharse.

Fuera por mutuo hartazgo o, lo más seguro, por la presencia en la vida de Borges de María Kodama, hacia quien su amigo proferirá agravios varios, lo que me permite inferir que en el tramo final de su existencia, supo ser una buena compañía para Borges.

Digresión al margen, este enfriamiento conspira contra la tarea emprendida: hay demasiadas omisiones ante hechos rotundos que se sucederán a partir de junio de 1966, no obstante la evocación emprendida por los amigos años después de acaecidos los hechos me ha permitido corroborar la intuición que albergaba acerca de los juicios que a los amigos, y en especial a Borges, le merecían.

Por caso, me defraudó tremendamente la ausencia de Bioy Casares de Buenos Aires en mayo de 1970, cuando el secuestro de Pedro E. Aramburu, me hubiera gustado leer las anotaciones de su amigo acerca de los temores de Borges al respecto; tampoco estuvo Bioy Casares en el país cuando la elección de Cámpora, aunque una cita consignada al descuido por Martino nos ofrece una nueva pauta de las precauciones que Borges tomaba respecto de su sustento. Siendo a esa fecha un autor internacionalmente reconocido, decide su renuncia a la dirección de la Biblioteca Nacional, recién en octubre de 1973, a pocos días de la asunción de Perón a su tercera presidencia, pero varios meses después del 25 de mayo de ese año, cuando el peronismo había vuelto al poder (confr. nota al pie de la pág. 1.467).

Ya hemos repasado en entradas anteriores la resistencia de Borges a abandonar ese cargo, que consideraba un título propio: detestaba con pasión a Frondizi, por lo que amagó con irse, pero tuvo la oportunidad de encontrar siempre la excusa oportuna para postergar esa salida en la expectativa de una caída del gobierno.

En 1971, gobierno militar de Alejandro Lanusse (a quien ambos amigos detestan) se le presenta la posibilidad del alejamiento que comentamos, advirtiéndose en este caso que es consciente Borges de su peso intelectual, incluso a nivel internacional, consignándose la siguiente cita, correspondiente al 1º de septiembre de ese año:

“Dice que Clemente, que venía de una reunión en la Dirección de Cultura, lo trató con cierta frialdad y que le parecía incómodo de estar con él: ‘sin duda, es un mal signo. Habrán resuelto desprenderse de mí. Yo no les voy a facilitar el trabajo. No voy a renunciar. Dejaré que me echen y que carguen con la impopularidad de la opinión que el hecho pueda traerles” (pág. 1402).

Continuando con el repaso cronológico que veníamos haciendo, no nos sorprende la adhesión de Borges al régimen militar de Onganía, aunque sí resulta llamativo su apoyo a la discutida intervención de esa dictadura en la Universidad de Buenos Aires, política coronada mediante el acto represivo conocido como la: “noche de los bastones largos”.

A pocos días de ese evento, Borges, profesor de “Literatura Inglesa” en la Universidad agredida por la dictadura, opina, refiriendo a un consejo de Esther Zemborain:

“’Dejá todo lo que tengas que hacer. Vení a almorzar conmigo. Tu situación en la Biblioteca está en peligro. Sólo te podés salvar si das tu adhesión al gobierno en este asunto de la Universidad’. Al principio, Esthercita tenía el plan de un manifiesto. Yo estaba de acuerdo: si lo firmaban varios profesores, yo lo firmaría. Sabés lo que pienso sobre la Universidad y el régimen tripartito. No era cuestión de que mi puesto en la Biblioteca estuviera en peligro… Era cuestión de que alguien saliera a defender al gobierno contra la mafia de los comunistas. Yo hubiera firmado si firmaban otros, pero salir solo, erigiéndome en juez de Israel, era un poco ridículo. Como si me pillara en serio. Ahora Esthercita me sale con ese peligro. Es raro, porque Onganía me mandó un edecán, para decirme que desea hablar conmigo. Yo no quiero decirle esto a Esthercita. Si la veo se lo voy a decir, porque soy muy flojo. Y si me echan ¿qué me importa? Además, si están decididos a echarme, porque haga una declaración así no voy a salvarme. Quedaré, nomás, como un adulón’” (págs. 1124/5).

Si bien hay cierta dignidad en la negativa a suscribir una adhesión a la dictadura, se evidencia simultáneamente que esa existía, no obstante los dilemas acerca de la rúbrica de un documento, en especial, habida cuenta el peligro que el comunismo enquistado en los ámbitos universitarios suponían, prédica idéntica al sector que encarnaba esa trágica experiencia.

Más adelante las reflexiones acerca de la política cotidiana van diluyéndose, relajación que admite –al margen de las disquisiciones literarias que desde luego campean a lo largo de los diálogos- el desarrollo de esa pulsión que Borges a la par de su antiperonismo, supo cultivar: el racismo desde un desprecio categórico a las personas de raza negra.

Habíamos leído que a poco del derrocamiento de Arturo Illia, los amigos discurrían acerca de las complejidades que atravesaban los Estados Unidos a causa del relajamiento de las leyes racistas, aliviándose al respecto dado que en la Argentina ese problema no existía, precisamente porque no había negros, aunque Borges advirtiera que los radicales eran “nuestros negros honoris causa”.

En una cita de 1967 se explaya sobre el “problema” de los negros, remontándose etapas históricas remotas. Consigna Bioy Casares que su amigo:

“Afirma que la desdicha de América proviene de la estupidez del padre Las Casas: ‘para salvar a los indios, trajo a los negros. Bien intencionado, pero obtuso. Creo que en México la única estatua a un español que hay es el padre Las Casas. Qué animales. Un pariente mío, en el Uruguay, está consagrado a exaltar la tradición y la sangre charrúa… Le escribí para decirle que la suerte de estas regiones era que ya no quedaban indios, y que apenas quedaban negros.” (pág. 1163).

Con más contundencia, propondría el 5 de enero de 1969:

“Yo soy racista. Les tomaría la palabra y veríamos quién gana. Limpiaría los Estados Unidos de negros y si se descuidan me correría hasta el Brasil. Si no acaban con los negros, les van a convertir el país en África” (pág. 1.263), juicio que ratificaría el 12 de noviembre de 1971:

“Me preguntaron si me gustaba el Brasil. Les dije que no, porque era un país lleno de negros. Eso no les gustó nada. No se puede decir nada contra los negros. El único mérito que tienen es el de haber sido maltratados y eso, como observó Bernard Shaw, no es un mérito” (pág. 1.423) y en enero de 1974: “Periodistas vinieron a verme para preguntarme su yo había dicho en broma que los negros eran una raza inferior. ¿Nunca vieron un negro?” (pág. 1.474).

A su vez, también se han reseñado sus juicios acerca de la necesidad y provecho para los artistas de la censura, cuestión sobre la que Borges vuelve al comentar con su amigo las alternativas que rodearon la prohibición de la obra: “Bomarzo”, de Manuel Mujica Láinez, que en versión de Alberto Ginastera se presentaba en el Teatro Colón:

“Yo no voy a hacer nada porque soy amigo de Manucho y no quiero atacarlo; pero si ponen mi nombre en una protesta contra la prohibición, voy a quejarme, voy a escribir una carta a La Nación: tengo derecho a defenderme. Soy partidario de la censura. Creo que hay cosas que no deben publicarse. Creo que la censura es un estímulo para los escritores. Sin censura no existiría la ironía de Gibbon ni la de Voltaire.” Acota Bioy que ante su silencio, pregunta Borges: “¿Creés que es una idea demasiado pérfida?” (Nota del 26 de julio de 1967, pag. 1.202).

Previsiblemente, ambos se espantan con la inminente vuelta de Perón y del peronismo, reafirmando su desdén –anche desprecio- a toda posible vía electoral como salida al gobierno militar que encarnaba entonces, Alejandro Lanusse, a quien, como anotamos, despreciaban.

Así, ante el discurso que aquél diera en julio de 1972 durante la cena de camaradería de las Fuerzas Armadas, cuando apostrofó que a Perón “no le daba el cuero” para volver al país, además de explayarse generosamente acerca de las elecciones que se celebrarían en marzo de 1973. Anota Bioy que preguntó a su amigo respecto de ese temperamento:

“Borges: ‘mañana podemos despertar con la noticia de que Perón está de vuelta. ¿Por qué Lanusse obra así? ¿Por vanidad, como Roque Sáenz Peña? ¿Por cobardía personal, para salvarse él, aunque todos los demás revienten? Tampoco se va a salvar. Cuando Uriburu, después de la revolución del 6 de septiembre anuló las elecciones que ganaron los radicales, creí que obraba mal: obraba bien, obraba decentemente. Si no, ¿para qué había hecho la revolución? ¿Para qué había puesto vidas en peligro y alterado la normalidad constitucional su no estaba dispuesto a imponer sus condiciones? Es un disparate la democracia. Nadie cree que el pueblo sepa cuál es el mejor matemático o el mejor biólogo. ¿Por qué va a saber quién puede gobernarlo mejor? La superstición por la democracia, por las elecciones, por cualquier idea, no se puede llevar a extremos que hagan concretamente infelices a millones de personas. Si Perón vuelve al gobierno, en este país vamos a sufrir de verdad, habrá torturas y muertes, a más de corrupción y de la estupidez. Hay que ser muy inconsciente, o muy pedante, para traer todo eso por el simple afán de llamar a elecciones.”

La cita aunque extensa, seguirá, porque da cuenta (como según creo las que vienen consignándose en las entregas compartidas) del ideario de Borges.

Y en este sentido, destaco que la necesidad de desentrañar esas reflexiones, aunque apresuradas e íntimas, ilustran sobre ese ideario no ya conservador, sino reaccionario, radica hace pie en el evidente ascendiente de Borges sobre los grupos de interés que durante los años que se repasan y más adelante, combatían los síntomas de “estupidez” que aquel consignaba como tales, que no se circunscribían al peronismo o al comunismo, sino también a toda expresión popular o democrática, porque como hemos corroborado, las culpas de la decadencia denunciada por Borges incluía al radicalismo y había comenzado en ocasión de implantarse la ley de voto secreto, universal masculino y obligatorio.

“Roque Sáenz Peña ha sido una calamidad. A Rojas le dijeron que se podría hacer una revolución y que lo pondrían a él en el gobierno. Los disuadió. Basta de revoluciones. Él también quiere democracia. Todos son idiotas. No hay nada que hacer. Lanusse ha recuperado el manejo de la situación. Tal vez, por un minuto, por el tiempo necesario para desbarrancarnos por el precipicio” (págs. 1.451/2).

Comentarán más adelante, ante el eventual triunfo peronista de marzo de 1973, la necesidad del exilio, el inicio de una época nada halagüeña (pp. 1.461 y 1.462), aunque en las anotaciones que siguen fruto de el distanciamiento anotado entre ambos, poco o nada se anota acerca de la experiencia de los gobiernos peronistas entre 1973 y 1976.

Sin embargo, el cariz antidemocrático de Borges se profundiza aún avanzada la última dictadura militar. Opina en agosto de 1980, cuando evoca un disfraz que lució durante un lejano Carnaval:

“Pensar que la vida consiste en cometer errores y salir de ellos. Un error tan absurdo como el de creerme lindísimo con mi disfraz de diablo es el de haberme hecho ultraísta y después el de afiliarme al partido radical: éste fue el peor de todos” (pág. 1.541) y en agosto de 1982 reeditará su rechazo a la salida electoral, consigna Bioy que su amigo: “No insiste tanto en su odio contra el gobierno. ‘Las elecciones son lo peor de todo –asegura-. Si lo único que puede evitarlas es el golpe de Estado, que venga el golpe de Estado. Las elecciones son la vuelta al peronismo” (pág. 1.572)

Producidas esas temidas elecciones y ante el triunfo de Alfonsín, de alguna manera se alivia (pág. 1.581) y nada queda para anotar de acuerdo con el propósito de estudiar la esencia íntima del pensamiento político de los amigos Borges y Bioy.

Para perfeccionar alguna idea –de torpeza asegurada- propondré la relación de lo que venimos direccionando, con algunas de sus publicaciones que resumen mucho de lo que se ha venido escribiendo: “La fiesta de monstruo” (de mutua autoría); “L’illusion comique” y “El simulacro”, ambos de Borges.

martes, 9 de febrero de 2010

El Dr. Nelson y la carroza.


Anoche, en el elegante estudio del que se emite “Telenoche”, Santo Biasatti y María Santillán entrevistaron al colega y conmilitón por la libertad de expresión en el canal de Misia Ernestina, el Dr. Nelson Castro.

Con su afectado y preciso discurso que se le conoce desde hace años desde los tiempos en los cuales dejó su profesión –el hombre es médico- para dedicarse al periodismo, con un éxito que nunca acabé de comprender, sino a través de la mojigatería que le atribuyo a las clases medias argentinas y, permítaseme el giro políticamente incorrecto, féminas en particular.

Es que Nelson, el Dr. Nelson apela al televidente o radioescuha (hoy ando moderno, como se verá) interpelando a un par: denuncia las injusticias del “poder” sobre indefensos ciudadanos como él que padecen de ese abuso. Su discurso –desde que tengo memoria- es lineal, ningún político se ha salvado de las dentelladas precisas del Dr. Nelson, puesto que sabido es, el poder se constituye exclusivamente por políticos.

Anoche, decía, el Dr. Nelson respondía las insistentes preguntas de los conductores –en especial las de Santillán- orientadas a establecer los daños irreversibles sobre la salud de Néstor Kirchner a causa del evento sufrido durante el domingo pasado.

Se floreó el Dr. Nelson, haciendo gala de su conocimiento en la materia, que ha merecido la producción de un trabajo tan vendido en las librerías porteñas, como (injustamente) ignorado en ámbitos a los que recurren los colegas del ahora periodista, al establecer que Néstor Kirchner padecía una enfermedad de raíz psiquiátrica nacida de la “omnipotencia” del poder.

Muchos periodistas de ese medio consultaron a propios y extraños acerca de las particularidades de la operación a la que fue sometida el ex Presidente y a las secuelas que eventualmente padecería el paciente, incluso al mismo médico que lo operó, entrevistado por una rubiecita que reemplaza por TN a Lapegüe durante los fines de semana, cuando descansa de hacer tantos amigos.

La rubiecita que reemplaza a Lapegüe durante esa entrevista, llegó a molestar al médico, ante tantas preguntas y repreguntas acerca de la evolución de Kirchner, pormenores de su operación y las eventuales secuelas, pronunciadas no sólo con morbosa curiosidad, sino liso y llano deseo.

Para mi defraudación ni TN ni Canal 13 dijeron nada sobre el listado publicado por el diario: “Miradas al Sur” el pasado domingo, en particular respecto de las operaciones realizadas por el Dr. Nelson durante 2008 por la suma de $ 1.700.000, réditos alcanzados mediante su actual oficio que comprensiblemente mucho pesaron para que abandonase el sacerdocio que su profesión le deparase, hace no tanto tiempo, en las instalaciones del Santojanni.

Por lo pronto seguirá militando en Pro de la libertad en la trinchera de la libertad de expresión del bracete de otros héroes denodados contra el omnímodo poder de los psicóticos y en consecuencia esperando que la carroza llegue de una puta vez para felicidad de la Patria.

sábado, 6 de febrero de 2010

El Clarín, estridente sonó. Y sigue esperando la carroza.


Decía, en mi entrada anterior, mientras sigo hurtándole el tiempo a mis delirios acerca del origen antiperonismo cultural por medio del estudio de los papeles privados de Adolfo Bioy Casares; que viendo TN me había enterado de la conferencia de prensa que la Presidenta ofreciera días pasados en la Casa de Gobierno.

En esa oportunidad, entre otros temas, Cristina Fernández había echado leña al fuego de la lucha que libra su administración con el multimedio “Clarín”, subiendo la apuesta al punto de referir ciertos problemas judiciales que empinados directivos de ese conglomerado (incluso su mandamás) vienen enfrentando a causa de enjuagues financieros varios.

Al día siguiente Cristina sostuvo, que las puntuales referencias realizadas habían sido censuradas por ese medio, de lo cual puedo dar fe: como dije antes, en el segmento del querible Lapegüe nada me enteré respecto de tales denuncias, de las que tuve noticia al día siguiente por medio de la prensa gráfica.

Puesto a ser muy preciso, destaco que “TN” al emitir un resumen de la rueda de prensa durante la cual la Presidenta confrontó con un empleado de ese medio (lo que sí fue reflejado ) no consignó las referencias presidenciales a litigios judiciales ni los nombres propios consignados, aunque difundió en la voz de Lapegüe, un comunicado de “Artear” (eso creo recordar), mediante el cual se desmentían las “acusaciones de la Presidenta” a directivos del multimedio, particularidad que, insisto, no había sido reseñada en tal resumen.

En la edición del diario “Clarín” del sábado 6 de febrero, luce una nota que anuncia un “traspié” de Cristina Fernández, por cuanto como ya se dijo, había aludido a una edición o censura que no se había verificado en “TN” que emitiera la conferencia de prensa sin omisiones, contrariamente a lo sucedido en el canal 7 (escrito así, en minúsculas) a causa del inicio del clásico platense entre pinchas y triperos (ver: http://www.clarin.com/diario/2010/02/06/um/m-02134794.htm).

La mala leche de la nota es patente, además, desde la foto que la ilustra: el gesto de la Presidenta, la posición del micrófono, la vocalización que empleaba entonces, invitan a la chusca chabacana; los ojos cerrados, sugieren una ceguera en ella, artilugio, aunque difundido en los medios de muchos años a esta parte, aparecen en este caso y ante esta coyuntura, como un agravio demasiado subido de tono.

La mano viene espesa con los muchachos de Clarín, de eso ya no cabe duda.

Supieron ser más sutiles, o siguen siéndolo incluso, cuando para editorializar desde una imagen, proponen los dibujos insuperables en su agudeza y brillantez, del Maestro Menchi Sábat, quien supo –inolvidablemente- provocar una (desmesurada e injusta) furia presidenciales, no hace tanto tiempo.

A su vez, no pierden la ocasión de sangrar por la herida, cuando consignan la interrupción de la conferencia de prensa por parte del canal estatal ante el inicio de un partido de fútbol, privilegio que hasta el año pasado monopolizaba una empresa del grupo, una de las tantas cuitas que ese multimedio quiere cobrarse.

Hay insidia a su vez, cuando de la nota se desprende que: “¿En qué país del mundo la televisión (privada o estatal) está obligada a transmitir todas las actividades del presidente? ¿Acaso no existe la Cadena Nacional -de la que la presidenta suele disponer indiscriminadamente- para que su voz y su imagen pueda verse en todos los canales, incluso Canal 7?", ostensible remisión a la rescisión por parte de Hugo Chávez de una licencia a una señal televisiva, precisamente, por no emitir completos sus discursos; solapada amenaza de un (inexistente) riesgo que se evidenciaría al ponerse en práctica la ley de medios audiovisuales.

Son pocos los casos mediante los cuales uno ratifica su temperamento de apoyo a ese proyecto, ahora convertido en ley, desde una manipulación informativa artera y temeraria.

Así viene la mano: suena estridente el Clarín y con poco disimulo ansía que de una vez, llegue la carroza.

jueves, 4 de febrero de 2010

Esperando la carroza.


Aunque encuentro pocas personas en la televisión más irritantes (lo que es mucho decir) desde una idiotez expuesta sin disimulo (ídem anterior) que Sergio Lapegüe, por esos designios del Señor, vi ayer el segmento que conduce por TN.

En realidad, como dijera don David Viñas “hacía nuca” a la tele, porque me hallaba inmerso en mi reciente pulsión blogger.

Lapegüe, entre reclamos a la audiencia para que no lo abandonase, considerándonos su “amigo”, mío a su vez, dado que recibía ese mensaje entre imbécil y patético, presentó la nota correspondiente a la conferencia de prensa que había ofrecido la Presidenta a despecho de una costumbre anterior, refractaria de tales eventos.

El motivo central de la rueda era transmitir la designación de Mercedes Marcó del Pont al frente del Banco Central de la República Argentina, en reemplazo del destituido Hernán Pérez.

Cierto es que comparto con unos cuantos, disiento con tantos otros, un sentimiento de plácida satisfacción con esa designación, desde una propuesta, y por cierto una ideología, más acordes con los tiempos que corren en términos de política económica, de los cuales participo con entusiasmo, ratificado desde el aval categórico que a su designación le confirió una de las personas que más considero en la materia: don Aldo Ferrer.

Hasta la figura de la propia funcionaria me resulta agradable; su perfil republicano, una belleza armónica, sin ser despampanante, su sonrisa de una frescura tan alejada de la construida por personajes como el destituido Pérez, a quien recuerdo sonriente ante las cámaras de televisión durante estas semanas de tantas idas y venidas, bajo 40 grados de sensación térmica, circunstancia esta sola, que habilita a encontrar en esa risa, una mueca prefabricada.

La Presidenta, decía, había convocado la rueda de prensa para dar esa noticia, aunque algunos periodistas le preguntaron acerca de la opinión que le había merecido el temperamento del Ing. Cleto en el seno de la Comisión Bilateral que se pronunciara por la eyección de Pérez del central, esta vez, según se vea, en sintonía con el gobierno cuyo proyecto había decidido abandonar a partir de una madrugada de julio de 2008.

Nada dijo al respecto la Presidenta, pero quien sí abundó sobre el punto fue el republicano y recientemente laureado “mejor periodista del año” por un autorizado Jurado convocado por la dirección de la revista “Noticias”. Aludo a quien denodadamente lunes a lunes desciende de su altura al llano de los mortales: don Joaquín Morales Solá.

Esa personalidad impar escribió en la fecha una columna en el diario “La Nación”: “Cobos, la inesperada ayuda para el modelo”, mediante la cual elaboró nuevas diatribas contra el gobierno nacional –como viene haciéndolo de un tiempo a esta parte, a diario- a caballo de una argumentación impregnada de capricho y ponzoña, a veces incluso, incongruente.

Mis opiniones acerca del “mejor periodista del año” laureado con ese homenaje emanado de una Junta de Notables integrada, entre otros, por la inolvidable bailarina de suerte esquiva en la troupe de Marce Tinelli, doña Nina Peloso de Castels; aparecen naturalmente desechables.

Menté a Lapegüe –que algún votito habrá cosechado en esa compulsa como el “mejor periodista del año” y aunque no lo alcanzó viene haciendo muchos méritos para serlo en breve- impostaba la voz, callaba juicios, (mal) disimulaba la risa, cuando desde el canal donde se lo emplea, se hizo referencia a la denuncia categórica que hiciera la Presidenta al ser consultada respecto de la compra de dos millones de dólares que hiciese su marido en 2008, precisamente, por un periodista del diario “Clarín”.

Fiel a su estilo, la Presidenta tiró a matar, acentuando un conflicto del cual unos cuantos coletazos se harán sentir a lo largo de este 2010 que apenas despunta, aunque estaba lo suficientemente enojada como para cometer la boutade de comparar esa adquisición de moneda extranjera –de esa suma- con una operación por la compra de un departamento de… un ambiente.

La Presidenta a su vez -de esto pude enterarme al día siguiente- enumeró una serie de importantes empresarios de ese multimedio que habrían hecho diferencias económicas con operaciones más importantes que la llevada a cabo por Néstor Kirchner, sólo que (como lo anticipé) no pude enterarme de ello en el segmento de Lapegüe, dado que los dichos de la Presidenta fueron sometidos a una prolija edición que obvió tales referencias.

Lo cierto es que pegó donde duele y dijo algo innegable (más allá de las recriminaciones que personalmente prodigo al ex Presidente Kirchner a causa de su pulsión por el dinero, que tanto daño le hacen al proyecto de su sector y al gobierno de su esposa) como fuere, esa operación había sido declarada por aquél en su declaración jurada, ante la AFIP y la Oficina Anticorrupción, temperamento bien distinto de otros dirigentes políticos y de otros ámbitos que lo ocultan.

“En este país no es fácil vivir en blanco”, amenazó la presidenta Fernández.

Algo (mucho) de razón tiene, por caso: ¿alguien se sorprendería ante una operación similar por parte de ese empresario afecto al reaggetón: “La vecinita tiene antojo”, don Francisco De Narváez? Por cierto que la pregunta es retórica, dado que se supo que construyó su riqueza desde muchas operaciones de esa especie, bien que disimuladas por su contador, particularidad que confió al director de la citada revista “Noticias”, en un sonado reportaje.

Al repasar esas y otras notas salientes de la conferencia de prensa, “Página/12” destacó que la Presidenta había aprovechado la ocasión –y a su vez, distender el clima de la rueda-, felicitando a realizadores e intérpretes de la película: “El secreto de sus ojos”, a raíz de la nominación al Oscar conocida ayer, como “mejor película extranjera”.

Tal como lo hiciera en otra oportunidad, resaltó su afición al cine, animándose a calificar la película como “una de las que más me gustó”, junto con el grotesco de Alejandro Doria, la inolvidable: “Esperando la carroza”.

Creo que admiradores y detractores de Cristina Fernández debemos reconocerle la espontaneidad, la frescura de comentarios de esa especie: lejos de identificarse con alguna propuesta que supondría su mirada refinada en la materia (como “La mujer sin cabeza”, de la Martel o “El otro”, de Rotter) optó por una producción en ese terreno, menor.

Algo parecido había hecho al promover el fallido “tren bala” entre Buenos Aires y Córdoba, al evocar un pastiche pochoclero norteamericano del tipo de: “Sintonía de amor”, cuando aludió a una escena que se jugaba en un tren de características similares que el prometido.

Lo concreto, digresión al margen, es que una vez más, el kirchnerismo ante un escenario que se supone difícil para sus pretensiones, dobla la apuesta al designar una funcionaria acorde con una propuesta económica declamada, aunque no siempre llevada a cabo, sin los remilgos de otros tiempos en los cuales se procuraba contentar a grupos de interés que no confiaban, ni confiarían en tal proyecto y sus mentores.

En tanto, muchos de esos intereses al acecho, seguirán esperando la carroza.

martes, 2 de febrero de 2010

Hoy te evoco emocionado, mi divina Margarita,




Hoy te añoro en mis recuerdos, ¡oh, mi dulce inspiración!
Soy tu Armando, el que te clama, mi sedosa muñequita,
El que te llora... el que reza, embargado de emoción.


El introito, corresponde al tango Margarita Gauthier cuya letra es de Julio Jorge Nelson, un autor meloso, insoportable, apodado: “la viuda de Gardel”, a causa de la consagración que hiciera de la figura de El Mudo poco después de su muerte.

La música, de Joaquín Mora, es muy superior a la letra perpetrada por Nelson. Lo que se leyó admitiría obviar otros tramos, para dar cuenta de la medianía de la poesía del tango, aunque a poco de esa introducción, todo empeora:

El idilio que se ha roto me ha robado paz y calma.
Y la muerte ha profanado la virtud de nuestro amor.
¡Para qué quiero la vida!... si mi alma destrozada
Sufre una angustia suprema... vive este cruento dolor.


Más adelante habla de hinojos, de tumbas, y demás patetismos.

No me gusta la letra, por cierto, menos aún, Nelson.

Será porque don Antonio Carrizo le atribuyó una de las infamias más abominables llevadas a cabo en el mundo del tango: ha sido Nelson (por celos, por interés) quien le esparció la versión de que el gran Maestro Carlos Di Sarli era yeta, estigma que lo persiguió hasta su muerte. Y sigue estigmatizando su recuerdo.

Ayer, por la noche, agobiado de calor, me entregué a la televisión, oportunidad en la que pude ver en un canal de cable a la diputada Margarita Stolbizer, entrevistada por el agudo y robusto periodista, Charly Fernández.

Recuerdo a la Margarita diputada durante el epílogo del menemato, era impetuosa, bichoca, aguda, por lo menos eso dejaba ver en el set de algún programa del estilo del Dr. Mariano Grondona.

Más adelante la voté como candidata a gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, en 2003, oportunidad en la que hizo una gran elección que la posicionó como una referente importante del radicalismo entonces, en ruinas.

Presidió el Comité de ese distrito y en 2005 no supo imponer su candidatura a Senadora Nacional (que recayó en Luis Brandoni) y se fue del partido de Alem.

Intentó ser gobernadora una vez más en 2007, en el seno de la Coalición Cívica, siendo derrotada a manos de Daniel Scioli y en las últimas elecciones encabezó la lista de candidatos a diputados nacionales, secundada por Ricardo Alfonsín con los colores del “Acuerdo Cívico y Social”, bajo el madrinazgo, según se hizo ver de la Dra. Elisa Carrió.

Poco duró esa relación, por diferencias que atribuyen a las miradas que ambas tributan a Cleto Cobos –amable, en el caso de Stolbizer; imposible, para Carrió- se separaron.

Y Margarita preside por estos días el bloque del “G.E.N.”, agrupación que fundase luego de su partida del Radicalismo, por fuera del ACyS.

Y anoche, como contaba, entrevistada por Fernández, habló del Vicepresidente.

Se condolió de su suerte. De los maltratos que recibía, de no ser atendido por los Ministros.

Tiene razón. Debe andar pasándola mal el Ing. Cleto. No dijo que antes de esos desaires que tanto herían a un hombre de lealtades sin tachas fue él quien voluntariamente se apartó del proyecto con el que había comulgado en 2007 y, tal vez por razones de buen gusto, obvió recordar las consideraciones que a ella le merecía el candidato “K” Cleto Cobos en el remotísimo 2007.

Nada dijo tampoco, acerca de esa alquimia que supone que ese hombre sensible y dolorido venga orquestando un proyecto opositor desde la Vicepresidencia de la República.

Se condolió del Ing. Cleto y me convenció, debe estar pasándolo mal en medio de un gobierno que ya no es el suyo.

Por lo cual, haciéndome eco de la Dra. Stolbizer y aún cuando ella ni siquiera lo insinuara, por el bien del Ing. Cleto y del país, viene imponiéndose una profiláctica renuncia a tantas incomodidades.

Deben ser los gorilas, deben ser. (Cuarta parte)


Llegamos a las vísperas de la elección que consagró a Arturo Illia como presidente de la Nación y como ya se repasara, son tiempos en los cuales los amigos endurecen sus posturas políticas: de un antiperonismo extranjerizante, forzadamente liberal, mutan a la reacción.

Es notorio el cinismo de Bioy Casares. Las manifestaciones brutales que se van a leer, las pone casi siempre en boca de Borges, a quien no contradice, presumiéndose su adhesión, aunque nunca es el glosador quien las profiere.

La cita del 5 de agosto de 1962 resulta elocuente respecto de lo que se dijo:

“Come en casa Borges. Dice ‘Yo soy partidario de la censura. Cuando hay censura la literatura es más viril, más sutil, más decantada. Esta es la interpretación de la censura como un estilo, como calzado que nos aprieta, nos incomoda, nos obliga a marchar derechos, a ser más correctos y más vigorosos. Pasa por alto las dificultades que supone la persona del censor; las injusticias que determina; las odiosas arbitrariedades y los abusos. En Borges gravita un secreto rencor contra la obscenidad. Dice también: ‘ahora en este país se peca por exceso de libertad. ¿Cómo pueden los peronistas, los comunistas decir lo que se les da la gana? ¿Los de la CGT opinan contra la representación proporcional? ¿Qué entienden de sistemas electorales tamaños brutos? ¿Por qué no opinan también sobre la ley de relatividad? Si hubiera un poco de buen sentido, bastaría que hubieran dado esa opinión para disolverlos’ (págs. 802/3).

Aunque no haga falta, resalto de la cita que acabo de transcribir las siguientes ideas-fuerza que Borges irá acentuando con el paso de los años: la censura es válida e incluso, necesaria; se peca de libertad al permitirle la voz a peronistas y comunistas; los sindicalistas por brutos no tienen aptitud para discutir cuestiones para las cuales no están preparados; postula la disolución de peronistas, comunistas y sindicalistas, si es que privara el buen sentido.

En el marco de una nueva charla acerca de las chirinadas patéticas entre militares denominados “azules” y “colorados”, se quejarán los amigos, según mi opinión, mediante reflexiones que vale la pena repasar.

Un Borges vehemente (el mismo que admitió que renunciaría si se lo pediría un bombero) reclama coraje a los militares argentinos, protagonistas de un evento que califica de brasileirada: “El clamor de la gente es las madres: ‘¡Que mueran esos muchachos jóvenes!’ Bueno, si todavía fuesen inmortales. Pero la opción es morir enfermo en un hospital. En cuanto a los muchachos que murieron jóvenes y madres desconsoladas, por qué no piensan en los norteamericanos peleando contra los japoneses y los alemanes, muriendo a montones para salvar al resto del mundo’. Bioy: ‘Y todavía hemos de creer que somos mejores y más valientes que los norteamericanos. ¿Qué nos pasó? No nos queda ningún impulso generoso, ningún heroísmo’”.

Se consuelan recurriendo al pasado, resumiendo una “lista de excelencias argentinas”: “la Guerra de la Independencia, las guerras civiles, Sarmiento, los unitarios, las páginas de Ascasubi, el Martín Fierro, el dulce de leche, el choclo, algunos tangos y milongas, el poncho de vicuña, el pejerrey (yo, el zapallo), el caballo criollo, la Revolución Libertadora, el truco. Entre las cosas peores: Rosas, Perón y los peronistas, los nacionalistas, algunos tangos (…) En cuanto a Yrigoyen y los radicales (consigna Bioy), por cortesía no se los nombro: en algún tiempo Borges creyó en ellos” (págs. 814/5).

Se aproximan las elecciones y Borges, según lo anticipado se inscribe en el partido Demócrata Conservador, que define como: “un partido liberal, quizá el único. Es claro que el país, arruinado y dividido como está necesita más que nunca un gran gobierno; pero ante el peligro peronista no tiene tiempo ni ocasión para grandes exigencias. Hay que votar por los conservadores. Al fin y al cabo los momentos de mayor grandeza que tuvo el país fueron siempre bajo gobiernos conservadores, yo les dije: ‘ustedes son el único partido razonable. Napoleón estaba en contra de los ideólogos. Ustedes lo son’”. Remata el comentario con una lucidez que corresponde reconocerle: “estudio inglés antiguo, escribo versos medidos y rimados, me gustan los films norteamericanos, estoy inscripto en el partido conservador: soy un viejo de mierda, estoy perdido” (págs. 917/8).

Se entusiasman con el inicio del gobierno de Illia, quien representaba el partido de Balbín y de alguna manera suponían (infiero) que se rescatarían los valores de la Libertadora. Motivos no les faltaban, el Dr. Alconada Aramburú, que fuera ministro del Interior de Aramburu y Miguel Zavala Ortiz (ideólogo de la “gesta libertadora” de la Marina contra Perón en junio de 1955) integraban el gabinete del nuevo presidente.

Sin embargo, a poco de andar el gobierno se desencantan.

Les preocupaba un nuevo fenómeno, que no sólo se sumaba a sus temidos peronismo y comunismo, sino que era más inquietante aún: el terrorismo.

En junio de 1964, departen acerca de la aventura del “Ejército Guerrillero del Pueblo”, al mando de Jorge Masetti, en el norte del país, que se supo más tarde se proponía como una avanzada de la intentada por Ernesto Guevara en Bolivia, que ocurriría tres años más tarde. La Gendarmería, reprimió con dureza al foco guerrillero, estando su líder a la fecha, desaparecido.

Los amigos se ocupan del tema, luego de despotricar a gusto contra el gobierno.

Opina Borges acerca de los muertos en el contexto señalado arriba, mediante el desarrollo de hipótesis que se escucharían demasiados en los años por venir: “lo de estudiantes muertos es mentira. No se sabe como murieron: si fusilados por sus camaradas o en acción. En todo caso no murieron por estudiantes sino por guerrilleros. Hay gente que tiene esa idea absurda de que hay profesiones que son como un salvoconducto (…). La gente tiene un matete en la cabeza. Esos muertos, si los hubo, murieron tanto como estudiantes como si hubieran cruzado la calle y los matara un automóvil. Murieron quizá como guerrilleros, quizá como traidores. Menos como estudiantes que como políticos, que como seres humanos, que como mamíferos, que como vertebrados.” (pág. 1029).

A dos meses de esa cita siniestra, Borges sube la apuesta, en este caso contra los radicales a quienes irá denostando cada vez con más ímpetu a la vez que se acentúan en él un racismo desembozado, denigrante y bobo.

“Sábado, 14 de agosto: Hablamos con Borges de los negros de los Estados Unidos: de cómo donde hay negros y blancos ahora se suscitan situaciones desagradables y de que pasará bastante tiempo hasta que la convivencia fluya sin prevenciones. Bioy: ‘por todo esto en medio de nuestras dificultades, es una suerte que no haya negros en la Argentina’. Borges: ‘están los radicales, que son nuestros negros honoris causa’” (pág. 1074).

En septiembre de 1965, Borges visita a un referente suyo, el Alte. Rojas, no obstante su color de piel le había generado en el pasado alguna desconfianza: “El almirante Rojas recibió a Borges. Habló un rato de bueyes perdidos y después dejó caer un consejo para un próximo discurso de Borges en homenaje a la Revolución Libertadora. ‘No diga nada que dé asidero para que los revolucionarios de ahora, para los golpistas contra el gobierno’. Le explicó que Illia es comunista (¡¡!!); que Onganía lo sabe y que está dispuesto a salirle al paso, que según sea el gobierno de Onganía, él (Rojas) le prestará apoyo o no; que Onganía es un cuartelero honesto y que probablemente haga el mismo papel que el general Rawson el 4 de junio de 1943: dar un golpe para que otro se quede con el gobierno; ese otro sería un ideólogo, apoyado por Rusia. Con él ya tendríamos el comunismo en la Argentina. Por último habló de un asunto serio –ficticiamente- le preguntó por el estado de la Universidad, sin mayor interés, porque estaba ya informado” (págs. 1076/7).

Illia y Onganía, comunistas.

Llega junio de 1966 y al bolche de Arturo Illia lo derroca, en efecto, el bolche Onganía.

Consigna Bioy: “ante el golpe contra Illia, los Borges dicen: ‘Viva la Patria’” (pág. 1111).