domingo, 11 de noviembre de 2012

8-N

No iba a escribir sobre política, me lo prometí pero no puedo conmigo y en este espacio de cosas tan de uno, las comparto con gente querida.

Aludo al 8-N, así denominado por ciertos sectores que se agobian y agobian con esas nomenclaturas que uno rechaza, pero a la que echamos manos para entendernos; sino diremos que aludimos a una movilización de proporciones que se manifestó en la ciudad de Buenos Aires (desconozco si en otros lares hubo eco, presumiría que sí) para protestar contra el Gobierno.

Porque no hay una propuesta única, siquiera clara en torno a quienes se manifestaron (masivamente, reitero) esa noche de jueves de calor agobiante en la que regresaba a Buenos Aires desde la Provincia en la que ando radicado.

Están en contra del Gobierno, eso es claro y por razones diversas (estilo, inseguridad, inflación, acceso al dólar, estilo presidencial, autoritarismo, populismo gobernante, etc.) sin anclaje en ninguna propuesta puntual: nadie puede arrogarse esa representatividad, aunque pareciera que si surgiese un candidato o una alternativa con chances de reemplazar a Cristina o al kirchnerismo en el (lejanísimo) 2015, se encolumnarían -el grueso de ellos detrás-.

Digamos, para arribar a una primera conclusión que, como ya se ha dicho, lo que demostró la marcha y su desarrollo es que, precisamente, falta de libertades, no hay. Sobran libertades, lo que es bienvenido y aunque sea evidente vale la pena subrayarlo e inferir que muchos de los que decían "sentir miedo" hasta el jueves pasado han de haberlo perdido.

Fue un ejercicio democrático (más allá de eventos deleznables a cargo de sujetos deleznables) que no empañan un comportamiento general que debe celebrarse desde la masividad que comentábamos, aunque anotemos (nada malo hay en ello) que fue socialmente monocolor: como dice mi entrañable compañero Espeche -en quien pienso al escribir, en Isidro Casanova (y tantísimos otros lares) el 8-N no le movió el pelo a nadie.

Escribimos desde donde escribimos, convencidos del acompañamiento (hasta el último segundo, del último minuto, del último día) y ello me compromete a advertir mi discrepancia con la reacción primera de Cristina al día siguiente, cuando dijo -resumiendo su discurso- que el problema no era de ella sino de la oposición.

Disentimos con la querida Presidenta: el problema es de la oposición pero, como todo en estas pampas feraces, también de ella y de su proyecto. Del sistema de gobierno democrático.

Porque la mayoría de esos cientos de miles (y otros tantos que no salieron) siguen anclados en 2001. En el "que se vayan todos", esquema mayoritario en ese tiempo aciago, resuelto para tantísimos que encontramos a partir de mayo de 2003 un espacio político a partir del cual volver a encontrarle sentido a la cosa pública. A sentirnos representados, defendidos incluso, por los gobernantes que lo hacen por nuestro interés, por el interés general.

Opinión que, en lo absoluto, comparten los manifestantes del 8-N, pero a los cuales (parafraseando al honrado y lúcido Edgardo Mocca) el proyecto gobernante tiene que interpelar y -como dicen ellos- escuchar.

Concuerda con el ADN del kirchnerismo que nunca ha sido sectario o excluyente, no obstante tantos (otrora ultra-Ks) así lo pinten.

Soy prueba de ello (anécdotas miserables al margen de índole personal) cuando me sentí convocado por Néstor el 25 de mayo de 2005, en su discurso de Plaza de Mayo, y por Cristina el 11 de marzo de 2010 en su discurso de la cancha de Huracán, cuando dijo (no lo olvidaré): "no pregunten de dónde vienen los que llegan", frase-antídoto de todo peronómetro -o alguna otra ridiculez que se me blande- por mi condición de radical que acompaña con tanta convicción, como tantas veces he escrito en este espacio.

Deben redoblarse, entonces, los esfuerzos por interpelar a quienes con buena fe (son muchísimos) discrepan y piden ser oídos, más allá de la discrepancia que uno les depare por contribuir al interés de quienes deben ser democráticamente doblegados para que este sistema de gobierno sea genuinamente democrático.

Será por eso que, lo que se hereda no se hurta, evoco una experiencia que tuvo al radicalismo gobernante de los '80s como evidencia de la necesidad de contribuir a una mejor y más auténtica democracia, con sus timideces, retrocesos y observaciones que puedan dirigírsele a la experiencia y a su líder, Raúl Alfonsín, a quien tanto se quiere en este espacio.

Recuerdo una reflexión del inolvidable Gallego (cuyo legado nada tiene que ver con el móvil del 8-N y las alquimias electorales que cocinan algunos de sus herederos, en mi humilde opinión) acerca del peronismo de ese tiempo, en estado de shock ante la derrota inimaginable de octubre de 1983, adversidad que dividió a ese movimiento entre ortodoxos (no recuerdo su denominación, admito) en cuyas filas militaban Vicente Saadi, Herminio Iglesias, Lorenzo Miguel y tantos otros y los renovadores, con Antonio Cafiero, José Luis Manzano, Carlos Grosso, José Manuel de la Sota y, por supuesto, Carlos Menem.

Decía Alfonsín, en el ocaso de su vida, que esa circunstancia era una (entre tantísimas) que más le preocupaba desde la experiencia que había vivido como Diputado Nacional el tiempos de don Arturo Illia cuando desde el partido gobernante se debía responder al desafío de dos peronismos que se disputaban entre sí cuál de los dos era más opositor, y por tanto, representativo de esa fuerza política. Y concluía, destacando que uno de los aciertos, y legados, mejores de su experiencia a esa democracia enclenque había sido la "mano tendida" de ese radicalismo que se comía los chicos crudos, a la unificación y recuperación del adversario, gesto que ha sido reiteradamente reconocido (incluso en eso años) por esos dirigentes, Antonio Cafiero a la cabeza.

El extenso introito, espero, va delineando lo que pienso de las advertencias que nos deja a todos el 8-N y la orfandad de un sector considerable de la oposición en la representatividad política del país, de cara a las disputas que se vienen y, como en todos los otros terrenos de este país institucional y literalmente arrasado, es responsabilidad y tarea del gobierno de Cristina Fernández (y de quienes la acompañan, desde ya) contribuir a la viabilización de condiciones que auspicien un acercamiento (desde posiciones muy claras e irrenunciables) con las fuerzas políticas representativas de la oposición, no sólo para dar con consensos puntuales y específicos -de urgencia en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires- sino a su vez, para elevarles el rango de su representatividad y potencialidad gubernativa.

En el afán de sumar a tanto desnortado al sistema democrático, esquema que excede con creces a una representación u opción política sino que nos concierne a todos, en el cual la inmensa mayoría de los participantes del 8-N quiere ingresar y sentirse parte y está en nosotros, en nuestro proyecto, permitírselo.

Muy especialmente, en el conocimiento de que los antepasados del grueso de los manifestantes, quienes, casi sin excepción, tributaron y acompañaron las experiencias más dolorosas de nuestra breve (y tan triste) historia.

Reflexiones, en suma, nacidas de intuiciones, convicciones, ideas, conciencia de clase, incluso. Claridad que en muy buena medida le debo a alguien que ha sido (y espero que siga siendo) muy importante para mí, a quien se dedica esta página con afecto indeleble, en la advertencia de que a las palabras se las lleva el viento.

A mi profe, Alberto Filippi.

viernes, 2 de noviembre de 2012

El Orangután.

"El aluvión zoológico del 24 de febrero 
parece haber arrojado 
a algún diputado a su banca, 
para que desde ella maúlle a los astros 
por una dieta de 2.500 pesos. 
Que siga maullando, que a mí no me molesta."
Diputado Nacional Ernesto Sammartino,  Cámara de  Diputados de la Nación,  7/8/1947.

"Es un provocador profesional este Andrés Larroque. 
De derechos humanos debe conocer lo mismo que un orangután".
Diputado Nacional Ricardo Gil Lavedra, 1º/11/2012.


La sanción de la ley que permitirá votar a los ciudadanos y ciudadanas que el año que viene hayan cumplido 16 años, dio pie a intercambios poco felices entre diputados de uno y otro y sector; generados a partir del discurso del legislador oficialista Andrés Larroque, quien aludió al "narcosocialismo", cruel chicana contra el gobierno santafesino que enfrenta un dilema no muy distinto al del común de los gobernadores del país: tener en las filas de las fuerzas de seguridad a gentes involucradas en el tráfico de drogas.



Lo de Santa Fe y su jefe de policía es gravísimo, salpica al gobierno socialista de esa Provincia, aunque creemos en esta página modesta que vincular al gobernador Bonfatti y a su antecesor Hermes Binner con el narcotráfico, constituye una injusticia demasiado subrayada.

Al calor de un discurso pronunciado en un clima cladeado, quizás Larroque se dejó llevar por el entusiasmo que lo embargaba y cargó de ese modo contra quienes merecen muchísimas observaciones y críticas (que podríamos relacionar con sus convicciones, coherencia, coraje, etc.), mas no la deslizada con tanta eficacia.

La referencia hiriente, derivó en la salida de (casi) todos los diputados de la oposición, a modo de repudio, mereciendo al día siguiente expresiones menos dolientes que ofensivas al diputado ironista y al grupo al que pertenece: "La Cámpora",  bette noire del frente que gobierna el país, al paladar de "Clarín", principal usina de la oposición a esa gestión que va por un todo o nada preocupante que pareciera despreocupar a tanto republicano indignado con Larroque.

Uno de ellos ha sido el diputado Ricardo Gil Lavedra, quien aludió a los primates para descalificar a Larroque, como plasmamos en la cita del inicio.


Que nos hizo evocar una de las más desafortunadas que se hayan oído en el recinto en el que trabajaba Gil Lavedra en tiempos del primer peronismo, a cargo de uno de los dirigentes más desafortunados del Partido de Gil Lavedra y del boludo que escribe (muy a su pesar, casi siempre): Ernesto Sammartino.

Sammartino, expresó entonces (en agosto de 1947)  el desprecio de clase que el peronismo emergente ocasionaba en vastos sectores que, aunque a caballo de un inexistente nazi-fascismo de Perón, reaccionaban ante la irrupción (o retorno post expulsión en septiembre de 1930) de las masas populares en el gobierno; ese subsuelo sublevado, según la definición exquisita de Raúl Sclabrini Ortiz.

No se quedó ahí, Sammmartino.

Si bien debe consignarse que (al igual que tantos radicales de entonces) no la pasó nada bien en tiempos de Perón, vuelto al país tras septiembre de 1955, supo enrolarse en los sectores más reaccionarios de la UCR que la soñaban como trinchera de contención a toda vuelta posible del peronismo a la escena pública.




Su odio, el de Sammartino, era tal, que en ocasión del intento de Juan Perón de regresar al país en diciembre de 1964, despertó a Luis Caeiro (entonces Secretario de Prensa del presidente Illia) para dirigirse a Ezeiza, armado con la finalidad de: "cagar de un tiro al tirano si ponía un pie en suelo patrio", referencia que el propio Caeiro me confió al entrevistarlo en agosto de 1998.

No obstante alertamos sobre deslices y dislates, no creemos que Gil Lavedra sea un heredero de Sammartino (sayo que le calzaría a la abominable Cochonga Carrió), su historia personal, su trayectoria política marcan un sentido contrario, sólo que desde este humilde espacio advertimos al radicalismo popular y democrático acerca de determinadas expresiones y muy especialmente del rol que decida ocupar en los meses, las semanas y los días cruciales que se vienen.



martes, 30 de octubre de 2012

La suerte en tus manos.

Acabo de rever una película que vi en cine al momento del estreno comercial y que me dejó ciertas inquietudes, que escribí en su momento (con un destino que no fue) y reescribo ahora, en parte para seguir cultivando este espacio de intimidades chiquitas y no escribir sobre política. 

Porque no quiero escribir sobre política, sería muy ofensivo con gente que, quizás, no lo merece.

Volviendo a lo anterior, la escritura-reescritura versa sobre "La suerte en tus manos", octava película de unos de los directores más personales que ha dado eso que se denomina "Nuevo Cine Argentino": Daniel Burman.



Digamos, ante todo que la película es amable, como suele ser el cine de ese director: heredero (tal vez) o ciertamente inspirado en su paisano Woody Allen, en Burman no hay conflicto social, no hay denuncia, siquiera problemática. 

Los personajes que elucubra para sus ficciones en general están satisfechos con su vida o mejor, insatisfechos con su propia satisfacción. No propongo un juego de palabras de pretendido ingenio: a ninguno de los personajes (dijera mi Viejo) le falta una moneda en el bolso y al igual que los personajes de Allen, el conflicto siempre será en clave personalísima.

Es, "La suerte en tus manos" la película de Burman que más lazos traza con ese cine de culto para tantos de nosotros, el de Allen, insisto, desde el discurso, el humor, la temática y muy especialmente las locaciones que el director buscó y supo encontrar en Rosario y Buenos Aires, muy especialmente Buenos Aires, ciudad a la que parece haberle dedicado su octava película: deja atrás el Once (y no tanto) y se embelesa con  la avenida Corrientes (hay escenas en Zival's, esquina Callao; hay una porción de muzza compartida en Güerrin y se va al cine Lorca a ver "Que la cosa funcione" de... Woody Allen). 

Esa marca Burman, ese diálogo consigo mismo (por tal, destacable desde su poderosa honestidad intelectual) se evidencia al despuntar la película, desde el retrato que propone de su personaje central (Uriel Cohan, correctamente jugado por un debutante sorprendente, Jorge Drexler), un sujeto deleznable pero -al fin de cuentas la película transcurre en una atmósfera Burman- es retratado con ternura, no obstante Uriel Cohan sea un mitómano, usurero, manipulador, ludópata, obsesivo y otras lindezas a quien, encima, le va demasiado bien, enamorado de una antigua novia interpretada por ese tanque del cine nacional capaz de sostener por sí sola el proyecto más insostenible (no aludimos a "La suerte en tus manos"), Valeria Bertucelli.

Juego de opuestos, de personajes con valores encontrados, Uriel y la novia antigua habrán de encontrarse y desencontrarse hasta que todo confluya en un happy end que deje a todos (los personajes, los espectadores) felices, aunque ninguno de ellos siquiera se atreva a pensar algo así como "la puta que la vale la pena estar vivo", ni tan lejos tampoco.

Los momentos más logrados del filme, remiten a otros, igualmente felices de otras películas del director, cuando recrea las fantasías de su protagonista (es tan tierno Burman con Uriel que hasta destaca esa particularidad del mitómano, la fantasía y lo recrea con notable vuelo poético); referimos la escena en la que los novios (en tren de serlo) juegan en un pelotero; reflejo de otra logradísima, la escena del Bolero de Ravel en El nido vacío, protagonizada por Oscar Martínez y Cecilia Roth.

Supo (con alguna excepción subrayadísima, inexplicable) convocar un reparto notable, que está a esa altura: Luis Brandoni y muy especialmente, Norma Aleandro, cumplen sus roles con  precisión de relojero y la calidez de sendos tótems del cine de estas pampas.

Vamos cerrando con la aclaración de que se leería mal esta entrada si se le imprime un juicio peyorativo a la película que se comenta, a la que sin embargo, algo le falta, quizás necesitaba más tiempo para procesar ideas que parecen que han quedado a mitad de camino, porque valoramos -se ha escrito- mucha honestidad en Burman; como deshonestidad vemos en Pablo Trapero y su última película, antagónica por completo en el sentido de "La suerte en tus manos".

Quizás escriba algo sobre "Elefante blanco", esa película que tanto me molestó, de trazo tan grueso, tan mal actuada.

Con todo, "La suerte en tus manos" no es ni más ni menos que un colagge Burman, que con los más y los menos del realizador, esperamos que pronto filme una nueva, que nos deje felizmente reconfortados. 

domingo, 28 de octubre de 2012

La vuelta de Terragno.

Enterado por redes sociales (y mediante algún sueltito publicado al desgaire en ciertos medios de difusión) de la pretensión de Rodolfo Terragno de ir por una banca en el Senado con motivo de las elecciones legislativas del año que viene, empecé a bucear en las páginas y portales que le dan pasto a esa candidatura.


En todas se lo presenta como un hombre de Estado, por encima de las cuestiones de coyuntura, mediante una tesitura que supo desarrollar en las columnas que durante los '90s publicaba en la revista "Noticias" (quizás todavía sabe, no me consta, ya que no consulto ese medio por razones de higiene elemental), lugar desde donde, recuerdo de memoria, presentaba al modelo irlandés como la senda a seguir por este país desmelenado y anárquico. Desconozco si actualmente, post colapso de esa nación, sigue sosteniendo su hipótesis.

Como sea, vuelve Terragno, parece que desde el seno de la UCR, partido que nunca terminaría de sentirlo propio (así se lo hicieron sentir sus correligionarios) aunque a mediados de los '90s haya presidido su Comité Nacional, más por la vocación de unos cuantos de impedirle el acceso al Cholo Posse que por adhesión a ese dirigente viscoso, líbero en su juego político que representa un radicalismo tan indefinible.

Lo decimos, porque a diferencia de Aguad o Sanz (que con ponderable -porqué no admitirlo- levantan las banderas del radicalismo reaccionario y antipopular) Terragno navega aguas sino indefinibles de compleja ubicación ideológico-política.

Coqueteó lindo con don Eduardo Duhalde a partir de la muerte de Néstor Kirchner, candidato al que pareció querer apoyar (recuerdo la redacción de una entente tipo Moncloa que parecía dirigida a asegurar ganancias a determinados sectores y lograr una anmistía para los enjuiciados y condenados por delitos de lesa humanidad), apoyo que se enfrió (dicen que dicen) cuando el caudillo lomense le negó la candidatura vicepresidencial.

No creemos que exista un divorcio inconciliable entre cierto radicalismo y el peronismo duhaldista, no obstante desde ese esquema y a partir del discurso -de corte neoliberal, con añejo perfume de las social democracias de los 50's y 60's- aparece como algo forzado a partir de la censura que propone al legado del caudillismo sudamericano, sonsonete que reitera por estos días en la columna publicada en Facebook: https://www.facebook.com/notes/conterragno/el-problema-no-es-la-oposici%C3%B3n-dividida/279584152160235; ocasión en la que desarrolla un análisis de las elecciones en las que se consagraran presidentes con márgenes abultadísimos entre la opción ganadora y la que le seguía (disparidad recurrente, la llama) idea que refuerza mediante el siguiente cuadro comparativo:

 Estos son los puntos de ventaja que tuvieron diversos presidentes en las elecciones que los ungieron:
1928. Hipólito Yrigoyen: 47 
1973. Juan D. Perón: 39
1922. Marcelo T. Alvear: 39
2011. Cristina Kirchner: 37
1916. Hipólito Yrigoyen: 33
1951. Juan D. Perón: 31
1973. Héctor J. Cámpora: 28
1995. Carlos Menem. 21.

Con la excepción de Marcelo de Alvear (ungido con ese portento por su condición de sucesor de Yrigoyen en el '22), a través de esas aritméticas, Terragno anticipa (y auspicia) el fracaso de la actual gestión, que se explicaría desde el fracaso electoral de la propuesta que los había desafiado en la elección previa.

Más allá de nuestro análisis, leamos a qué conclusión arriba el propio Terragno: "En parte, esto obedece a la cultura caudillista , adicta a la concentración del poder. En 1928, Yrigoyen obtuvo 63 % de los votos; en 1973, Perón llegó a 65. También contribuye (y eso ocurrió en todos los casos mencionados) la falta de una segunda fuerza que aparezca como opción. Las democracias eficaces son bipartidistas. No porque la ley permita sólo dos partidos (en todas ellas hay varios) sino porque ningún otro tiene capacidad de llegar al gobierno. Ese sistema binario lo crean partidos con vocación de poder, policlasistas, extendidos por todo el territorio, que hacen esfuerzos por no desmembrarse ni bajar los brazos en momentos de adversidad. La ciudadanía tiene, en esos casos, un partido gobernante sujeto a control y, si ese partido la defrauda, otro con el cual reemplazarlo."

El caudillismo, una vez más. La paradoja de los líderes que no pueden ser considerados democráticos, aunque se los hubiese elegido abrumadoramente no son completamente democráticos: al no existir una alternativa con eficacia para avisorar una alternancia en el poder.

Una sofisticada (esforzada, quizás) versión de la prédica que descalifica a los gobiernos genuinamente democráticos como populismos neo-autoritarios.

No se preocupan quienes predican estas alquimias de compleja asimilación con la realidad que los circunda en entender por qué no se los vota. O porqué se vota en esta región sudamericana a quienes se vota, tal vez (y eso creemos) porque representan y llevan a cabo las políticas que benefician a la mayoría.

Y tal vez sea tarea de los dirigentes que integran un partido de raigambre popular como la UCR (no obstante que al igual que el peronismo alberga tendencias de signo contrario, claro queda) esmerarse en la propuesta de razones y alternativas que, rescatando lo que debe ser rescatado (y defendido como conquistas impensadas pocos años atrás y por tales, innegociables), arriesguen algo mejor a lo bueno -o menos malo, según se mire- que debe ser enfrentado. Como propone nuestro querido Leopoldo Moreau, sin ir tan lejos.

De eso se trata y por eso, y por tantas otras razones uno está parado donde está parado.

jueves, 25 de octubre de 2012

Halloween

Entre las costumbres que se han incorporado (de alguna manera u otra) a nuestro devenir, por imposición de comerciantes, mercaderes e imbéciles en general, la que me ha generado siempre un fastidio infinito es la de Halloween que, parece, se festeja cada  31 de octubre.


Digno legado de los '90, años de la era de la boludez, la celebración cada año de la efeméride saca lo peor de mí: puesto que desprecio de tal modo a todo aquel (a toda aquella) que se suma a tales festividades que me genera la fantasía de estar por sobre esas gentes sentimiento, insisto, deleznable puesto que no soy mejor que nadies, dijera alguno.

No se lea lo anterior como una afirmación chauvinista de exaltación de lo nuestro, por la razón de que eso, lo nuestro, a partir de la confluencia de tantas culturas que se han conjugado en estos lares de Dios es necesariamente variopinto.

Por caso, cuando nos condenamos a transpirar como beduinos (y a exponernos a un infarto masivo) al ingerir miles y miles de calorías con 34° en alguna noche de Navidad o Año Nuevo, insensatez que justificamos desde el culto a los alimentos que abuelitos y nonnos paladeaban en sus terruños en el marco de esas festividades.

Una insensatez genética, al fin de cuentas.

El Halloween (dizque Noche de Brujas) llegó a estas pampas feraces de la buena mano de series de televisión de los Estados Unidos o del peor cine de ese país, de hits como Mi pobre soretito y otras exquisiteces; con las cuales (muy especialmente durante esos años ominosos y generalmente por la señal de Telefé) se atosigó a pibes y pibas (hoy adultos, padres de otros pibes y pibas, incluso) que se les da por celebrar  esa mierda, para decirlo de alguna manera elegante.

En fin, excusa, la del Halloween para no abandonar el espacio y evitarme el disgusto de escribir sobre ciertas cosas que se vislumbran (acuerdo M&M, 8-N y otras excrecencias) cuyo desarrollo conspiraría contra mi -no siempre- estable presión arterial.

Y a recordar de paso que no creemos en este espacio en brujas, pero que las hay, las hay.

Que están amasando alguna alquimia que ponga fin (tajante, abrupta, fieramente) a este tiempo democrático que consideran insoportable.

Y que no generan la simpatía y el afecto entrañable en quien escribe, de la inolvidable (y tan nuestra) bruja Cachavacha.

jueves, 4 de octubre de 2012

Elogio de Moreau.

Tenía unos diez cuando me hice a la vida pública, puedo escribir para despuntar esta entrada con cierta magnificencia, pero fue así nomás, cuando corría el '83 y mi mundo dejó de circunscribirse a un puñado de manzanas, a los pibes de la cuadra, los compañeritos del colegio, la familia y, desde luego, River Plate.

Me había despabilado un poco un año atrás la guerra de las Malvinas, cuando la idea de Patria se hizo presente con toda la visceralidad de una locura criminal de esa índole: calles y casas embanderadas, marchas en los recreos, simulacros de bombardeos y todos, pibes y pibas, padres, parientes, vecinos, en vilo.

Pero decía y reafirmo, que fueron los meses de finales del '82 e inicios del '83 los que me involucraron de lleno (con los límites de la edad) en algo que podría definirse como la Patria, o el País, que se jugaba su destino en las elecciones que dejarían atrás la experiencia de uniformados como ese general de voz aguardentosa que hablaba tupido por la tele en los meses de la guerra y a esos personajes sombríos que lo sucedieron.

Como veía por los ojos de mis padres, todo era Alfonsín para mí en ese tiempo; traducido en mí como un héroe o mejor (en sintonía con lo que predicaría de si ese gallego lindo a poco de morir) una buena persona.

Digamos que Alfonsín, para mí, más allá del atractivo de una campaña cautivante, de sus discursos, de su estampa de candidato, era un buen tipo; los malos: Luder, Bittel y la bestia negra  de esa elección, el candidato a gobernador de Buenos Aires, Herminio Iglesias.

Recuerdo en esos meses (el introito se hizo largo) una pintada en color violeta, en un paredón cercano a la biciletería Caffetaro de la calle Don Bosco que decía: "Moro Intendente". No sabía quien era, supe después que no llegaría a candidato a la Intendencia de San Isidro, por haber perdido las internas con el Cholo Posse, que lo sería por muchos años y legaría a los sanisidrenses a un hijo como presente griego.

Sí supe de Moro en los años que vendrían, en especial a partir de 1985 cuando (ya sumergido en la política) asistí (y festejé mucho) su triunfo como candidato a diputado nacional por la Provincia de Buenos Aires, jornada del 3 de noviembre de 1985, una de las más felices de la centenaria historia de la UCR.

Más grande supe bien quien era Leopoldo Moreau, con quien tuve algún desencuentro, de hecho cuando tuvo el coraje de postularse, post colapso de 2001 con la lista 3 para la Presidencia de la Nación en abril de 2003, voté por Kirchner, en prevención a un triunfo menemista que veía poco menos que como una tragedia insalvable.

Aunque valoré su gesto, el de sostener en el peor momento, las banderas que siempre sostuvo.

Porque Moreau vino siendo desde siempre un tipo que se jugó por lo que pensaba que estaba bien, para decirlo en pocas palabras. Lo hizo convencido de que así debía hacerlo. Como Alfonsín, digamos.

Que entendía al radicalismo como una herramienta para combatir a las injusticias de un país injusto, el que la última dictadura le legó a aquella democracia que nacía cuando quien escribe nacía a la vida política.

Dictadura a la que Leopoldo combatió, como lo había hecho con la anterior, por menos feroz, no menos destetable, como da cuenta el trabajo "La otra juventud" de Oscar Muiño, relato de las peripecias, épicas y temeridades de tantos radicales jóvenes (y no tanto) que no aceptaban el maridaje que Ricardo Balbín (dígase con todas la letras, porque así fue) proponía celebrar con los desaparecedores del terrorismo de Estado.

Que habría de enfrentar otro dilema, no menos cruel, cuando desde su banca en el Senado en tiempos de De la Rúa (cuando ciertos progresistas, concedamos que por estupidez, creían que Cavallo era la solución para TODO) se opuso al ajuste como lógica y arriesgó (para escándalo de tantos y tantas) que una salida a la crisis terminal que se evidenciaba por todos los costados a fines de 2001 podía surgir de recuperar los fondos cautivos de los (poquísimos) trabajadores argentinos en la especulación abyecta de las AFJP.

Tuvo que ser un gobierno de signo político distinto al de aquel Senador el que llevara a la práctica políticas como las que proponía en los años del derrumbe y por eso, sin ocultar diferencias y discrepancias, Leopoldo supo rescatar esas medidas y proponer una postura de sensata y honesta oposición a ese esquema, que no cayera en un anti.kirchnerismo bobo, propio de los herederos del bobo que conducía (¿?) el país en esos meses aciagos.

Que por ello, concita el apoyo radical de quien encuentra mucho más radicalismo en las políticas de Cristina, como tanto antirradicalismo en las tiendas de Sanz, Aguad & Cía.

Y en esta nueva coyuntura que nos presenta un desafío de implicancias de alcance desconocido (por lo bueno o por lo malo, según decida el Pueblo) una vez más, Leopoldo Moreau está en el sitio correcto.

Según quiere leer este radical que al oírlo, justifica que todavía en los anaqueles de las fichas de afiliados del Comité Nacional de la UCR, haya una con sus datos personales y su firma.

Y que como dice María Cecilia Mendoza, a quien dedico estos disparates, "cada día canta mejor".

jueves, 6 de septiembre de 2012

Porteñadas

A la distancia, no sé si todo puede verse mejor, ciertamente que distinto, con una perspectiva opuesta a la que esa percepción desde Buenos Aires, una ciudad que amo (creo que literalmente) aunque tan a destiempo y fuera de tono en casi todos los terrenos. No sólo de la política.

Aunque especialmente de la política.


Una persona, hace unos años, reflexionó acerca del fenómeno Néstor, de las razones acerca de la cuales un dirigente desconocido que venía del culo de la Patria (escrito con respecto a Kirchner y a su Gallegos amado, donde descansa, esperemos que en paz, Flaco querido) había podido en tan poco tiempo cambiar el país abyecto con el que se había encontrado al asumir.

Y la sabia reflexión radicaba en que precisamente Néstor había logrado lo que consiguió (para gloria de la Patria y de la región sudamericana) precisamente porque su participación había sido, precisamente, en el culo de Patria, lejos de Buenos Aires, comarca hecha a medida por los contrabandistas que la forjaron, muchos años atrás.

Que el genio de Kirchner estaba dado en su condición periférica, en el desconocimiento y (feliz) ineptitud en el andamiaje de palacios más o menos patéticos que tanto abundan por Buenos Aires: en suma, porque le eran ajenos los modos, la formación, los temas de Buenos Aires y de los porteños, capitalinos según la peyorativa denominación del Flaco en vida.

Este introito viene a cuento de lo lastimoso que es asistir a miles de kilómetros de distancia, en un lugar en el que (de alguna manera) se forja la riqueza que en Buenos Aires se (mal) gasta, a las discusiones que aquí y allá se suscitan por mi pago de una nimiedad indigna de este tiempo que invita a otro tipo de debates.

La cadena nacional, por ejemplo.

Parafraseando a don Alejandro Dolina, perder un minuto de la corta vida de uno argumentando (en pos, en contra) acerca de la cadena nacional, equivale a emprender un debate sobre el recorrido de la línea 168 de colectivos.

Y se discute sobre la cadena nacional en Buenos Aires y cuando uno, con porteña boludez, quiere saber qué se piensa por esta tierra cuyana acerca de la cadena nacional, se nos mira de soslayo y se murmura que temas como esos son poteñadas.

Digna de una ciudad de gente indignada por su opulencia, ahítos de idiotez. Condignamente gobernados, por un elenco opulento e idiota.

Ahora, parece ser Fito Páez el tema que convoca a la indignación monigota.

Como viene siendo el precio y la inaccesibilidad para la compra de dólares, que viene a poner sensatez al capitalismo argentino que debe regirse por la moneda argentina. Así de fácil.

Y uno escucha desde Cuyo (porque es más fácil saber qué temperatura y humedad hacen en Buenos Aires que la que se registra en San Juan) a televidentes indignados porque tendrán que pagar más si quieren veranear el Punta del Este, la Barra de Tijuca o darse un paseo por París, sin detenerse en que precisamente por querer acceder a destinos de privilegio, deben en consecuencia.

Porque hay un gobierno (reelecto por un 54% de pelotudos como el que escribe) que privilegia el sustento de millones que en mayo de 2003 eran la nada misma y hoy, ellos, ellas, hijos, nietos y demases, tienen alguito que los acerca a la condición de consumidores (puesto que de eso se trata), que fueron incluidos al sistema capitalista por un matrimonio que sólo con insensatez porteña puede ser calificado de comunista, al consumo de un puñado de argentinos en destinos exóticos o muy por encima de sus reales posibilidades.

Para dejar atrás, a la vez que aquellas injusticias, la irrealidad de los contingentes de argentino (que tan bien nos hicieron quedar siempre a todos) por todos los rincones de mundo; turistas criollos a quienes nunca les llamó la atención que no hubieran (ni los hay ahora) contingentes de los vecinos del Brasil que vienen siendo la sexta potencia del mundo.

Porque Brasil, gobierne quien gobierne, no se ha solazado en la concreción de ninguna fantasía tilinga.

Sin embargo, podrán viajar adonde quieran los argentinos, con la natural condición de contar con el dinero necesario para hacerlo y tener sus impuestos al día, por caso.

Vuelvo al principio y espero que se empiece a debatir en serio, que se discutan sobre los temas que deben discutirse desde un disenso razonado y sensato.

Que no se caiga en la tentación monigota, como se lo ha escuchado a ese dirigente honesto, lúcido e inteligente que preside el Comité Nacional de la UCR, al plantear sus objeciones a la reforma electoral que impulsa el sector oficialista que propone habilitar el voto de las personas de 16 años de edad.

Tal vez a caballo de cierto coqueteo con el líder monigote, Barletta se opuso desde una consideración no sólo absurda, sino antagónica a los principios de (un sector), del partido que preside: decir que era un desatino proponer que un chico que hoy tiene doce años podría votar para Presidente dentro de cuatro; sin pensar que quienes hoy tienen catorce, según la ley actual estarán en esa condición.

Que la urgencia por oponerse al proyecto del gobierno nacional no los lleve a reaccionar espasmódicamente contra toda medida que se proponga sin reflexionar en el sentido de la propuesta, y la congruencia de tal medida con los principios de (en este caso) la UCR.


Por qué no correr al gobierno (si cabe) desde un costado más digno: por caso, proponer que el voto a partir de los 16 años sea obligatorio, argumento que aún no se ha escuchado y sería bueno debatir con los gestores de la propuesta.

Que no se sacrifiquen esos valores (ni se asesine al sentido del ridículo) para contento de seis, siete, ocho caceroleras que un par de noches atrás salieron a manifestar su repudio al uso presidencial de la cadena nacional.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Amando a Leonardo Favio.

En este lugar de cosas chiquitas, de uno, que uno comparte, más de una vez he dejado caer mi opinión sobre Leonardo Favio.

Digo, sin ruborizarme ni echar mano a ningún subterfugio varonil que a Chiquito lo amo.

Así, de una.


Me siento una nena de Sandro o algún fan más de patetismo más o menos irracional cuando pienso en él, cuando repaso su cine, incluso cuando lo escucho cantar. Sus canciones o las de otros, por todas Tema de Pototo (para saber lo que es la soledad).

Suelo llorar (en ambas alternativas) o conmoverme hasta donde no tengo posibilidad.

Sólo él pudo y puede explotar ese sentimiento en mí, como en tantos de mi generación (que no es la de él) que lo admiramos tanto, que ese sentimiento sólo puede expresarse desde un amor duro y puro.

Nadie me acercó tanto al peronismo (lugar en el que no estoy, porque no es el mío, pero en cuya obra, en cuyo Pueblo advierto tanta pureza, me identifico tanto) que Chiquito a través de su obra. Soy injusto, quizás, con Pablo Casas.

Todo su cine está impregnado de ese peronismo, que no es dogmático, ideológico, esquemático.

Es sentimiento.

Como lo propone en ese documental descomunal de siete horas de duración que es su Perón. Sinfonía del Sentimiento. Una escena, entre tantas, me atravesó.

Sólo Chiquito pudo haber concebido la escena que reseño, resumen del amor desbordado que ese hombre siente por Evita. Por Evita-Perón, claro está.

La escena del renunciamiento de ella, en la que Chiquito juega con imágenes de ese evento acaecido el 22 de agosto de 1951. Reitera, machaca, en el rostro (doblemente) sufriente de esa mujer de tan sólo 32 años, que se dirigía a un auditorio de más de dos millones de personas, para renunciar a lo que nunca hubiera querido renunciar.

Se oye su voz. Una voz carrasposa, intensa, apasionada y tierna a la vez.

Y Chiquito (mientras oímos la voz de Evita) se queda con una mano de ella, de la que sobresale un anillo importante que llevaba en el índice. En medio de su discurso, Evita pone la mano con la palma al cielo.

Y Chiquito sobreimprime sobre esa palma de la mano una paloma blanca, que aletea, para tomar vuelo a los pocos instantes, cuando Evita preguntaba retóricamente a la millonada que la seguía en vilo, si alguna vez Evita había defraudado.

Y Chiquito, después de quedarse con la paloma, sin dejar de oírse la voz de Evita, hace ingresar a la escena una música de calesita.

Y Chiquito edita (mientras la voz de Evita se escucha y sube levemente la intensidad de esa música de calesita) una foto en blanco y negro en la que posan, felices y sonrientes, cinco chicos: cuatro nenas y un varón.

Y Chiquito sobreimprime sobre cada una de las pibas y el pibe sus nombres y los disfraces que lucían en esa ocasión de un carnaval de Junín, a principios de los años '20.

Y Chiquito redondea con un haz a la más bonita, a la más chiquita de las nenas, que lleva sobreimpresa la leyenda: "Evita. Abejita."

Sólo él, sólo Chiquito.

Hoy lo homenajearon en el Congreso. Le dieron el premio "Néstor Kirchner" que recibió, con la debilidad física que arrastra de un tiempo a esta parte.

Y eso me impulsó a escribir sobre él y sobre el amor que le tengo a Chiquito Favio.

Y a arriesgar una propuesta que espero alguien la lea y que ese alguien tenga la potestad de llevarla a cabo.

Los yanquis, que serán cualquier cosa menos tontos, vienen abaratando costos en la industria del cine y reestrenan clásicos como El Padrino, Volver al futuro, etc., llenando salas de exhibición aquí y allá: un negocio perfecto.

Antes de venirme a San Juan me encontré con el "Complejo Tita Merello" cerrado. Y me pregunté por qué el INCAA no podría generar un espacio de reposición de nuestras películas, desde que somos unos cuantos a los que nos gustaría volver a ver cine argentino, en el cine.

Y que se empiece por el cine de Chiquito: todo un mes de Favio.

En la Sala grande, deberían alternarse las más taquilleras: Juan Moreira, Nazareno Cruz y el Lobo y Gatica, el Mono.

En la intermedia: Crónica de un niño solo, El romance del Aniceto y la Francisca (abrevio el título), El Dependiente, Soñar soñar y Aniceto, además del corto El amigo, que muchos todavía no vimos.

En la de arriba de todo, La Sinfonía del Sentimiento todo el día, en continuado. Para que uno entre y vea una partecita al azar y vuelva al rato y vea otra y así.

Quién les dice.

martes, 28 de agosto de 2012

¿Es o se hace?

A fines de la semana que se fue, arremetió el líder de la oposición monigota con una nueva.


Dijo, me enteré por el tendencioso y eficaz 678, el jefe de gobierno que los porteños supimos conseguir a Oscar González Oro y a Eduardititito Feinmann, que prohibiría la lectura en las escuelas de El Eternauta de Oesterheld.

La razón: su cruzada anti-política en las escuelas del distrito que gestiona por voluntad masoquista de la mayoría de su electorado.

Uno tiende a preguntarse qué pretende el sujeto Macri, en qué consiste esa movida tan puerilmente reaccionaria.

Ya inferimos en este encuentro austero que podría obrar de ese modo (siempre conducido por la ideología del gurú ecuatoriano que, precisamente, adoctrina al jefe de gobierno.

Nos preguntamos si Macri es o se hace. Creemos que es, exacerbando lo que es.

No sólo un inútil, como se pretendió probar en este espacio, sino un reaccionario: prolija hechura de la última dictadura militar.

Al fin de cuentas, fueron durante esos años nefastos los que le permitieron a Franco Macri amasar el emporio que hizo de Macri, Macri.

Viene expresándolo con mucha nitidez a partir de su cruzada contra la política en las escuelas, porque de ese modo exacerba lo que representa de tantos porteños que abominan de la política en las escuelas, para así exacerbar eso que siempre fue: la herencia cultural y política de la ultima dictadura militar.

Paradójicamente, no nos repugna ese temperamento sincero de un Macri matazurdos porque clarifica el panorama. Nadie podrá de ahora en más invocar un falso republicanismo equilibrador para volver a votar a Macri, a Mariú, a Larreta o a la abyecta Paula Alonso.

Porque ha quedado claro que PRO es la representación cultural y política de la última dictadura militar, que encarnó (en grado sumo) las corrientes políticas excluyentes conocidas en estas pampas feraces de mayo de 1810 a esta fecha.

Lo rechazamos, claro está, pero no nos parece mal que Macri persiga e inste a la alcahuetería de los pibes que discuten de política en las escuelas, porque para ellos la escuela (la Universidad, también) es un lugar en el que hay que ir a estudiar y no a hacer política, como han pregonado Eduarditititito Feinmann y tanto pelotudo reaccionario con micrófono.

No está mal, decíamos y reiteramos, que se saque Macri la careta republicana y muestre su rostro, reaccionario, antipolítico.

El de aquellos que como Macri (padre e hijo) apoyaron a aquella dictadura que se cargó a buena parte de los jóvenes de entonces que militaban en aquellas escuelas y que perduran, congelados en su juventud eterna, generalmente sonrientes, en las fotos que sus familiares publican en cada aniversario en Página/12.

martes, 21 de agosto de 2012

Adoctrinamientos.


Al evocar los años de mi juventud (atormentada, infeliz, también) no me reconozco, al releer escritos almacenados en una PC descangayada o impresos en un papel amarillento por el paso de los años.

Era joven y cultivaba un gorilismo que sólo puedo entender, en esta evocación sorprendida, en el rechazo visceral que le tributé al peronismo, durante mis años jóvenes, el de Carlos Menem.

Al reflexionar sobre esa particularidad recordé mis entrevistas preparatorias de un ensayo biográfico sobre don Arturo Illia que nunca terminé (ni pienso hacerlo, por razones que sería demasiado largo explicar y no dejo caer -por ahora- en este espacio de públicas intimidades), algunas de las cuales repasé hace poco tiempo.

Por todas, una que aprecio especialmente, desde que involucra a un intelectual del radicalismo de mediados del siglo pasado de lucidez extraordinaria: Alfredo Concepción.

Fue entonces cuando, corría el año '98 o '99, lo visité un par de veces en su casa del barrio inglés de Caballito y lo atosigué con un interrogatorio al que se prestó con una tolerancia extraordinaria.

El recuerdo viene a cuento porque, lo verifiqué al repasar esa entrevista que tiene valor por las respuestas de  don Alfredo, le formulaba preguntas a partir de un antiperonismo que el entrevistado eludía con sutileza y elegancia.

Porque nunca fue gorila, don Alfredo, de allí aquella lucidez extraordinaria, motivo de algún trabajo que tengo en carpeta y espero afrontar más pronto que tarde.

La introducción viene a cuento de una cuestión sobre la que vuelve al antiperonismo cultural que ha emergido de sus cenizas en mayo de 2003, superado el letargo impuesto a partir del maridaje en el que se enredaron con aquel peronismo de Menem, por haber sido esa experiencia (paradójicamente) la responsable de la liquidación  de la obra del peronismo histórico.

Quien escribe, no concedía nada a Menem y su peronismo, al que le endilgaba todos los males del país, que habían comenzado (en mi análisis histórico de un gorilismo bobo) con Perón y su gobierno de los años '40.

Y entonces, cincuenta años después, nada me repugnaba tanto como los manuales educativos de ese peronismo, uno de los tantos sonsonetes del gorilismo bobo en el que militaba.

Me santiguaba pensando en esos niños que aprendían a hacer palotes y a leer como primeras palabras: mamá, papá, Evita, Perón.


Al día de hoy, no me convencen demasiado las razones que pudieron haber decidido la implementación de esos planes educativos; creo que ese culto a la personalidad que gobernó esos años trascendentes, empaña en algo la obra descomunal de aquel peronismo, única revolución que pueda considerarse tal en estas pampas feraces.

Sin embargo, impugnar desde mi radicalismo al peronismo por esos excesos constituía un ejercicio del antiperonismo más pueril, más funcional a los oponentes de los alcances de esa revolución social, los mismos del radicalismo de Yrigoyen.

Como toda tragedia se repite como farsa (dizque don Carlos Marx) este gorilismo reverdecido encuentra en este peronismo de Cristina Kirchner, tendencias de culto a la personalidad que aquellos gorilas bobos de los '90 impugnábamos en el de Perón y Evita; desde la advertencia de que en las escuelas del país se estaría adoctirnando jóvenes, adolescentes e incluso niños de edad del preescolar (la inauguración del jardín de infantes Monigotes de Colores, daría fe de ello, según TN), tarea que sería perpetrada -por orden de la Presidenta, desde luego- a través de La Cámpora,  bette noire de la oposición monigota.

Ha vuelto, sí, la política a las escuelas, con mucho vigor, post congelamiento de la era de la boludez, tras el renacer alfonsinista de los primeros '80s; alternativa que debe ser bienvenida, incluso si esa política llega de la mano de la discusión de cuestiones que no son estrictas al dictado de asignaturas y demás yerbas, como sucedió hace unas semanas en el Carlos Pellegrini, cuando se llegó a la medida -última, extrema- de la toma por disentir los estudiantes en el manejo de bufet del colegio o algo similar.

Sostenemos lo anterior, a despecho de la mirada despreciativa de ciertos peleles reaccionarios, en la evocación de otras luchas, de otras épocas, que involucraron planteos similares. Sólo por ignorantes, además de reaccionarios, puede condenarse la intervención política estudiantil en un trance de esa índole: la chispa de El Cordobazo, se encendió, precisamente, en la decisión de privatizar el comedor estudiantil de la Universidad del Nordeste.

Como sea, tanta berretada en torno a la politización de los estudiantes (que motivó una medida en el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires acorde a su ideología, ligereza y mediocridad) justifica esta entrada que, como se dijo, celebra que los pibes, gurises, changos y demases de este confín austral, recuperen ese terreno que le es propio; dando vuelta la página del escarmiento impuesto en tiempos no tan lejanos a otros jóvenes, que nunca dejaron de serlo, porque fueron prolija y salvajemente exterminados.

Que sea entonces, este renacer de la política estudiantil, una respuesta a tanto adoctrinamiento basura de cierto psicópata con micrófono que resume el perfil de esa generación en modelos como el fan de no sé quién, Charlotte Champagne y otras inmundicias.


viernes, 17 de agosto de 2012

Monigotes de colores.

Ciertos movimientos de cierta oposición mueven a la risa, a la pena, a la bronca.


Aserción que no nace del apoyo de quien escribe al Gobierno nacional, ni negación a cuestiones delicadas sobre las cuales puedan -y deban- insistir los referentes que se le oponen, al estilo de la participación de  Roberto Gargarella, anoche, en necesario y amable contrapunto con Edgardo Mocca en el set de 678, antagónico en su discurso y sentido a las  baraturas que  proponen unos cuantos desde el win opositor.

Nada más lejos de lo propuesto por Gargarella anoche, que este espacio celebra.

Aunque débil en su argumentación (se lo notó excesivamente nervioso al inicio, antipático, incluso, temperamento que fue derritiéndose al calor de la afabilidad con la que fue tratado por su contendiente -que jugaba de local- y el moderador de ese debate, el querido Carlos Barragán) Gargarella siempre jugó limpio, dicho esto desde la apreciación de sus observaciones formuladas desde una honradez intelectual, sin fisuras.

Ahora, le criticamos cierto enfoque, nacida la crítica -apenas- del disenso no sin cierta osadía hacia quien posee una solidez intelectual resaltable; sólo que destacamos que su discurso ha sido a veces contradictorio, y otras propositivo de un rechazo (sin histerias ni exacerbaciones) del modelo nacido en mayo de 2003 a partir de hechos -aunque graves- aislados respecto de lo que el kirchnerismo propone y significa, concluyendo en que no es muy desigual respecto de  experiencias  anteriores, como la encabezada por Carlos Menem, sin advertir que (más allá de unos cuantos tránsfugas políticos) quienes se identifican política y culturalmente con el menemismo -y desde ya, con la dictadura militar que, en la propuesta de este espacio, el menemismo vino a perfeccionar- deploran todo lo que viene sucediéndose desde mayo de 2003.


Como sea, la senda de Gargarella es  la que deberían recorrer las oposiciones -sensatas, honestas, democráticas, claro está- que el Gobierno Nacional admite y (lo creo firmemente) espera y necesita. Nada más decepcionante para Cristina ha de ser tener enfrente a Macri. El triunfo, en todo trance, es siempre seguro y un contendiente de pacotilla como ése, anquilosa, achancha, desde que no supone esfuerzo alguno doblegarlo.

Otros referentes políticos (Hermes Binner, Margarita Stolbizer, unos cuantos radicales extra cobismo/aguadismo, Solanas, por qué no) deberían tomar nota del evento austero, pero importante de anoche en el set de 678, y volver a frecuentar ese ámbito, ante todo, porque les va a convenir para sus intereses.

El reverso de esa opción es, sin dudas, TN, señal expresiva de lo que señalábamos al principio, por tal, traje a medida de Macri.

Andan mal esos muchachos, eshtàn muy nervioshos, dijera uno que no está y se lo extraña, porque exacerban su ridículo.

Desde el programa insignia, coconducido entre tartamudeos y furcios por el periodista millonariamente untado por Repsol, hasta cada uno de los segmentos de ese gran noticiero que se emite de espaldas a una autopista.

Ámbito desde el cual se está batiendo un parche, de tan absurdo, risible: el que propone -con eco en la administración macrista, como no podía ser de otra manera- que La Cámpora adoctrina estudiantes; sin discriminación de las edades, como lo probaría la intervención de algunos de los militantes de esa agrupación en la inauguración del jardín de infantes Monigotes de Colores en Córdoba, como informó TN.

Cuestión que alarma también a la señora bien que conduce las mañanas de Radio Continental, quien evocó esa metodología con el adoctrinamiento de las juventudes alemanas en tiempos de Hitler. Sabe lo que dice, esa señora, hija del Canciller de Ramón Castillo, en tiempos de la guerra, admirador del Eje Berlín-Roma.

Volvemos al inicio y esperamos -aún desde un sector que adhiere a este Gobierno- que estos meses intensos y decisivos que nos esperan presenten alguna alternativa como la de Gargarella, para subir el nivel del debate público, que tanta falta nos hace a propios y a extraños; entre tanto monigote con micrófono.


jueves, 16 de agosto de 2012

Instituciones.


Oye, hijo, las cosas están de este modo 
Una radio en mi cuarto me lo dice todo 
No preguntes más 
Tenés sábados, hembras y televisores 
Tenés días para dar aún sin los pantalones 
No preguntes más.
Sui Generis: Instituciones,  



Uno de los tantos sonsonetes a los que el universo anti-K (no aludo a  los no-K, que son otra cosa y merecen el respeto de este espacio austero) reitera para demostrar que desde mayo de 2003 la República se ha postrado ante la voluntad omnímoda de un matrimonio despótico, corrupto y populista que arrasará con todo, es el del atropello del kirchnerismo a las instituciones, precisamente, republicanas.

Quien escribe, dicho sea de paso, se hace cargo de una opinión dejada en privado por un anónimo lector de este espacio (cobarde por partida doble, no firma ni hace pública su opinión tal vez, por temor a un ridículo seguro) opinión, contaba, consignada mediante un mail cobarde, que acusaba a este espacio como integrante de lo que aturdidos como ese cobarde, denominan blogósfera K.

Lo asumimos. Escribo desde un espacio que integra, feliz, la blogósfera K.

Quien lo anima se ufana de apoyar un estilo de gestión, un modelo, una propuesta política que con sus menos, contribuye a la consolidación de una democracia plena; de una República democrática.

Y pese a haber sido defraudado mil y una vez, deja constancia de ese apoyo, para que se sepa que opinó, que pensaba en los atribulados meses de la puja por una Argentina mejor al legado de la dictadura militar de 1976-1983.

Los principios de esa democracia plena fue sostenida por los referentes radicales del radical que escribe. Que encuentra tanto radicalismo -del mejor, por cierto- en este Gobierno, como tan poco en las filas del que sigue siendo su partido -según cantan los anaqueles de las fichas de los afiliados a la UCR- por razones insondables del alma humana.

¿Existe acaso, profesión de fe más solvente del afán constructor de una República con instituciones autónomas del Ejecutivo que el proceso de selección de los candidatos al Poder Judicial y a los Ministerios Públicos de la Nación, que el inaugurado por Néstor Kirchner a partir del decreto 222/2003?

Como la pregunta es retórica, la respuesta es innecesaria.

El proceso de selección de la abogada que hoy mismo ha comenzado su gestión como Procuradora General de la Nación, Alejandra Gils Carbó, es un ejemplo poderoso de lo que escribimos.

Postulada tras un desliz indefendible (la nominación del impresentable Reposo, sobre de quien nada más se escribirá) sorteó con solvencia el proceso de adhesiones, impugnaciones y audiencia pública que prevé el decreto que firmó Néstor al inicio de su Presidencia, a punto tal de -en estos tiempos de intransigencias no pocas veces bobas- se alzó con el prodigio de más de sesenta votos a favor contra tres en contra. Para una reseña del camino felizmente desandado por el oficialismo nos remitimos a la crónica del periodista, tan querido y respetado por los animadores de este espacio, don Mario Wainfeld (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-201178-2012-08-16.html).

En ese trayecto feliz, la postulante recibió dos impunaciones de fuste: la del diario La Nación (idéntico a sí mismo) y de la Cochonga Carrió. En el recinto, los tres votos negativos a prestar el acuerdo requerido por la Presidenta, nacieron de senadores de la UCR. Tres apenas, pero radical el trío, que viene a ratificar lo que se escribió líneas arriba, dicho a partir de la lectura de los argumentos utilizados por esos senadores  para fundar su voto no positivo, hay pocos antirradicales más eficaces que los representantes de un sector de la UCR.

Como sea, recibimos con alegría -por qué no- a la nueva Procuradora General, por lo escrito, y en la expectativa de que será cualquier cosa, menos una Jefa de Fiscales dócil a la interferencia de ningún otro poder, sea político, sea poder de veras.

Al elegir el título de la entrada evoqué el tema homónimo de Sui Generis, cuya letra parcialmente transcribí al inicio de estos dislates escritos con honestidad intelectual.

Será cosa mía, pero creo que la tristeza de Sui Generis, de su letra, pero en especial de su música, constituye una de las expresiones más altas de uno de los argentinos más importantes, entre nuestros contemporáneos Carlos García Moreno I, quien al componer con ese registro bucólico pareciera  -repasado a cuarenta años de las composiciones- anticipar lo que vendría: mento a Rasguña las piedras como denominador común de la hipótesis temeraria que arriesgo, el más obvio, quizás.

Instituciones es otra cosa; tiene una densidad mayor e ironiza, cruelmente, acerca de ese tiempo, con las aristas proféticas que le confiero.

Instituciones expresivas de una opresión planificada, aquellas Fuerzas Armadas de milicos de escritorio como Lanusse, que con su gesto altanero, patéticamente triunfal, parecía advertir algo así como: No preguntes más.

Instituciones tan distintas a éstas, forjadas en este tiempo luminoso (y contradictorio, por cierto) nacido a fines de mayo de 2003.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Mariú como posibilidad.

Monopoliza la preocupación de este espacio austero de opinión, la delicada situación política e institucional que viene atravesando la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a partir del evidente desafío del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (reelecto hace poco más de un año con cerca del 65 % de los votos) al Gobierno Federal; cuya escalada debería concluir (tal vez) con la intervención federal al distrito, última de las alternativas deseadas por unos y por otros.

No obstante quien anima este espacio austero de opinión no opina bien de ninguno de los colaboradores de Mauricio Macri (de la mayoría, opina pésimo, problema que sólo es de este otario que escribe) viene cayendo en la cuenta de que Macri es todos los  problemas que vienen presentándose.

Por su desinterés en todo lo que exceda a la banalidad (basta con repasar la cuantiosas tapas que el multimedio La Nación le ha dedicado a él, a su esposa -segunda o tercera, desconocemos- y a la hija que engendró con la ancianidad cercana, a través de la inefable y abyecta revista Hola de Argentina) y su rechazo compulsivo a la responsabilidad y al trabajo, nos azota a los porteños con una gestión cuanto menos abominable, no obstante recibamos sus alcances con júbilo masoquista y declamado respeto a cierto republicanismo federal mal aprendido y peor digerido.

Para ser breve: nada mejorará con Macri al frente del Ejecutivo de la Ciudad; digamos que empeorará, al calor de sus deseos de que todo esto termine pronto (aunque su obrar no ayude) y apele a la victimización permanente que por absurda es patética.

Como cuando refiere que "Si me bajo de 2015, se arregla todo" (http://www.lanacion.com.ar/1499445-macri-si-me-bajo-de-2015-se-arregla-todo), como si tuviera alguna chance de pelear seriamente por la Presidencia de la Nación.

Por estos lares creemos que "todo se arregla" (o mucho se desarreglaría) si Macri deja de ser Jefe de Gobierno.

Si se convence que lo suyo (además de dedicarle más horas a Antonita, como confesó el domingo pasado a los reporteros del diario La Nación) es la Presidencia de la Nación, la de Boca o la de Chacarita Juniors, nos habremos sacado de encima el principal obstáculo que hoy se opone a toda posible normalidad del día a día porteño.

Como dijimos que lo peor sería que ese fin llegue de la mano del Gobierno Federal, y en el respeto al voto (aunque lo cuestionemos) de millones de porteños, desde aquí arriesgamos que una gestión de María Eugenia Mariú Vidal (a la sazón Vicejefa y ungida con tantos votos como su inepto compañero de fórmula) haría de Buenos Aires un lugar menos peor.

No lo decimos porque queramos a Vidal  (apenas si se le respeta), no nos gusta el cinismo con el que repite sonsonetes dictados por la Fundación Sofía, pocas dirigentes están más lejos del perfil que uno quisiera como su gobernante, desde su trayectoria (¿?), sus ideas, sus aliados, sus métodos.

Le reconocemos, en cambio, su legitimidad de origen  y destacamos su género -no sería para nada menor su condición femenina para reconstruir cierto vínculo institucional con el Poder Ejecutivo Nacional-, sin dejar de pensar en sus ambiciones, que nos hacen suponer que se esmeraría en transitar el sendero de la sensatez política, en que las cosas no se harían tan mal con ella como Jefa de Gobierno.

Verdad de Perogrullo, desde que nadie -salvo que se trate de un prodigio- podría hacer las cosas peor (deliberadamente hechas) que el inútil que preside la gozosamente sufriente Ciudad Autónoma.

Así estamos, aferrados a Mariú como posibilidad .

lunes, 13 de agosto de 2012

Castigo Capital.

A miles de kilómetros, observo como sigue sin solución a la vista una huelga interminable, la de los subtes porteños que desde hace unos diez días (informa TN, señal que todavía prescinde de consignar las horas y los minutos desde que marchó el último tren por los rieles que corren bajo las calles de Buenos Aires) les arruina -o por lo menos- les hace mucho más difícil la vida a un millón de personas.

Este espacio responsabiliza a Macri y su gobierno de pacotilla (y de yapa a quienes lo votaron, seré antipático con mucha gente querida y con millones que no conozco) de todo este entuerto, salpimentado por la mala voluntad del Gobierno Federal hacia todo lo que atañe a la hermosamente inútil muchachada de PRO.


Digamos, para ser honestos, que desde el primer día de la primera gestión macrista, el kirchenerismo (con Néstor en vida) se empeñó en hacerle las cosas difíciles al tan malquerido Jefe de Gobierno.

Pruebas al canto: el 9 de diciembre de 2007 fue el último día que circularon los "trenes blancos" que de 2001 a esa fecha trasladaban a los (entonces) cientos de cartoneros de la Ciudad a los confines del conurbano en el que residían. La consecuencia fue casi automática: los laburantes informales de la basura porteña quedaron "anclados en Baires", con los alcances que ello supuso: asentamientos (más o menos precarios) a lo largo de toda la Ciudad.

Un presente griego demasiado jodido, propio trato que el núcleo duro del kirchnerismo tributa a quienes no son de su palo: a Macri se lo atendió, mal, desde el primer día.

¿Qué hizo el líder de PRO, con ese gesto hostil? Subir la apuesta, nunca como ahora, sobre lo que volveremos, más allá de cierto acercamiento más o menos triste que arriesgó, recuerdo un bandoneón que le regaló a la Presidenta en una de las contadas audiencias que Cristina le concedió, antes de enterarse de que reunirse con Macri era (sino un ejercicio masoquista) una inútil pérdida de tiempo.

Lo concreto es que en este tiempo en el que Macri y su asesor ecuatoriano, saben que CFK no puede (ni irá, se vaticina desde aquí) por una reelección que le haría forzar una reelección que la Constitución no admite, sube la apuesta, del modo más funesto: juega con el miedo.

Y eso es perder toda compostura, todo fair play por mínimo que sea. Porque, como se dijo, juega con el miedo de quienes viajan en subte a padecer un accidente como el de febrero en el Sarmiento.

Accidente (sólo diremos esto) del que muy poco se sabe, menos tampoco se conoce de los descarrilamientos en el Mitre de hace unas semanas que pueden responder a deficiencias en un área gubernamental que desde mayo de 2003 hace agua, pero que invita a especulaciones que (de cultivar el desprecio de PRO a la comunidad) el Gobierno Federal podría echar a rodar.

Leo, en esas redes sociales en las que uno pierde el tiempo lastimosamente, la reflexión de uno de los voceros privilegiados del Jefe de Gobierno en los medios, el inefable autor de Combustible espiritual (o como se llame ese compendio de imbecilidades) Aarón Ari Paluch, que interpreta este conflicto como un castigo de la Presidenta al voto de los porteños en las elecciones de julio pasado.

Discrepamos, desde que este conflicto responde, en buena medida, al desafio de Macri a la Presidenta quien (no sólo por sus falencias personales, sino especialmente por su nimiedad institucional) no está en condiciones de hacer.

Había que ver ayer el fastidio del Ministro del Interior y Transporte en 678, cuando se le preguntaba sobre el conflicto de los subtes, en especial cuando se le instaba a que el Gobierno Federal se haga cargo de resolver el conflicto, a lo que Randazzo (maldisimulando las ganas de cagarlo a trompadas a Macri) negaba esa alternativa, con criterio irreprochable, desde que no tiene por qué la Administación de todo un país resolver la ineptitud de quien la gobierna por mandato de quienes, al votarlo, sabían que era un inservible, razonamiento que no hizo entonces Florencio, pero que me permito traducir.

Ante esa sensata negativa, se le inquiría sobre qué se haría si (en la precisa metáfora del Lucho Galende) Macri seguía levantando los hombritos ante este problema grave que afecta a toda la región metropolitana.

Y Randazzo seguía sin saber qué contestar, no obstante pensara en las dos alternativas que existen:

1) Disponer la intervención federal. Tendría que ser pedida por algún funcionario del Estado de la Ciudad Autónoma -por fuera del Gobierno comunal, claro está- y tendría poca (ninguna, tal vez, más allá de PRO) resistencia en el Congreso. Aunque le daría pasto a la argumentación del estilo chavista de esta gestión, con la que vienen machacando Macri y su cohorte de inservibles desde el inicio del conflicto a esta parte.

Medida que se justificaría, creemos desde acá, como se justificaría en el caso de que algún gobernador opositor (el santafesino Bonfatti, el cordobés De la Sota, por caso) decidiera impedir la circulación de ómnibus o camiones por las rutas que atraviesan esos distritos, porque se corre el riesgo de que muera gente por la peligrosidad de las rutas argentinas; exigiendo, para levantar la medida, la transferencia del tesoro nacional a sus provincias de 14 mil millones de pesos (N.: me disculpo por el razonamiento, pero debo esforzarme en ponerme a la altura de Macri y esa hermosa cohorte de inservibles).

2) Dar urgente intervención a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, para que se pronuncie (en el marco de su competencia originaria) en los términos del conflicto dado entre la Nación y una provincia, considerada así la Ciudad Autónoma, instando a una urgente resolución de parte de ese Cuerpo Colegiado.

Coincidimos con el inefable autor de Combustible espiritual (o como se llame ese compendio de imbecilidades) Aarón Ari Paluch en que todo este conflicto en un castigo para los porteños.

Sólo que el castigo se llama Mauricio Macri y los porteños, lo supimos conseguir.

jueves, 9 de agosto de 2012

Inútiles por derecho propio.

Uno anda lejos, pero su "lugar en el mundo" sigue siendo la Ciudad de Buenos Aires

Ciudad inexplicable. Inexplicablemente gobernada, desde hace ya cinco largos años.


Muchas veces me he preguntado acerca de las razones por las cuales los porteños nos hemos dado a la flagelación, votando y revotando a Mauricio Macri.

Se escribe que "votamos", no obstante quien escribe sólo lo hubiese hecho por Macri-Vidal si se lo hubiese sometido a una lobotomía cerebral cinco minutos antes de meter el sobre en la urna, en ocasión de las elecciones que dejaron primera a esa fórmula, consagrándola con casi un 70 % de las preferencias de los que fuimos a votar un 31 de julio; magnitud que me fuerza a ser tolerante con mis vecinos (lo que muchísimo me cuesta) con no poca gente querida (que lo votó aupado a un anticristinismo que me cuesta mucho concebir, menos todavía, entender) y asumir esa decisión como propia, en tanto colectiva.

Digamos que ese 31 de julio del año pasado, la Ciudad no estaba mucho mejor que a un año y moneditas de esa consagración que coronó cuatro años de primera gestión: el mismo desprecio por lo público, la misma mugre en las calles de una Ciudad que frisa lo insalubre, la misma actitud de "yo no fui", "yo no puedo", "no me dejan".

La misma mierda, digamos.

Ya que el tema está en el tapete, no tenía Buenos Aires, muchos más kilómetros de red de subte inaugurados, con otros cinco bajo tierra prestos a ser inaugurados al momento de la asunción de Macri en diciembre de 2007 y aún bajo tierra: ciento de millones de dólares de la Ciudad inutilizados por la inutilidad del inútil que la gobierna.

Lo votaron, desde luego, los otrora electores de la UceDé de los Alsogaray, D'Alessio de Viola y otras exquisiteces y todo votante conserva o reaccionario de los barrios acomodados (y no tanto), con el acompañamiento, desde luego, de la exangüe tropa que aún creía y seguía a la Cochonga Carrió.

También, el portento del resultado así lo canta, radicales (no delarruistas, éstos estaban incluidos entre los conservadores y/o reaccionarios que se mentaron), socialistas, peronistas, progresistas anti-K que lo ungieron como el abanderado del "equilibrio republicano"; cuando el estilo, sentido e ideología de PRO están muchísimo más lejos de ellos y de las ideas de PRO que las huestes del Gobierno Nacional.

Por voluntad amplia, sigue la Ciudad gobernada por tan hermosa muchachada.

Que como dato más relevante e inconcebible evidencia una inutilidad muy subrayada, muy llamativa.

Porque si bien Mauricio Macri no supo conseguir lo que tiene, que le vino de arriba merced a la audacia (no siempre confesable) de don Franco; su trayecto vital inhabilita censurarlo como un inútil inconsciente.

Digamos que, si fue reelecto luego de perpetrar esa primera gestión lastimosa, que en tantos terrenos (excepto en veredas, bicisendas y metrobuses, debe reconocerse) significó un retroceso lamentable respecto de lo que se había hecho antes en la Ciudad -que no había sido muy bueno, por otra parte-, debe de haberse preguntado Mauricio Macri y su equipo, las razones por las cuales habría de hacer las cosas mejor, si -en el peor de los casos- siempre se convalidaría lo hecho por la muchachada de PRO como sacrificio en pos de alcanzar cierto "equilibrio" republicano.

Por tanto, esta gestión desatinada, indefendible, grotesca no cae en la inutilidad por accidente, sino que es deliberadamente inepta: al fin, el Obelisco a oscuras o un millón de personas sin subte jode más a la "Kretina" que al redentor de las libertades de los bienpensantes electores porteños.

Por eso, con poca tolerancia, por otra parte, este encuentro austero habrá de considerarlos inútiles; calificativo que luego de tanto desatino se han ganado.

Inútiles, por derecho propio.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Descarrilamientos.

Quiso el destino, ayudado por un lúcido amigo, que prescindiera por un tiempo de mi residencia porteña, decisión por la que le tributo mi agradecimiento.

Las razones de mi gratitud son varias, por todas, la promoción laboral que dicha decisión supuso y por estos días, muy especialmente, el tenerme lejos de una Ciudad que tanto quiero, pero que concentra la avanzada    nacional de un sector económico  (dizque en diciembre) deberá descapitalizarse en modo fenomenal.


Hay otros. que hasta hace muy poco estaban enconados con esos intereses, que por razones conocidas, coinciden en esta propuesta desestabilizadora que nos tendrá a mal traer por muchos meses; por caso, cierto sector sindical que se ha visto (justificadamente o no) afectado en el manejo de pingües recursos y que tiene, a partir del lunes pasado, al otrora secretario general del sindicado de la "Unión Ferroviaria", en el "banquillo de los acusados", enfrentando una imputación que, de derivarse en una condena, haría que tal sindicalista, -Pedraza, José, para más datos- acabe sus días en la cárcel.

A partir del lunes (y siempre en el mismo ramal ferroviario) vienen reiterándose descarrilamientos, más o menos espectaculares, que supusieron trastornos varios: desde heridos y contusos en el más espectacular de los tres que se verificaron (informa Clarínhttp://www.clarin.com/ciudades/Tren-Mitre-descarrilamientos_0_751724924.html) el mismo día en el que, por obra de la coincidencia, comenzaba el juicio oral contra el principal dirigente sindical de los trabajadores ferroviarios, hasta el martirio de cientos de miles en el transporte a sus empleos, conjugada con una huelga interminable de metrosexuales delegados sindicales  (CMF dixit) de origen troskysta que por aquello de "cuanto peor mejor", vienen privando a los sufrientes usuarios del subterráneo de esa Metrópoli de ese servicio, con la inestimable contribución nacida de la ineptitud -todo terreno- del idiota peligroso que gobierna esa Ciudad, reelecto  hace apenas un año con el 70% de los votos de los vecinos de esa Ciudad que tanto amo.

Ciudad a la cual (merced a una lúcida decisión y a Dios gracias) observo desde unos ciento cincuenta mil kilómetros de distancia.

domingo, 5 de agosto de 2012

Lilita, la Cochonga.

Si se me preguntase sobre el sentido, las razones, o interés si quiera,  por las cuales me dedico a escribir boludeces en este espacio, no daría con ninguna que, aún sin explicarlas, se acercase tanto con mi interés por compartir ideas, pareceres, opiniones con gente querida y una muchachada (no tan numerosa pero respetabilísima) que se allegan desde ámbitos inconcebibles, Hungría por todos, como canta la estadística de blogger.com.

Si tengo que justificar los motivos por los que hurto minutos a mi domingo para pensar en y escribir sobre Elisa Carrió, la faena se me complica, cuestión  que debería poner en manos de algún discípulo de Freud, el Coke Garriga por todos.

Y pese a todo, voy a escribir sobre Carrió, quien volvió por sus fueros a los programitas de televisión (ya no es más columnista de Desde el llano y/o A dos voces), su presente la ha relegado a ínfimos estudios de cable, según me enteré a través de un odioso resumen de 6-7-8, al ser entrevistada por la otrora alter ego de Bernardo Neustadt, Clarita Mariño, esa mujer de fealdad despampanante.

En ese resumen, volvamos a Elisa, volví a escucharle desatinos apocalípticos, sobre los que no vale la pena reparar (será porque es domingo, seré  piadoso con Elisa María Adelina) dichas desde una maldad hecha de resentimiento, de despecho, de rencor por el rechazo que ha venido recogiendo a diestra y a siniestra, que le ha negado una Presidencia para la que se siente elegida y que tanto vecino suyo de la parroquia de La Recoleta en la que reside le auguró y aseguró.


Barrio de adopción de esta Cassandra de sainete: su origen es el Chaco valiente y montaraz (como gustaba definir el Esc. Deolindo Bittel), provincia que representó con las banderas de la UCR  en la Convención Reformadora de la Constitución en 1994, evento que la catapultaría al estrellato político porteño (dejaría más pronto que tarde su Chaco natal nimbada por las luces de Buenos Aires) y la pondría cerquita -por qué no- de la Presidencia en 2003, cuando peleó por ella con una dignidad que perdería por completo en los años por seguir a los lejanos meses del derrumbe de 2001-2002.

Pensando en Elisa María Adelina, escribiendo (y maltratando de ese modo mi domingo cuyano), me permito una reflexión que (tal vez) justifica en parte esta entrada.

Una de las obras más intensas, más logradas que he visto este año es Salomé de Chacra que el maestro (muy admirado y querido en este espacio) don Mauricio Kartun dirige en el Teatro del Pueblo y que se invita a que se vea, juega con la fábula bíblica de Salomé y el Bautista, trasladados los hechos a una estancia o hacienda, (según la referencia de cada  personaje) donde un gaucho matarife (Gringuete) relata una tragedia acontecida en ese ámbito poco tiempo atrás; cuando el patrón, Herodes le cortó la cabeza al Bautista (ácrata confinado al fondo de un aljibe, como método de Educación Democrática dispuesto por el patrón) a pedido de su sobrina Salomé (hija de su hermano fallecido, el Aaroncito), con cuya viuda, el hijo extramatrimonial Herodes se casaría tras la muerte del hermano: la Cochonga: "vieja, viuda y estanciera".

La obra, como todo lo que propone Kartun (La Modonnita, El Niño Argentino, Ala de Criados, para destacar las que vi de la pluma del troesma) está destinada a hacer ruido por muchos años y por su densidad narrativa, da pasto para escribir un ensayo. Aquí nos quedamos con el último personaje enumerado, La Cochonga, jugado por la querida Stella Galazzi con vena maestra.

Vamos a arriesgar un paralelo para joder, nomás.

Tengo para mí que al momento de inspirarse en alguien para componer a ese personaje deleznable, artífice de la decapitación del Bautista -no obstante haya sido el vicioso pusilánime de Herodes quien le cortaría la cabeza al subversivo del aljibe-, la autoría intelectual de esa muerte es de la pérfida Cochonga, capricho de la Salomé mediante, porque durante toda la obra, Cochonga se queja del ácrata y sus desafíos verbales al poder de los terratenientes, a punto tal que como muestra la foto que sigue, en un momento se asoma a la boca del aljibe a amedrentarlo, haciéndole saber que más pronto que tarde tronaría el escarmiento, don Mauricio ha tenido in mente a Lilita.



Debió haber pensado en ella para diseñar ese ser no tan abyecto como patético, por tal, inmensamente peligroso. Esa reina de opereta (la Cochonga) que culmina su intervención en la pieza sentada en un trono tejido de alambre de gallinero, anticipando que agarraría para el lado de las tolderías (¿hay acaso una metáfora mejor que este presente lastimoso de la otrora diputada chaqueña, post 2 y pico por ciento de las últimas presidenciales?), en esa terrateniente cuyo territorio finca Kartun -lo inferimos- en el litoral vecino al Brasil; no por nada al inicio de la obra reprocha a Herodes no soportarle más sus brincadeiras.

Por qué no, entonces.

De ser así (y así lo establecemos) a partir de esta obra genial de Kartun, habremos de considerar a Carrió, Elisa María Adelina, la Cochonga de la política argentina.