jueves, 21 de noviembre de 2013

Moreno.


Se fue Moreno de la Secretaría de Comercio Interior de la Nación, para alborozo de tantos y tantas. Por fin, la bestia negra de todo opositor al Gobierno Nacional, abandonó la función pública.

La magnitud de tanta dicha se evidencia al escuchar tanto comentario laudatorio de quienes encuentran alivio en una caída esperada hace rato.

En muchos casos no se entiende bien por qué. Porque nadie como Moreno defendía los intereses de esos muchos, como nadie lo había hecho desde hacía añares.

A otros menos, pero muchísimo más poderosos, los jodió demasiado Moreno, entre ellos a los muchachos del grupo Clarín, a cuyos mandamases les dijo en la cara que eran unos parásitos, que debían tener algo de decoro y evitar auto-regularse ingresos asiáticos (en blanco, porque el negro el de tales ingresos -viáticos, gastos de representación, cometas- reunían una suma de muchísimos ceros más). Puesto a hablar claro, Moreno lo hacía y habló claro en una asamblea de accionistas de ese grupo, ganándose el odio de sus dirigentes y de tanto amante de la prensa libre que pulula por estos lares.

Asamblea en la que Moreno tuvo voz y voto como representante del gobierno, accionista de ese grupo, en virtud de haber  recuperado el Estado Nacional los fondos de los laburantes otrora rifados a la timba de las AFJP, proceso ideado por Amado Boudou por tal, bestia blanca de la oposición al kirchnerismo.

En esta trincherita, de confesiones íntimas, aún asumiendo ciertos errores que ha cometido, queremos a Moreno y escribimos para despedirlo (si cabe) y dejar testimonio de nuestro aprecio hacia un tipo honorable. Aprecio que contrasta con el afecto de otros por estos días, hacia tanto tibio, tanto idiota, tanto traidor y en especial de la elevación a la idolatría de cierto extorsionador de zapateros o de una perversa que la va de loca.

A Moreno lo queremos, escribimos, porque lo sabemos honesto como pocos.

Si tuvieron que inventar hace poco una nota patética (patetismo que da cuenta el desprecio a la inteligencia de sus destinatarios por parte de quienes pergeñaron la nota, el mismo desprecio -dicho sea de paso- de Ernesto Tenenbaum a su platea: no es verosímil tanta pelotudez en ese muchacho excedido en juventud).

Nota que me hizo evocar otra de la revista Caras en tiempos de Alfonsín, que informaba de una casa que el Presidente estaba construyendo en Galicia, con canillas de oro o algún detalle para consumo de la gilada.

Porque a la gente honrada, como Moreno, como Alfonsín, suele ocurrirles que para ensuciarlos le inventan lo inverosímil, vaya uno a saber por qué.


Escribo Alfonsín y a partir de su evocación recuerdo a Juan Carlos Pugliese.

Para quien tengo el recuerdo más afectuoso, hecho de cariño y de coincidencias políticas, hacia quien fue el primer candidato que voté en mi vida, allá por octubre de 1991.

Pugliese, que cuando todo se derrumbaba a mediados de 1989, aceptó el Ministerio de Economía que le había ofrecido (como una carta desesperada en ese final tan cruel) el presidente Alfonsín.

Tenía 16 años el que escribe y recuerda haber mirado un noticiero, a la espera de la finalización de la reunión del ministro Pugliese con los capitanes de la industria. Y recuerdo al maestro, salir de la reunión, con las huellas del cansancio (y del fracaso) en el rostro. Empequeñecido, se prestaba a enfrentar a los reporteros.

"Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo", dijo como resumen de una reunión que marcaba el principio del fin.

Y uno al recordar con afecto a Pugliese, lo aprecia más a Moreno y por eso lo despide: porque el Secretario que se fue a partir de su concepción social de la política, de sus convicciones, de su coherencia, tuvo muy claro a lo largo de toda su gestión que con determinadas personas nunca (pero nunca) se habla con el corazón.

lunes, 28 de octubre de 2013

Medio término.

Voy a dejar por escrito (no por nada retomé la escritura de este diario íntimo virtual) las impresiones que me han dejado las elecciones de ayer nomás, por las que se renovaron bancas en la Cámara de Diputados y en el Senado, de alcance más amplio, desde que (según se mire) miden la temperatura política del electorado de cara a las elecciones que siguen, las de 2015, cuando se elegirá quien suplante a Cristina Fernández de Kirchner.

Detesto las medias tintas, no obstante anoto que descreo en la sensatez de leer la elección como una catástrofe para el Gobierno Nacional, aunque tampoco considero sostenible el festejo de lo sucedido ayer por parte del FPV.

La nota distintiva a mi modo de ver de estas particulares elecciones es el predominio de nadie sobre nada: no han habido elecciones que hablasen tanto de la realidad cotidiana de cada provincia, sus electorados votaron según la coyuntura (aunque no estrictamente) predominantemente local. Y allí fincan las razones del contento de la alianza gobernante: no hay un líder opositor que se yerga como indiscutido aunque, tampoco hay un sucesor capaz de reunir en torno de sí, el portentoso 32% de los votos que a escala nacional supo cosechar el FPV tras diez años seguidos en el poder. Todo un prodigio.

Quizás porque resido por estos lares, considero a Cuyo la región que determina el signo del comicio, con resultados bien que repartidos en cada Provincia. Si en Mendoza el inexplicable Julio Cobos ratificó su predominio (con fuerte color local: fue Cobos quien en la mirada de tantos desafió la diKtadura del FPV -y la hizo tambalear-, había sabido antes gobernar aceptablemente Mendoza); los Rodríguez Saá volvieron a ser profetas en San Luis; en tanto lo sanjuaninos votaron con el corazón puesto en el último caudillo de la Provincia, ausente en las mesas electorales mientras lucha por su supervivencia. Triunfos, amplísimos todos, de cada uno de los referentes de organizaciones, frentes o alianzas bien distintas las cuales, es de prever, marcharan separadas dentro de dos años.

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires también votó parecido: mirándose el ombligo, premiando a un administrador que se juzga eficaz (a diferencia de quien escribe, con poca compañía en su convicción) aunque ese líder menosprecie de un modo tan subrayado a ese electorado que lo acompaña con tanta fidelidad. Basta reparar en los patéticos festejos de esos triunfos (coreografías mediante) con destinatarios poco apreciados en su intelecto por parte de quien los viene urdiendo desde hace muchas (demasiadas) elecciones ya.

O quizás, las razones del voto a los candidatos de ese sector haga pie  en la abominación de ese electorado al kirchnerismo, ámbito en la cual hace carne -evidentemente- la prédica del principal enemigo del Gobierno Nacional, el multimedios Clarín, prédica que contribuyó a la importante derrota de Daniel Filmus a manos del pragmático Solanas, que debe sentirse satisfecho con la opción que tomó cuando tiró por la borda cierta coherencia ideológica que supo sostener por décadas, con un premio por el que había perseguido tanto del brazo de aliados a los que siempre abominó. Como sea, al advenedizo Solanas, un electorado que siempre le desconfió lo premió (y cómo), aunque en verdad lo haya elegido para evitar un mal mayor.

Es notable el desempeño de los candidatos del FPV en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, siempre pobre, desde 2005, incluso, cuando Néstor Kirchner reunía adhesiones en la capital por encima del 85%; siempre se lo confinó en elecciones locales o nacionales, con la excepción de 2011. La sorpresa parte de que no hay argentinos que se hayan beneficiado tanto con el modelo kirchnerista como los de la Ciudad de Buenos Aires, cuyos vecinos (entre tantos beneficios) desde 2003 (¡!) pagan chauchas y palitos por el gas, el transporte, la luz y el agua; a diferencia de quienes no cuentan con dos de esos servicios (en especial el del gas) que deben sufragar costos altísimos por las garrafas que consumen, electores que supieron acompañar, paradójicamente, al FPV. Privilegios que esperamos, se acaben  más pronto que tarde. No es cuestión de privarles (nuevas) razones para oponerse al Gobierno Nacional.

Al igual que en el resto del país, en ese distrito, los sectores menos favorecidos son los que más leales al proyecto gobernante, lo que se desprende de los resultados discriminados en comunas que puede consultarse en "resultados.gob.ar". En el rubro "Diputados Nacionales": "Union PRO" y "UNEN" se repartieron las comunas, prevaleciendo la Cochonga (hizo una gran elección, parece haber recuperado el voto delarruista que supo serle esquivo). Se impuso en las Comunas Nº 5,  (Boedo y Almagro); 6 (Caballito), 7 (Parque Chacabuco y Flores), 10 (Floresta, Versailles, Montecastro y Villa Luro), la 11 (Villa Devoto, Villa del Parque y el pago de Omar Ferrari); Bergman, en cambio, prevaleció en las más acomodadas y en Liniers y La Boca. El FPV, fue relegado al tercer lugar en todas, menos en dos: la comuna 4 (La Boca, Barracas, Parque Patricios, Pompeya y más allá la inundación) y en la comuna 8 (Villa Lugano, Soldati y Villa Riachuelo), donde peleó un primer lugar que perdió por poco.

De sur a norte, los candidatos del FPV fueron perdiendo votos progresivamente según el ascenso cardinal. En la categoría "Diputados Nacionales", en la Comuna 8 (la más pobre de la Ciudad), la lista encabezada por Juan Cabandié obtuvo el 34,30% de los votos; Comuna 9 (Mataderos, Parque Avellaneda): 26,88%; Comuna 10 (Liniers): 22,26%; Devoto (comuna 11): 20,15%; Comuna 12 (Saavedra, Urquiza y Coghlan): 19,69%; Comuna 13 (Belgrano, Núñez y Colegiales): 13,91%; recupera pocos votos en Palermo (Comuna 14): 15,10% y cae a un piso de 12,11 % de los votos en la Comuna 2, Recoleta.

Curiosidades de la composición del voto al margen, nada parece sencillo al momento de evaluar qué nos ha dejado la elección de hace unas horas nomás, quizás se pueda coincidir en que nos deja incógnitas abiertas hacia lo que viene: nadie puede arriesgar (sin exponerse al ridículo) qué pasará a partir del 10 de diciembre de 2013, cuando asuman los electos, se vayan los que no han podido renovar sus bancas (en lo personal lamento la salida de Filmus, pena que se neutraliza con la salida -esperemos que por siempre- de una inmundicia de apellido Olmedo, oriundo de Salta) y sigan los que están.

Si seguirán ocupando los espacios políticos que hasta el 26 de octubre venían integrando, en especial dentro de las tiendas del peronismo.

De ello dependerá lo que viene, si es que Cristina gobernará una transición (sí que lo es) ordenada de cara a la Presidencia que suceda la suya o, en cambio, si la oposición en el Congreso, cuchillo y chaira en mano, nos depara un bienio insoportable.

La entrada se ha hecho larga, la Provincia de Buenos Aires (los soprendentes resultados electorales de esa Provincia, por lo menos para quien escribe) merecerán alguna que otra reflexión en una próxima.

Como sea, no deja de ser relevante y grandioso que se haya votado una vez más.

Que sigamos con esa feliz y sana costumbre de votar cada dos años, ininterrumpidamente desde 1983.
Por más que el resultado le deja a quien escribe un sabor demasiado amargo.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Gente que piensa diferente.

Desde este lugar ínfimo, vamos a poner nuestro granito de arena (para despuntar la entrada con un lugar común horrible) que alimente el médano infinito del cambalache en el que se ha convertido la sufrida política de este sufrido páis.

Es notable como todo se tergiversa. Notable resulta la facilidad de los tergiversadores de todo en este final de campaña enloquecido: con la Presidenta y el gobernador de San Juan convalecientes, con el gobernador de Santa Cruz advirtiendo que le "quieren tirar un muerto", con la casa del gobernador de Santa Fe, baleada; con un atentado a la candidata jujeña Milagro Sala; con un nuevo siniestro en el ramal Sarmiento de la red ferroviaria metropolitana, el de un tren manejado por un psicópata que anunciaba tragedias por un blog como este y -según informa La Nación, ni más ni menos- tomaba sol y dormía (según su propia confesión) mientras piloteaba formaciones repletas de pasajeros de tez cobriza y pobre, por lo general.

En medio de todo, el evento Cabandié. En principio, el de menor relevancia.

A esta altura debiera escribirse el evento Cabandié-Casero, o las pruebas de la degradación de un artista que uno quería hasta el evento Cabandié.

Es notable, escribíamos, como se tergiversa, como se da vuelta todo: según la lógica "Casero" Estela de Carlotto (y la de tantos y tantas dispuestos a acompañarlos porque denuncia los abusos de una dictadura) es autoritaria y el comisario que se apropió de Juan, cuando tenía horas de vida, un filántropo que rescató a un bebé de las garras de la subversión.

Esto último corre por mi cuenta (lo de las garras de la subversión) lo otro lo dijo el mismísimo hiper obeso protagonista de Farsantes. Que el comisario (ahorraremos su apellido) que se apropió de un bebé cuya madre y padre serían inmediatamente desaparecidos después de haber sido secuestrados y confinados en las mazmorras de la dictadura, que le puso su apellido, falsificando una partida de nacimiento, rescató a ese bebé, a la postre y con dos décadas transcurridas, legislador Juan Cabandié.

No dejo de sorprenderme al repasar la declaración del desaforado Casero quien desde que tuvo el desatino de decir lo que dijo (o de mostrar su pensamiento profundo) en el programa del domingo a la noche que conduce un extorsionador de zapateros, otrora periodista, sigue y sigue con lo mismo.

Que tiene miedo. Que vivimos en una dictadura. Que le advirtieron que no hablase porque le mandarían la AFIP. Que para callarlo tendrían que matarlo. Que en ese caso pasaría a la clandestinidad. Que Estela de Carlotto integra una patota de persecutores de opositores que se materializa a través de los programas de PPT, que denostan a quien piensa distinto (ver: http://www.lanacion.com.ar/1631645-la-replica-de-alfredo-casero-a-estela-de-carlotto-senora-no-soy-el-enemigo) y otros excesos de quien parece no pensar en lo que dice, ni tener al lado nadie que lo haga reflexionar.

Demás está aclarar que no se pretende que Casero sostenga que vivimos en el mejor de los mundos, que Cristina Fernández es inconmesurable en su talento para gobernar el país, que Cabandié se comportó cuando fue sometido a un procedimiento ilegal a manos de numerario de la Gendarmería y de un pichón de bataclana, como un lord inglés y que está enamorado de Sandra Russo y de Orlando Barone; sólo que entienda que lo que ha dicho (y en consecuencia le contestó Carlotto) es aberrante. Que si algún Fiscal tuviera tiempo y ganas podría denunciarlo por haber perpetrado una apología del delito, aunque es deseable que no tenga tiempo ese Fiscal, porque una detención o un llamado a indagatoria de Casero daría pasto a quienes creen en el miedo, la persecución, la dictadura y otras teorías elaboradas al calor un par de décadas de abusos, según parece.

Que nadie en ningún lugar del mundo sería quedaría impune si dijera que Hitler hizo bien en exterminar judíos y que (llegado el caso de que se hubiese urdido un plan de la especie del llevado a cabo en la Argentina) los bebés judíos hijos de los exterminados en los campos de concentración, habían sido rescatados por oficiales de las SS.

Algo parecido (no exagero en lo absoluto) dijo Casero al hablar de rescate, en lugar de apropiación.

Y, paranoicos como somos, no creemos que sea casual que Casero haya dicho lo que dijo, sino que es consecuente con lo que días atrás le había dicho Carrió al propio Cabandié durante un debate televisivo: "el delito no se hereda. Vos tenés que saberlo, que sos hijo de desaprecidos". Empleados ambos del "Grupo Clarín", metieron el dedo en una llaga demasiado abierta y a juzgar por las repercusiones, la cosa no salió tan mal para sus patrones: no cosecharon el repudio que merecían por haber dicho lo que dijeron.

Seguramente, por lo que muchos sabemos (y hemos escrito en este espacio): no existe un consenso lo suficientemente amplio de condena a la represión estatal perpetrada en los '70, bien por el contrario, son unos cuantos los que (en silencio, la mayoría) ponderan y justifican esos delitos, sino no se entiende como tanto imbécil anduvo difundiendo un suelto publicado en una cloaca de la web (SEPRIN) que publicó los domicilios del matrimonio Cabandié-Alfonsín, padres de Juan; porque ambos figuran en los padrones electorales. No sorprende la bajeza del SEPRIN, de mierda están hechos sus redactores, escoria de la más baja, sí que haya tanto idiota difundiendo las psicopatías que se difunden desde ese inmundo portal.

Más preocupante es, que ningún dirigente opositor haya reparado en los desbordes de Carrió y de Casero, que Binner, Stolbizer, Alfonsín o, por qué no, Michetti, De Narváez o Massa hayan expresado cierto acompañamiento personal a Cabandié, por lo menos, que lo hayan hecho público. Que expresaran que les resulta deleznable que se justifique como lo han hecho ambos la desaparición de sus padres y su apropiación.

Entre tanta mierda, sólo cabe esperar que termine una campaña inesperadamente violenta, preparatoria de una etapa que se viene, que se presenta muy difícil, así lo evidencia la intemperancia del grueso de la oposición y por sobre todo, del grupo económico que opera detrás de la mayoría de sus dirigentes, perdida la batalla legal, según parece, en la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Grupo económico, dispuesto a convertir al país en un caos, según lo advirtió en agosto un extorsionador de zapateros, que supo ser periodista, desde los estudios del canal de televisión de ese grupo económico en uno de los tantos shows de los domingos a la noche.

sábado, 19 de octubre de 2013

Cabandié.

Mucho se habló sobre Juan Cabandié durante de los días que pasaron, a raíz de una hábil opereta pensada y ejecutada por quienes lo buscaron y encontraron al legislador y candidato del FPV, mientras se conducía en su auto por Lomas de Zamora por el mes de mayo.

Tanto se ha hablado (decíamos) que no creo que sea útil volver sobre el evento, dijimos, hábilmente utilizado.

Si algo me molestó, me dolió en verdad, fue la soledad en la que se lo ha dejado a Cabandié.

Incluso en 678 lo amonestaron, quizás porque creían quienes lo amonestaron que lo merecía. Quien escribe en su momento se convenció de que Cabandié había estado mal cuando reaccionó como reaccionó.

Fue notable, entonces, como todos entramos en el juego de aquellos que le tendieron la cama en la que Cabandié se acostó, sin reparar en cuestiones demasiado evidentes: Cabandié (a partir de la extensión temporal del supuesto control automotor al que fue sometido) fue víctima del accionar represivo de agentes de fuerzas de seguridad que no pierden las mañas de otras épocas, añoradas por unos cuantos de ellos. Si me apuran, quizás era sometido a una privación ilegal de la libertad.

Ante lo evidente, insisto, nos quedamos con la anécdota: Cabandié habría sido destemplado con quienes lo detenían y eso estaba mal. Era anti-democrático.

Es curioso lo boludo que puede ser uno.

Aunque Cabandié debió haber sabido que le tendían una cama, que la lucha es decisiva y que hay que estar atentos a zancadillas como la que le tiraron, el reproche fue excesivo.

El de quienes lo vamos a votar, porque quienes abominan del proyecto político en el que militan,  odian a Cabandié como a ningún otro exponente del FPV: Moreno, Boudou y D'Elía no generan en ciertos opositores el encono que provoca Cabandié.

Las razones, por evidentes, vamos a destacarlas: Cabandié es joven (que no sabe nada de nada, como propuso respecto de otro joven de ese sector un carcamán excedido en juventud que participó en un debate de televisión la semana que pasó) y, desde luego, referencia al FPV en una de las aristas que más molesta a tantos y a tantas: antes de mayo de 2003, Juan no era Juan ni era Cabandié; llevaba el apellido de quien él creía que era su padre y en verdad era quien lo había secuestrado, luego de participar de la desaparición de los verdaderos padres de Cabandié.

Delito aberrante, que un payaso miserable definió esta semana como un rescate, o de alguna manera igualmente deleznable.

Cabandié, entonces, es el dirigente que más incomoda a cierta gente, porque corporiza y reivindica (de una manera impensada) una militancia que se creía desterrada para siempre, mediante la eliminación de esos militantes, faena que alcanzó a sus hijos que fueron trasplantados a otras familias, para que fueran criados en otros valores. Rescatados de la subversión.

Cabandié es entonces la prueba de la ignominia de una sociedad que (en el mejor de los casos) miró para otro lado cuando a sus padres los secuestraban, torturaban y desaparecían.

Será por eso que molesta tanto la candidatura de Cabandié y se aprovecha cierta actitud enérgica ante una vejación a la que fue sometido en mayo pasado para tratar de enterrar ese dirigente que perturba las sucias conciencias de tantos y tantas.

El Sarmiento.


Vamos a escribir en caliente, práctica desaconsejable, seguro, pero que voy a emprender desde este lugar chiquito.

Otra vez un nuevo accidente ferroviario. Otra vez, en el ramal Sarmiento.

Varado en San Juan (no hubo modo de volver a Buenos Aires a causa de un sorpresivo paro de los aeronavegantes) hago zapping ente canal y canal de noticias.

Exultantes, en TN, algo menos en C5N, preocupados en 26 TV.

Todos coinciden en que no hay muertos ni heridos graves.

Interviene el juez Lijo, que mandó a secuestrar cámaras de seguridad y ordenó la detención e incomunicación del motorman.

Veamos.

Si en algo coincidieron todos los analistas de las PASO de agosto, el resultado adverso en la Provincia de Buenos Aires tuvo directa la relación con el resultado desfavorable del candidato del gobierno, en especial, a partir de la dura derrota de Insaurralde en Morón, partido que viene gobernando desde hace más de una década el sabatellismo, aliado del gobierno sumado a la merma electoral en el primer y segundo cordón del conurbano.

Ayer nomás, Clarín destacó que Insaurralde había acortado significativamente la distancia que lo separaba de Massa, quien seguramente va a ganar las elecciones generales.

Desde la tragedia de Once de febrero del año pasado (a dos meses de la reasunción presidencial de Cristina) viene operándose un cambio en materia de la política del Gobierno Nacional en el transporte
en especial, el ferroviario, con alto perfil del nuevo responsable, Florencio Randazzo.

Randazzo, ha dado prioridad en su gestión al transporte ferroviario, con el ambicioso objetivo de reconstruir la red nacional, desmantelada hace 20 años, política que lo ha llevado a cerrar acuerdos en China para la adquisición de más de mil formaciones para renovar todo el material rodante de los servicios metropolitanos y de media y larga distancia, además del servicio de cargas, igualmente desguazado durante los '90.

En ese métier, el Ministro del Interior y Transporte, dispuso la estatización del servicio, iniciando un giro sustantivo en la política de transporte (y en especial de las turbias relaciones del Estado con los concesionarios privados) lo que significó una merma sustancial en el poder de Julio De Vido puertas adentro del Gobierno y del kirchnerismo.

Durante los meses de Randazzo, fueron cotidianos los enfrentamientos con los sindicatos ferroviarios, en especial "La Fraternidad" y roces con el Pollo Sobrero, delegado de la "Unión Ferroviaria" de los trabajadores del ramal Sarmiento. Ese enfrentamiento, tuvo episodios álgidos, por ejemplo, cuando Randazzo difundió videos capturados en la cabina de los trenes de ese ramal y del Mitre, que mostraban a los motormen durmiéndose, leyendo o utilizando sus teléfonos celulares.

Muchos, entre ellos quien escribe, acompañamos con expectativa la tarea de Randazzo y hasta pensamos que, de ser exitosa su política, podría ser el candidato del proyecto en 2015 a quien, naturalmente, estábamos dispuestos a votar.

Mientras escribo, Adrián Vetura (quien nadie puede confundir con alguien que no quiera lo peor para el Gobierno Nacional) informa por TN, que se encontró en la mochila del motorman del accidente (actualmente internado y detenido por orden del juez Lijo) el disco rígido de la cabina que extrajo de la carcaza del tren.

Entonces.

Podemos caer en teorías que parecen puestas en bandeja: aquellos que vienen anticipando que si el Gobierno no "toma nota" del resultado de las PASO y modifica la dirección de sus políticas en  sentido contrario a las que viene llevando adelante desde 2003, el país, como anunció con toda claridad un gordito que extorsiona zapateros para que publiciten en sus programas de radio y/o televisión, el país se va a transformar en un caos.

Y lo de esta mañana puede estar enderezado en esta dirección.

Escribimos en caliente y a poco de escribir lo que escribimos nos asaltan dudas que morigeran la teoría que expongo: es difícil pensar que esta gente pueda llegar a tanto, o que haya militantes de esos sectores prestos a inmolarse cual kamikazes de la segunda guerra, no arriesgamos más sobre el punto, ni le quitamos responsabilidad a Randazzo en este nuevo evento: si te quieren joder y lo sabés, tenés que hacer mucho más de lo mucho que estás haciendo para evitar que te jodan.

Porque te joden, pegando donde duele: todas y cada una de las víctimas de los TRES siniestros de la líneas Sarmiento (siempre la Sarmiento. Aunque anden espantosamente, no se duermen los maquinistas del Mitre, del Belgrano Norte, del Belgrano Sur, del Roca, del Urquiza, siempre del Sarmiento), máxime cuando los pasajeros cuentan por televisión que el maquinistas de ese tren estaba frenando mal en las estaciones previas a la terminal de Once en la que se produjo el siniestro, por lo cual le atribuyeron responsabilidad y casi lo linchan cuando descarriló en Once.

Algo tenés que hacer, Florencio, para que no suceda más.

Y si sucede, y si es adrede, hay que impulsar los procesos judiciales para investigar un presunto atentado contra el orden constitucional y engayolar a muchísima gente, aunque sumas al país en el caos.
 

Muy difícil lo que se viene, peor de lo que uno imaginaba, de lo que anticipó por Radio Mitre un fresco de risa bobalicona después de las PASO. A una semana de las elecciones, otro tren del Sarmiento no frena y descarrila y otra vez las imágenes de ambulancias, helicópteros, gente ensangrentada y testimonios de un siniestro que pudo haber sido evitado y no se evitó.

Quizás, como anticipó el fabuloso Tenenbaum, habremos de pasar los meses que restan hasta diciembre de 2015 (que nadie se ilusione con una salida anticipada) abajo de la cama.

viernes, 11 de octubre de 2013

El delito no se hereda.

Y eso que no iba a escribir en este espacio chiquito, de confesiones chiquitas, de la política de todos los días (o de lo que se le parece).

Le hurto minutos al laburo para compartir reflexiones acerca de Elisa María Adelina Carrio, Lilita, dirigente política a la que le hemos dedicado mucho espacio en estos lares.

Es muchas cosas Carrió, nunca una loca, una desquiciada.

Para algunos es una mujer valiente, osada, honesta, convencida de sus convicciones; otros la creemos cruel, cínica, resentida, perversa.

Y ante todo, reaccionaria.

No tanto por lo que piensa (o lo que uno cree que piensa) sino por lo que representa o pretende representar: la anti-política excluyente dura y pura, en especial por estos días, por estos años, durante los cuales ha dejado de lado la veleidosidad académica que fingió, proponiendo contratos morales u otros disparates; no ya porque desechemos como un valor imprescindible a la ética política (que se diferencia en mucho de la moral que cacareaba Carrió) sino porque el planteo estaba orientado a reflotar las creencias atávicas de radicales reaccionarias como ella que equiparaban al peronismo con la corrupción.

No soy, no fui, a esta altura del partido, tampoco seré, peronista. Sí soy (a mi manera, quizás porque aquello que se hereda no se hurta) radical. Un radical que nada comparte con Carrió, como con tantos otros radicales que piensan tan distinto a uno, de lo que he escrito ya demasiado.

Soy un radical que advierte a los radicales (sin pretensión alguna) acerca de los vicios atávicos que durante muchos años hemos arrastrado los radicales, defectos nacidos a partir de un trauma que muchos no pueden superar y que finca en la irrupción del peronismo en la política, que llevó a tantos radicales (cuantas veces he escrito lo mismo) a adherir a quien veían (Perón) como heredero de las tradiciones democráticas y populares del caudillo de aquel radicalismo (Yrigoyen). Homero Manzione, por todos.

Fueron muchos los radicales que abominaron a Perón y lo enfrentaron por el sesgo dictatorial de sus primeras Presidencias (cariz innegable a partir de concebir a su movimiento como la punta de lanza de un proceso revolucionario) cuestión que no nos resulta tan irritante como las convicciones arraigadas por muchos de esos muchos radicales, cuando el peronismo (los peronistas, con Perón a la cabeza) comenzaron a ser perseguidos por regímenes que venían a enterrar esa tradición y la del radicalismo, que definimos, como nacional y popular.

Es clara la referencia.

Sin embargo, no tantos, pero unos cuantos, radicales acompañaron esas experiencias, se involucraron en las administraciones de gobierno, dando pasto, ministros y en especial, legitimación a la política de reversión del camino desandado por Yrigoyen y por Perón.

No tenemos dudas acerca del significado ideológico y cultural de Carrió: representa esa tradición política con una fidelidad asombrosa.

En especial porque, como también hemos escrito reiteradamente en este espacio, esa reacción es meramente destructiva y cocinada en un odio de clase que nadie representa mejor que Carrió.

Candidateada (¡otra vez!) hay que soportarla, porque debe ser tolerada, agrandada como alpargata en el agua, post 1.78% de las elecciones de 2011, con aires de Ave Fénix de opereta. No recuperará lo que alguna vez tuvo (si es que lo tuvo), pero remontará desde el subsuelo profundo en el cual la sepultaron los electores hace apenas dos años.

Exultante en ese plan, ha vuelto recargada, entusiasmada con una publicidad de campaña que apela al ridículo, ridiculizándose así misma (como en la foto que sigue, mediante la cual con cierta ocurrencia le responde a Aníbal Fernández, uno de los tantos pasos de comedia de ese inesperado dúo cómico) o empapelando Buenos Aires con afiches que piden el voto a ella para combatir a los Kerner.

Podemos preguntarnos si es necesaria Carrió y diría que sí, porque el voto ultra, reaccionario, fascista, debe contar con un canal de expresión en las mesas electorales (fallecido Bussi, impedido de votar siquiera, Abelardo Patti), sólo que me permito advertir a quienes piensan bastante distinto sobre el sentido de sus votos: votar a Carrió, hoy, dice mucho más contra el sistema democrático que hacerlo por el rabino PRO, con lo que supone afirmarlo.

Y no me nubla mi antipatía a la candidata.

Lo dice ella. O su subconsciente. Como cuando cruzó a Cabandié en el debate televisivo en TN. Carrió (más allá de la forzada e hipócrita aclaración producido un corte televisivo) le dijo al nieto recuperado Cabandié que "el delito no se hereda", con relación a los presuntos delitos que -según Carrió- ha cometido Enrique Coty Nosiglia y la candidatura de un hijo del dirigente radicales en las listas de legisladores de UNEN.

"Vos deberías saberlo, que sos hijo de desaparecidos", dijo como para que no quedaran dudas.

Después se retractó, dijimos, desmereciéndose así misma, pidiendo lastimosamente disculpas, retractación en la que no creemos ni un poco. Porque piensa eso Carrió. Como tantos de sus votantes, que los desaparecidos son delincuentes, porque si no, no hubiesen desaparecido.

"Delincuentes subversivos", se los denominaba en los expedientes judiciales de mediados de los '70, cuando se tramitaba en el papel, lo que luego se resolvería de un modo más sencillo y expeditivo. Vaya si lo sé, trabajando cotidianamente con testimonios de ese tiempo.

Muchas veces debe haber tipeado esa denominación en dictámenes de una Fiscalía del Chaco durante esos años, la actual candidata a diputada por UNEN, Elisa Carrió.

Gajes del subconsciente y la memoria, que a ciertas gentes no la deja en paz.

jueves, 10 de octubre de 2013

Esa señora.

Como suele sucederme, me entregué esta noche una vez más a 678, programa que vengo viendo desde hace varios años ya.

Muchas veces, encuentro a partir de la línea editorial del programa argumentos para adherir al gobierno, no pocas veces discrepo, me enojo, me incomodo ante cierto acompañamiento excesivo al gobierno nacional y en especial hacia la persona de la Presidenta. Nunca dejo de valorar que 678 y sus responsables se muestran como son: un programa abiertamente identificado con el kirchnerismo, presto a romper lanzas siempre y en todo momento.

Ese es uno de los tantos valores que encuentro en ese hallazgo comunicacional, la pluralidad que se desprende de ese ámbito, tan contrastante con la presunta objetividad y pureza de otros comunicadores, operadores de cuarta, chantas como el sujeto del síndrome de Hubris.

En el programa de hoy, miércoles 9 de octubre, el invitado fue el querido Claudio Rissi, que devolvió en cada intervención comentarios sólidos y jugados. No se guardó nada y nos representó a unos  cuantos, en especial cuando dijo lo que debía decir sobre el Dr. Hubris, Leuco, el moribundo Grondona, Mariano, Majul y otros sujetos de ese jaez. Temperamento que mereció la amonestación de Cynthia García, esa periodista que proclama un espíritu gandhiano de tolerancia que la ha llevado a salir micrófono en mano a la calle durante una de las marchas energúmenas del año pasado, en el afán de preguntarle a los energúmenos que marchaban por qué lo hacían, exponiéndose así al linchamiento que por poco estuvo de producirse.

Nada tengo que oponer a las tendencias masoquistas de la querible García, sólo que su crítica a los comentarios (urticantes, pimentosos, jugados) de Rissi dedicados a personajes tan poco respetables es vista por el boludo que escribe como una sobreactuación de la tolerancia de su kirchnerismo hacia los detractores más enconados de ese espacio político.

Lo que no quiere decir que deba salirse con los tapones de punta a todo opositor que disienta, con toda firmeza, pero sin la aviesa leche de gentes como los operadores mediáticos que mencionábamos.

No sería justo, creo, salirles de ese modo a Margarita Stolbizer o a Ricardo Alfonsín, por ejemplo, duros opositores quienes, más allá de cierta comidilla, no han caído en la diatriba hecha de un odio idiota, no obstante se les haya colado cierto candidato a concejal por Cañuelas presa de un desequilibrio mental lastimoso, que lo llevó a festejar la enfermedad de Cristina y a reivindicar esa insensatez durante un reportaje radial. Un pelotudo -diría el querido Rissi- que buscó (y consiguió) unos minutitos de aire. Esperemos que lo voten menos electores que los pocos que pensaban votarlo hasta su penoso estrellato.

Volviendo a 678 y cerrando la entrada, todas las emisiones se hacen un lugarcito para Joaquín Morales Solá, a quien la producción detesta con placer, digamos.

Desde los títulos del programa aparece Joaquín y siempre, insisto, es buena la ocasión para ocuparse de él. Quizás porque a nadie le hizo tanto daño 678, daño bienvenido, por supuesto.

Se lo bajó a los ponchazos del pedestal de prócer del periodismo viviente, su palabra dejó de ser la autorizada voz, la magnánima pluma que dictaminaba la vida y la muerte de ciertos gobiernos recientes, el de De la Rúa por ejemplo, cuyo largo y lento ocaso comenzó con una columna de Morales Solá que informaba sobre los sobornos en el Senado por la aprobación de la ley de flexibilidad laboral, hecho por el cual se ha acusado a ese Presidente desteñido y patético a la pena de seis años de prisión.

Ya no es el que era entonces, don Joaquín.

Hasta quienes lo leen saben que escribe lo que escribe porque existe detrás una mano (una cuenta bancaria) que justifica y confiere razón de ser a sus dictámenes, emolumentos que le permiten solventar los gastos de la vida principesca que viene gozando desde hace décadas el otrora censor de Caloi en la redacción de Clarín.

Esta noche, los ácidos y tendenciosos muchachos de 678 refrescaron sus reflexiones acerca de los reportajes que convocó la Presidenta en los cuales, según don Joaquín: "esa señora no deja hacer preguntas y contesta lo que quiere".

Curioso razonamiento.

No conozco entrevistado que conteste lo que quiere quien lo reportea, salvo que sea el desdichado De la Rúa que era un experto en superar toda caricatura que pudiera concebirse de él, durante los meses del derrumbe.

A partir de estos reportajes, se han escuchado imprecisiones curiosas respecto de la predisposición de los Presidentes de la democracia argentina a las entrevistas periodísticas. Se da a entender que todos se prestaron a esas charlas, lo que es abiertamente falso puesto  que a diferencia de De la Rúa (parámetro jodido, creo) que podía desfilar por cuanto programa se lo invitara (para ser solapeado en Showmath o lamentarse en el living de Susana Giménez porque se acabó la merluza -era desopilante Fernando-) o Carlitos lo hiciera en su afán cholulo (que llegó a summun cuado condujo Tiempo Nuevo mientras su conductor, el inolvidable Bernie se recuperaba de una operación) ninguno de los otros Presidentes se sometió indiscriminadamente a las inquietudes de los periodistas.

En el afán de recuperarlo para pegarle al gobierno, muchos evocaron a Alfonsín, quien dio un solo reportaje a lo largo de su Presidencia: a Tomás Eloy Martínez en un programa que se llamaba El monitor argentino, en las preliminares de las elecciones de 1987, principio del fin de su gobierno. Dio muy pocas conferencias de prensa, las cuales por lo común no terminaban en buenos términos: tenía su carácter del Gallego en especial hacia los cagatintas, como sabía denominar a quienes viven de lo mismo que Morales Solá.

No recuerdo reportajes a Duhalde, alguno que otro me viene a la memoria de Néstor.

Sin embargo no deja de ser curioso que una dirigente con el manejo retórico de Cristina no tenga una relación más fluida con el periodismo, tendrá sus razones, la fundamental quizás sea que no le encuentra sentido a conversar con quienes la han destratado tanto desde un lugar tan personal, tan íntimo.

Como fuere, carece de la centralidad que le dan los periodistas,  Morales Solá, Joaquín, entre ellos que berrea seguido contra Cristina, esa señora, en sus palabras.

Y tiene razones, porque esa señora, no sólo contesta y habla de lo que considera necesario, oportuno e inteligente hablar sino que hace cuanto considera igualmente necesario y pertinente.

Con una coherencia entre el decir y el hacer incomparable con todos y cada uno de los Presidentes que la precedieron.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Tranquilo, viejo, tranquilo.



Pasó lo peor, para muchos, por lo menos. No pasó lo que muchos temíamos, lo que tantos (desgraciadamente, por ellos principalmente) anhelaban.

Y sí, fue un alivio que la Presidenta sortease una operación que todo el mundo (los que saben, por lo pronto) desdeñaban, pero que a muchos nos tuvo a maltraer.

Tiene razón Beatriz Sarlo: la enfermedad mueve conciencias y sentimientos, más allá de la leche con la que lo haya dicho anoche en los estudios de TN en el programa de la señora Morales Solá.

A muchos nos tuvo mal, angustiados el trance de una mujer que gobierna (y muy bien, en nuestra mirada) este país despiadado.

Siempre que veo 678, con el que muchas veces disiento, me pregunto por qué carajos lo hago, si me deja tan violentado, al oír tantas cosas tremendas, al palpar el odio de tantos y tantas, que no es la discrepancia, el disenso (válido, necesario, indispensable tal vez) en un sistema democrático.

Sólo que muchos tienen un odio jodido, inconcebible. Como ese personaje que está internado en el mismo sanatorio en el que se recupera Cristina, ese tipo corrompido, por donde se lo mire, que destila tanto veneno.

Y no se entiende bien por qué, porque al gordito no le ha ido tan mal. No quiero decir que tenga el imperativo de ser kirchnerista por haberse forrado (más que nunca) en estos años, lo que no debe determinar que tenga que adherir al gobierno o dejar una prédica ultra en contra de ese gobierno y de la persona de la Presidenta.

Conozco gente que en 2003 vivía del trueque y ahora tiene auto nuevo y casa nueva y empleo y no es kirchnerista. Señoras que no han aportado un mango al sistema previsional y cobran una jubilación, y no son kirchneristas. Son anti-kirchneristas y se rasgan las vestiduras protestando por el uso de la plata de los jubilados.

Aunque parezca hipócrita (desde la ironía a la que he apelado para aludir a personas que conozco de carne y hueso) es válido que no adhieran, incluso que sean tan ultras.

Sin embargo no se entiende (aunque conozcamos las razones) por qué tanto odio.

Dirán que lo genera Cristina. Tal vez. No entiendo cómo, pero quizás así sea; aunque sabían odiar antes de Cristina. La puta que odiaban y sabían hacerlo: negro de mierda, puta de mierda, puto de mierda, mogólico, grasa, villero, todos calificativos que desde siempre proclamaron las lengüitas de quienes odian a Cristina.

Insisto, porque quiero ser claro: no todo el que no adhiere odia.

Ni Margarita, ni Ricardo Alfonsín, ni Hermes Binner, ni Pino Solanas odian. Se oponen irreductiblemente, muchas veces con argumentos sólidos que hay que atender, pero no odian. Sarlo, no odia. Discrepa, fuerte y mal, pero no odia, porque sus razonamientos, aunque irriten, son precisamente, razonamientos y el odio nubla.

Podría hacer una larga lista, que incluye al gordito convaleciente, los conocemos a todos y a todas.

El odio nubla, los ceba a los odiosos odiadores y quizás, el tiro les salga por las culata. Porque quisieron lastimar a Cristina publicando una foto en la que se la ve muy angustiada ingresando al sanatorio en el que se la operaría y eso, tal vez, genere empatía en aquellos y aquellas que precisamente no adhieran a ella. Porque como dijo Sarlo, la enfermedad conmueve y acerca.

Lo notable (y esto quería escribir y para variar me fui por las ramas) es que el odio los deschava. Muchos protestaron, se burlaron incluso, de que las denuncias destituyentes eran fantasías o mentiras alevosas del gobierno. Que la oposición toda estaba compuesta por prohombres (y promujeres, habrá que escribir), respetuosos de la ley y de las instituciones y que era el afán dictatorial y hegemónico de Cristina el que nublaba el entendimiento y hacía ver en todo opositor a un destituyente.

Con todo esto, mostraron la hilacha. Volvieron a mostrar la hilacha. Y resulta que el vicepresidente Boudou no está en condiciones de reemplazar temporariamente a la Presidenta. Deberíamos preguntarnos entonces, para qué carajos fue electo, si la razón de ser de ese cargo inconcebible es ese, más allá de ciertas tareas menores que le asigna una Constitución que maltrata demasiado a ese cargo.

Y a la mierda con la instituciones, la República, la democracia y la mar en coche: como Boudou anda en moto, es un chorro (un impresentable, según el indefinible Leuco, calificativo por demás estúpido y carente de todo rigor, dado que no se me ocurre cómo puede ser presentable uno; fue más astuto, cuando lo motejó de mamarracho), por la sencilla razón de que el gordito convaleciente lo condenó en su programa hecho de operaciones políticas inconsistentes, faena que le dio pie al gordito a hacerse pagar una estadía en el paraíso natural de Seychelles pagado por las finanzas del grupo Clarín.

Nadie ha sabido explicar por qué Boudou no puede ejercer temporariamente la Presidencia, a la espera de la recuperación de Cristina.

Quizás todo se circunscriba a que se prefiera en ese lugar a Norma Morandini o a Javier González Fraga, con el detalle que las fórmulas que se presentaron a elecciones sacaron muchísimos (pero muchísimos) menos votos que la que integraba Amado Boudou.

Una vez más vuelvo sobre aquello de la torpeza de los odiadores odiosos: se les está yendo la mano. Muchos y muchas que han votado en contra quieren un cambio, pero no votarían las condiciones para un derrumbe.

La democracia, que le dicen.

domingo, 6 de octubre de 2013

Decisiones.

Son las cinco menos veinte de un domingo y como todos los días domingo, comienzo a empren
der mi vuelta desde Buenos Aires a San Juan.

Vuelve a repetirse la rutina de todos los domingos, de casi todos, desde julio de 2012 a esta parte: emprender el regreso a San Juan, dejando atrás un fin de semana en Buenos Aires.

Reiteraré la secuencia de cada domingo: impresión del chek-in, llamado al radio taxi, espera en el café de siempre, donde me atiende la amiga Basilia, quien ya sabe que tiene que traerme un té con limón y un agua con gas. Mientras espero el pedido, repaso los titulares de Página/12, tomo el té (con limón) y espero que se haga la hora para embarcar. Le mando un mensaje de texto al amigo José, que me pasará a buscar por el aeropuerto de San Juan a las 22.05 (si el avión, como suele suceder, sale y llega con puntualidad).

Siempre es corto el fin de semana. Se me escapa, como casi todo lo temporal, como agua entre los dedos.

Siempre me queda algo por hacer en Buenos Aires, siempre me pesa, emprender al vuelta a San Juan.

Especialmente este domingo, cuando me pasa lo que me pasa en este momento, cuando ando triste, preocupado en verdad.

Es cuando me pregunto las razones de mis decisiones; me inquieto acerca de si esas decisiones (aceptar un puesto, dos puestos, en verdad, en San Juan) fue una buena  decisión. Apenas me lo pregunto, me contesto que sí, este domingo con más vacilaciones que otros.

Y al examinar mi estado de ánimo, me pregunto acerca de las razones por las cuales pienso como pienso y creo en lo que creo.

Si uno elige, decide en realidad pensar y  creer en lo que se piensa y en lo que se cree.

Y no. Uno no lo elige, o por lo menos no es el libre albedrío el que determina que uno crea en lo que crea, piense como piensa, son decisiones que tienen sus razones. Y su costo.

Por ejemplo, el de obstinarme (inútilmente) en quedarme en Buenos Aires, sin más razones que querer quedarme en mi casa.

Como en andar muy triste y preocupado por la salud de una persona muy importante para tantos y tantas, entre ellos, quien escribe.

Y creer, y acompañar a esa señora que anda enferma, cuya enfermedad nos duele y nos preocupa a tantos y a tantas, tiene el costo de haber perdido (a lo largo de estos años decisivos, para uno) gente que creía querida y que a partir del rechazo a esa señora y a lo hecho por el marido que, no por nada, falleció en la tarea que ahora lleva adelante su viuda; que de tan ardua, tan decisiva, hace mella en su salud ya no es querida por uno.

No sólo por el disenso, válido, genuino, necesario en ciertos casos, sino por el modo de expresión de esa discrepancia, que tantísimos expresan con fundamento y respeto. No hay problemas con ellos, que piensan distinto a uno y bienvenido sea. El problema, son aquellos y aquella que mientras escribo con preocupación y con tristeza, sé que andan ilusionados, contentos, entusiasmados. Y eso los vuelve detestables para uno que arrastra un sentimiento de pesar por estos momentos.

Desde que me enteré de esta noticia tan dura, hablé con muy poca gente, Cecilia Mendoza  entre ellas. Es una de las personas que uno quiere y respeta: coincide con uno, pero discrepa con cierta adhesión a la señora enferma porque, conociendo la procedencia partidaria de uno, propone, en todo caso, una adhesión menos enfática. Que rescata cosas importantes, que adhiere, a veces; siempre a partir de una mirada crítica.

Anda tan preocupada como yo. Me hizo saber esa preocupación y se preguntó por qué siempre depende todo en nuestra historia de una persona, de la salud, de la supervivencia, del designio de una persona.

Habiéndolo pensado, coincido con Cecilia y me convenzo de que así es. Que no hubiera sido todo como lo fue sin Néstor Kirchner no hubiese sido electo de 2003, o su esposa no lo hubiese sucedido en 2007 y se la hubiera reelegido en 2011.

Que la impronta de ambos decide el momento que se vive y que la expresión de lo que ellos forjaron (que no nació del capricho o para satisfacer sus deseos íntimos) respondió a una tradición ideológica, política muy clara y por ello ha concitado el apoyo de millones. Y el rechazo visceral de otros tantos.

En definitiva, Simón Bolívar acertó cuando esbozaba constituciones con presidentes que tuvieran potestades monárquicas, porque por este pago la mano siempre vino así. Y quizás corresponda que así sea; que no dé lo mismo que gobierne uno o el otro; que no suceda el bochorno de los Estados Unidos, donde se han permitido un presidente proveniente de una minoría, para que todo sea lo mismo, adentro y afuera. O lo que sucede en Europa, en España, particularmente, donde el socialismo le limpió el terreno a los populares para que los dos (con cierto matiz intrascendente) hagan lo mismo.

Por todo eso es que, debo andar más triste que otros tantos domingos, a esta hora, cuando sé que tengo que volver a San Juan, dejado atrás un fin de semana que me resultó especialmente breve.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Clavo y canela.

Vuelto a este espacio intermitente, dejo de lado evocaciones nostálgicas de entradas anteriores y comparto impresiones sobre un evento de anoche (martes 1º de octubre), bien que ilustrativo de todo cuanto viene cociéndose por estas pampas bravías.

Ocurrió todo en "Palabras Más - Palabras Menos", show televisivo que conducen los hermanos Zlotowiazda y Tenenbaum, cuya apertura, anticipó lo que se venía. Con tono admonitorio y rictus paralizante, el bueno de Zloto (al estilo del médico del síndrome de Hubris) leyó (con la vista fijada en la cámara) un perentorio cuestionario que quienes entrevistan a la Presidenta debieran efectuar para que esas charlas fueran reportajes y no (traduzco a Zloto) la mierda que protagonizaron Brienza y Rial.

Era un cuestionario implacable, que anticipaba debía realizarse instando a la repregunta ante cada una de las respuestas posibles y era de suponer (a tenor del tono de Zloto y la risa boba, gozosa, de su coequiper) que Cristina colapsaría de tan incisivo cuestionario.

Cierto es que sería interesante conocer ciertas respuestas a las preguntas de ese listado implacable, sólo que no sé hasta qué punto tiene relevancia que la Presidenta no conceda entrevistas o que deba explicar una y mil veces sus acciones de gobierno clarísimas, tanto para tirios, como para troyanos.


La senda ombligocéntrica continuó en el segundo bloque cuando el dúo convocó a tres periodistas (o personas que viven de actividades parecidas al periodismo) para hablar del tema. Uno de ellos se presentó, o fue presentado en rigor, como asesor o algo así, del programa de Jorge Lanata. Birmajer, su apellido. Creo que algún libro de él leí. Lo cierto es que el muchacho entrado en años fustigó a los reporteadores de la Presidenta (evocando el requerimiento que a voz en cuello muchos de quienes viven del periodismo, en algunos casos, por más de medio siglo, entre ellos, el sensible Fernando Pochulu Bravo, que reclamó hacer preguntas entre pucheros) y dijo que no se le preguntaba lo que debía preguntársele a Cristina porque los periodistas tenían miedo.

Quizás así lo sea. Lo disimula muy bien Lanata, el del síndrome de Hubris, Leuco y el propio Pochulu Bravo (pucheros mediante) cuando denostan a la Presidenta, como debe ser en un país como el nuestro en el que se respeta como en muy pocas partes, la libertad de expresión más irrestricta, a punto tal que nada le sucedió al nada temeroso editor de la revista "Noticias" que publicó en tapa una caricatura de la señora de 60 años que gobierna el país masturbándose o el propio Lanata cuando exhibió los planos de la casa de esa señora querida en este espacio, quien, de haberlo hecho en los Estados Unidos con el hogar de los Obama, estaría purgando pena en Guantánamo. No es el caso de la Argentina de los Kirchner, donde todos y todas pueden decir lo que se les de la gana.

El segundo bloque dio pie a mi indignación, en especial hacia los recios conductores que amenazaban a Cristina mediante un úkase irreductible, quienes hocicaron, callaron y hasta admitieron que "se hicieron cosas en la Ciudad" ante lo gritos destemplados e histéricos de la candidata PRO al Senado, Gabriela Michetti. Los cagó a pedos, la Gaby PRO y los machos de "Palabras Más - Palabras Menos" se fueron al mazo.


El final fue lo peor, no voy a abundar porque queremos al entrevistado y lamentamos el papel que jugó adonde nunca debió haber ido.


Curiosidades, en suma, de un país asolado por una dictadura democrática, desafiada por demócratas intolerantes.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Paraguay.

Paraguayo por mandato genético, argentino por sitio de nacimiento, sudamericano en suma, quien escribe anda muy contento con lo sucedido ayer, 10 de septiembre en Buenos Aires, oportunidad en la cual el presidente paraguayo Horacio Cartes realizó su primera salida del país como mandatario. El primer destino (por mandato histórico, queremos leer) que Cartes ha elegido fue, Buenos Aires.

Esperamos que esa visita, tan significativa desde lo que propuso el presidente paraguayo (y muy especialmente por la actitud de su anfitriona, la Presidenta argentina) remueva las diferencias políticas que nos anduvieron separando, desde el derrocamiento institucional del presidente Lugo hace dos años, en sintonía con lo decidido por todos los gobiernos democráticos de UNASUR.

Una de las razones por las cuales (entre tantas) la Presidencia de Cristina será (muy bien) recordada es en virtud de su política de redifinición del pasado histórico, cometido para nada irrelevante: nadie debiera desconocer la importancia que sigue teniendo la historia oficial instaurada por el inefable Bartolomé Mitre, legado sostenido por el diario guardaespaldas (en términos de nuestro siempre presente Homero Manzione) del quien -precisamente- fue General en Jefe de la guerra de aniquilamiento perpetrada contra el Paraguay a mediados del siglo XIX, a cargo de la alianza integrada por la Argentina de Mitre, el Brasil imperial de Pedro II  y el Uruguay del sicario mitrista Flores.

La Nación, tal el diario que ha dejado Mitre como guardaespaldas de su memoria, siempre que puede se irrita con la presidenta Fernández, entre otras razones, porque la Presidenta hace y cree en valores diamentralmente opuestos a los de Mitre y sus discípulos supérsites de ese diario y en especial, de la Academia Nacional de Historia: la instalación en la sede de la Casa de Gobierno de la Argentina de los retratos de Juan Manuel de Rosas, José Gervasio de Artigas, Francisco Solano López, Hipólito Yrigoyen, Eva y Juan Domingo Perón, Ernesto Guevara de la Serna y Salvador Allende, entre otros, traduce un poderoso significante ideológico acerca de quienes la Argentina del siglo XXI viene a rescatar como antecedentes para la reconstrucción de su identidad como pueblo, consustanciado con la suerte y esencia de la naciones de la región.

Nada más lejos de lo que quiso y supo consolidar en su tiempo Bartolomé Mitre.

Cuya memoria ha vuelto a ser (felizmente) mancillada el día de ayer, cuando la Presidenta actual volvió a renegar de su obra más funesta, entre tantas de las que ese personaje deleznable de nuestro siglo XIX perpetró: la anotada destrucción del Paraguay, con el consiguiente y ensañado aniquilamiento de su población.

No fue la primera en seguir esa senda de justa enmienda hacia quienes han sido victimarios de la Argentina, no obstante su perseverancia es bienvenida y auspicia una mejor y más completa integración con una nación central en la construcción del consolidado MERCOSUR, bloque regional que se ha resignificado en grado sumo a partir del sentido que le han sabido imprimirle Néstor Kirchner, Lula Da Silva y Hugo Chávez durante la década pasada.

Ese desagravio, nada tiene de formal. Es sustancia.

Paradójicamente (o no), más allá del sesgo de los presidentes Lula y Rousseff, pude corroborar, en una visita a Río Janeiro, cuando visité el "Museo de Bellas Artes" carioca. El cuadro más importante es el que homenajea la "Batalla de Avaí", triunfo de la alianza contra el Paraguay, del 11 de diciembre de 1868, que marcaría el final de la guerra: pocos días después (5 de enero de 1869), las fuerzas aliadas ocuparían Asunción y la guerra se limitaría a la persecución de Francisco Solano López, en fuga hasta su heroica muerte, al año siguiente, en Cerro Corá.

Caída la fortaleza de Humaitá y relevado Mitre de la jefatura de las fuerzas de la Alianza (única carta de triunfo de Solano López) el ejército de ocupación al mando del imperial brasileño marqués de Caxias, dispone una batalla cuyos números son estremecedores: 5.593 hombres paraguayos, enfrentarían a 19.000 aliados, con consecuentes 3500 muertes de los defensores y 297 de los aliados.

Esa batalla se homenajea aún hoy en el Brasil que gobierna el progresista PT. La que sigue es una foto que parcialmente refleja al cuadro monumental que tomé en oportunidad de mi visita: 


Arriba, el escudo imperial, abajo, una leyenda que deja en claro que la batalla fue un triunfo brasileño sobre el Paraguay:

Enhorabuena que así lo sea. Junto a la batalla de la "Lomas Valentinas", en la cual las tropas de ocupación masacraría a una tropa de mujeres, ancianos, inválidos y niños de entre 7 y 14 años ataviados con los uniformes de los mayores que pelaban a falta de aquéllos que ya habían sido puntualmente aniquilados, Avaí es una de las páginas más horrendas de la historia sudamericana.

En "Recuerdos de la Guerra del Paraguay", el honrado militar argentino José Ignacio Garmendia, recuerda con espanto lo ocurrido en esa batalla despiadada: "Aterrados y anonadados, ya sin escape, se agrupan entre sí los paraguayos; los más bravos venden cara su vida, otros mueren sin sentirlo, los niños lanzan las armas y se arrojan a los pies de los soldados brasileros, se arrastran, oprimen sus rodillas pidiendo compasión. La piedad no da oídos en aquella expansión de odios sin resistencia, los que no mueren por el brazo airado de nuestros aliados, son pisoteados por sus caballos y presentan una masa repugnante, parecían ultimados por las garras de un tigre... Casi todos perecieron, 3500 cadáveres, enlodados en pantanos color a sangre yacían amontonados en distintos grupos. Mezcladas allí estaban todas sus edades como si atestiguase aquel acto inhumano la destrucción de un pueblo".    

El cuadro es magnificente, impactante, como repugnante su memoria. Como se destaca en el guión del notable documental que el año pasado emitió la señal "Encuentro", "Guerra Guazú", la pintura a cargo del artista a sueldo del emperador, Pedro Américo, no ha sido bosquejada en el terreno de batalla, tal el caso de las obras de Cándido López, testimonio argentino de la masacre. Apela a la épica de la guerra y su autor no descuida detalle alguno.

Uno de los más impactantes, en mi mirada, ha sido la del artillero paraguayo que aparece en el margen derecho inferior del trabajo. Se lo ve caricturesco, con un rostro definido con notas ostensiblemente opuestas a los de la oficialidad aliada, su mirada parece extraviada y, como para que no queden dudas de su falta total de linaje o corrección marcial, aparece con el torso desnudo, distinguido apenas con un quepis mal acomodado, correa y un taparrabos indecoroso, como uniforme.


 Mensaje esencial de una obra que plasmaba (como esa guerra insensata) la superioridad de la civilización europea, cuyos valores encarnaban Pedro II y Bartolomé Mitre, articulados para aplastar (literalmente, como ha escrito Garmendia) la barbarie paraguaya.

Al gusto de Domingo Sarmiento quien, hace exactamente 125 años, moriría en la devastada Asunción de 1888, cuya destrucción había contribuido a consolidar desde la Presidencia argentina en los estertores de esa guerra vergonzante que su país había librado en alianza funesta.

País, cuya Presidenta actual propone reconstruirlo desde la integración con aquellos que durante el siglo XIX pretendieron ser exterminados. Que por eso, y por tantas otras cosas más, tanto la queremos en este espacio y la acompañaremos hasta el último minuto de la última hora de su segundo mandato.

domingo, 8 de septiembre de 2013

El poeta de la Patria autoritaria

En la entrada anterior repasábamos la proclama de José Félix Uriburu al comenzar la usurpación del poder político luego de derrocar al Presidente elegido dos años antes, de acuerdo con las exigencias constitucionales. Repasábamos el sentido y los significantes de ese discurso, de suprema hipocresía, nacido de la pluma de Leopoldo Lugones, como también hemos escrito.
 
Lugones era, desde hacía muchos años, el escritor mimado por el estado oligárquico: honorarios, estipendios, viáticos por miles sufragaba el Estado argentino (cuyos habitantes mayoritariamente estaban hundidos en la pobreza más absoluta) para alquiler de su pluma, la del Poeta de la Patria, denominación que habría de tributar a la temática de ciertos trabajos suyos (La guerra gaucha, por todos), no obstante -quizás por enrolarse en cierta corriente literaria de su tiempo, a muchos Lugones escritor (Lugones ciudadano, como intentaremos dejar en claro) nos merece un profundo rechazo, nota escrita con la impunidad que me permite animar este espacio de reflexiones domésticas.

Digámoslo: Lugones era insufrible, indigerible, fatuo, deleznable.

Opinión compartida por un joven escritor de los años '20 del siglo pasado, que apreciamos mucho: "Muy casi nadie, muy frangollón, muy ripioso, se nos evidencia don Leopoldo Lugones", leemos en el imperdible "Leopoldo Lugones, romancero", publicado en "El tamaño de mi esperanza", uno de los primeros libros de Jorge Luis Borges, trabajo impecable que -como hemos dado cuenta en este espacio, abominaría de viejo, ese Borges que nos gusta tan poco.
 
El artículo, desopilante por momentos, demuele la poética del Poeta de la Patria, aunque admite que la rescataría sólo si sus composiciones hubiesen sido escritas en broma: "donde esas rimas irrisorias caen bien. Lugones lo hace en serio. A ver amigos, y glosa: ¿qué les parece esta preciosura?: 'Ilusión que las alas tiende / en un frágil moño de tul / y al corazón sensible prende / su insidioso alfiler azul'. Esta cuarteta es la última carta de la baraja y es pésima, no solamente por los ripios que sobrelleva, sino por su miseria espiritual, por lo insignificativo de su alma. Esta cuarteta indecidora, pavota y frívola es resumen del Romancero. El pecado de este libro está en el no ser: en el ser casi libro en blanco, molestamente espolvoreado de lirios, monos, sedas, rosas y fuentes y otras consecuencias vistosas de la jardinería y la sastrería. De los talleres de corte y confección, mejor dicho".
 
Tenemos ganas de transcribir toda esa sentencia aguda y eficaz, no es necesario, dado que el objetivo que nos propusimos se ha logrado: lejos de haber existido unanimidad alrededor de Lugones, un escritor joven y populista entonces, desafiaba su autoridad, la de quien decidía quién escribía y quién no, vale decir, quién podía escribir y quién no. Por supuesto, el joven Borges, extraordinario intelectual de su tiempo no contaba con la venia estatal, con el visto bueno del burócrata Lugones. 
 
Que no permitiría (quizás debiéramos agradecérselo) que Borges se convirtiera -aquel Borges, en un paniaguado del Estado argentino, dirigido a veces por banales distraídos, despreocupados o ignorantes como Marcelo de Alvear, quien quizás era las tres cosas a la vez.
 
Dispuso Alvear, Presidente de la Nación en 1924, que Lugones integrase la comitiva argentina para los festejos que el gobierno del Perú organizaría en homenaje al centenario de la batalla de Ayacucho. Fue entonces cuando el Poeta de la Patria, pronunció su discurso más recordado, que trascendió como el de La Hora de la Espada, pieza siniestra, si las ha habido. Peor aún, anticipatoria, que la proclama del 6 de septiembre de 1930.
 
 
El burócrata Lugones, dejadas en el pasado sus veleidades socialistas que había sabido cultivar (en yunta con José Ingenieros, otra celebridad inconcebible), dio rienda suelta a su fascismo militante peor, a un belicismo patológico, traducido en un discurso que pronunció en nombre del gobierno del radical Marcelo T. de Alvear.
 
Luego de semblantear la batalla que se evocaba, mediante giros que hubieran merecido la abominación de Borges ("noble trompa de plata", "ronca retreta", "sincero golpe de corazón", "inmensa desventaja", "perla matinal del cielo limeño", "alas revibrantes", "sonreída ondulación del gallardete verde del mar", "esclavina impar", entre otras delicias) dice lo que quería realmente decir: el recuerdo de esas guerras de principios del siglo XIX era un legado que debía ser retomado.
 
"Dejadme procurar que esta hora de emoción no sea inútil. Yo quiero arriesgar también algo que cuesta mucho decir en estos tiempos de paradoja libertaria y de fracasada bien que audaz ideología. Ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada. Así como ésta hizo lo único enteramente logrado que tenemos hasta ahora, y es la independencia, hará el orden necesario, implantará la jerarquía indispensable que la democracia ha malogrado hasta hoy, fatalmente derivada, porque ésa es su consecuencia natural, hacia la demagogia o el socialismo (...) Pacifismo, colectivismo, democracia, son sinónimos de la misma vacante que el destino ofrece al jefe redestinado, es decir al hombre que manda por su derecho de mejor, con o sin la ley, porque ésta, como expresión de potencia, confúndese con su voluntad. El pacifismo no es más que el culto del miedo, o una añagaza de la conquista roja, que a su vez lo define como un prejuicio burgués. La gloria y la dignidad son hijas gemelas del riesgo; y en el propio descanso del verdadero varón yergue su oreja el león dormido".
 
Lugones, en nombre de un demócrata (de pacotilla, pero demócrata al fin), en representación de un Estado que había consagrado en su Constitución los valores del liberalismo, proclamaba su muerte, su inutilidad, motejándola de construcción del bolcheviquismo. "Orden", "jerarquía", "aristocracia", valores que contrapone al "pacifismo", "colectivismo" y "democracia". Entras las muchas reflexiones que invita ese texto deleznable, nos quedamos con la más evidente: cuán fértil fue la semilla de esa cizaña, cómo expandió su veneno a lo largo del siglo que seguiría a esas alquimias.
 
Años más tarde, el autor de tan inmunda pieza se suicidaría, de un modo poco viril. Porque aunque todo suicidio delate una profunda cobardía, una egolatría deleznable, ambas notas aparecen subrayadas en ese final condigno de Leopoldo Lugones: no tuvo el valor de ahorcarse o de pegarse un tiro, apeló al whisky y al cianuro. Y dejó una carta que ni Napoleón hubiese urdido. Entre las incoherencias de quien había decidido dar ese paso definitivo escribió: "prohíbo que se de mi nombre a ningún sitio público", última voluntad que desgraciadamente, no la ha sido concedida, aunque no deja de sorprender la advertencia: prohibir que se de a un sitio público su nombre. Se suponía, entonces, merecedor de ello. Un pobre tipo.
 
Cuya memoria fue -y sigue siendo- reverenciada. Una de las tantas tragedias de un país que recién ahora está atinando a reconstruir su pasado a establecer los espejos en los que desea ser reflejado.
 
Memoria que evocó inconcebiblemente Borges, ciego ya, burócrata del Estado argentino como lo era Lugones cuando el joven Borges, en el artículo magistral que evocábamos, lo había tratado como se merecía. En 1960 en cambio publica "El Hacedor" cuyo primer artículo se titula "A Leopoldo Lugones", que comienza con una descripción del ámbito de la Biblioteca Nacional que dirigía Borges entonces y arriesga la ficción de un encuentro suyo con Lugones.
 
"Entro; cambiamos unas cuantas convencionales y cordiales palabras y le doy este libro. Si no me engaño, usted no me malquería, Lugones, y le hubiera gustado que le gustara algún trabajo mío. Ello no ocurrió nunca, pero esta vez usted vuelve las páginas y lee con aprobación algún verso, acaso porque en él ha reconocido su propia voz, acaso porque la práctica deficiente le importa menos que la sana teoría (...) Mi vanidad y mi nostalgia han armado una escena imosible. así será (me digo) pero mañana yo también habré muerto y se confundirán nuestros tiempos y la cronología se perderá en un orbe de símbolos y de algún modo será justo afirmar que yo le he traído este libro y que usted lo ha aceptado".
 
Han pasado 75 años desde la muerte de Lugones; casi 30 de la de Borges.
 
Y no, Borges. No se nos confunden usted y el Poeta de la Patria. Usted lo padeció a Lugones y al escritor de esos años, a quien usted mismo, anciano, abominaría, somos muchos los que venimos a rescatarlo del extravío de su propia censura, cuando usted se empeñaba en seducir a Lugones, cantándole odas inmerecidas a su memoria y a su obra, deleznables ambas.
 
Quizás, querido Borges (nos empeñamos en quererlo pese a todo) cuando usted se disculpaba con Lugones era porque de no haberse tomado el whisky y el cianuro del verano de 1938 en El Tropezón, y de haber vivido Lugones en 1960, entonces hubiesen creído en los mismos autoritarismos y hubiesen sostenido a los mismos autoritarios.  
 

sábado, 7 de septiembre de 2013

Proclama uriburista.

 Gracias al poeta Francisco García Jiménez (autor de letras de tangos inolvidables) sabemos que a principios de siglo XX, los festejos de Carnaval concitaban la participación de miles y millones, desde su significante festivo, que invitaba a dar rienda suelta al pecado, antes de la inauguración de la piadosa cuaresma siguiente. 

Me gustan los tangos de García Jiménez y de Anselmo Aieta: Suerte loca, Entre sueños, Mariposita, Barrio pobre, Alma en pena y los de temática carnavalera: Siga el corso y, precisamente, Carnaval (Sos vos pebeta, sos vos ¿cómo te va? ¡Estás de baile! ¿Con quién? ¡Con un bacán! ¡Tan bien vestida! ¡Das el golpe! Te lo digo de verdad. Habré cambiado que ya ni me mirás y sin decirme ni adiós, ya vas a entrar. No te apresurés, mientras paga el auto tu bacán yo te diré...").

Sin embargo, el escriba de este espacio de pensamientos íntimos, que quiere (y mucho) a Yrigoyen nunca le tendrá aprecio a esos autores. Porque perpetraron un tango obsceno, obsecuente y condigno con el ánimo de quienes concibieron esa obra miserable, el horrible "Viva la Patria", compuesto para celebrar el golpe que dirigió el sujeto quien, a guisa de nuestra introducción, no integraba ninguna comparsa de Carnaval cuando se tomó la foto de la entrada, sino que se ataviaba de ese modo para ejercer como dictador de la Nación entre 1930 y 1932, meses de aberrante infamia (valga la redundancia).

No aprecio a García Jiménez y a Aieta, acabo de escribir. Porque no se puede apreciar a quienes firmaron ese tango (por así llamarlo) cuyo estribillo celebraba: "Viva la Patria y la gloria de ser libres! ¡Viva la Patria que quisieron mancillar! Orgulloso de ser argentino al trazar nuestros nuevos destinos. ¡Viva la Patria, de rodillas en su altar!"

Qué porquería: de rodillas estaban Aieta y García Jiménez ante el altar de Uriburu y su camarilla. O locos o compelidos a firmar esa bazofia que le cantaba a la Patria y a la libertad cuando el fantoche de la foto del inicio de esta entrada se obstinaba en destrozar ambas: la Patria y la libertad.

Porque, siempre es útil recordarles a los radicales como el que escribe, que a Yrigoyen se lo derrocó porque se lo consideraba un dictador. Y como dijimos en la última entrada, a la dictadura que sucedió a su segundo gobierno se lo denominó "Revolución Libertadora". 

Dictadura avalada por la "Acordada del 10 de septiembre de 1930" de la Corte Suprema de Justicia presidida por José Figueroa Alcorta, con la firma del Procurador General Horacio Rodríguez Larreta (dato que anotamos para joder, nomás) que estableció (entre otras ilegalidades) que: "el gobierno provisional que acaba de constituirse en el país es pues, un gobierno de facto, cuyo título no puede ser judicialmente discutido con éxito por las personas en cuanto ejercita la función administrativa y política derivada de su posesión de la fuerza como resorte de orden y de seguridad social". Ergo, las exigencias constitucionales para la elección y destitución de sus autoridades, la vigencia del sistema de división de poderes, etc., podían ser obviadas: quien tuviera la fuerza para hacerlo, tenía aptitud constitucional para ejercer el gobierno del país, al margen de lo dispuesto por la Constitución Nacional, con la salvedad de que debería ser considerada esa experiencia como gobierno de facto. 

Ese cinismo, que quizás respondió a la complacencia de los miembros de esa Corte Suprema para conservar sus cargos, justificó muchísimas otras atrocidades que se sucederían en el futuro mediato. 

Esa acordada, el tango de Aieta y García Jiménez (qué más da) evocaban la proclama del dictador pronunciada el día del derrocamiento de Yrigoyen, ante una Plaza de Mayo colmada de energúmenos, muchos de los cuales habían destrozado la casa del Presidente depuesto en la calle Brasil 1039, en el aristocrático barrio de Constitución, domicilio ornado con lujo asiático, en especial su dormitorio como se aprecia de la fotografía que sigue.



Al pronunciar su proclama (que dirige al pueblo de la Capital) el dictador diagnosticó el "desquiciamiento que ha sufrido el país en los últimos años", presentándose como salvadores de la Patria: "hemos aguardado serenamente con la esperanza de una reacción salvadora, pero ante la angustiosa realidad que presenta al país al borde del caos y de la ruina, asumimos ante él la responsabilidad de evitar su derrumbe definitivo". Describe al gobierno democrático que derrocaba, caracterizándolo a partir de: "la inercia y la corrupción administrativa, la ausencia de justicia, la anarquía universitaria, la improvisación y el despilfarro en materia económica y financiera, el favoritismo deprimente como sistema burocrático, la politiquería como tarea primordial del gobierno (...) el descrédito internacional logrado por las actitudes y las expresiones reveladoras de una incultura agresiva (...) el fraude, el atropello, el latrocinio y el crimen, sin apenas un pálido reflejo de lo que ha tenido que soportar el país. Al apelar a la fuerza para libertar a la nación de este régimen ominoso, lo hacemos inspirados en un alto y generoso ideal. Los hechos, por otra parte, demostrarán que no nos guía otro propósito que el bien de la Nación".

Nos quedamos por un momento con una frase deslizada por el dictador: "el descrédito internacional logrado por las actitudes y las expresiones reveladoras de una incultura agresiva", que alude a una frase que le estampó Yrigoyen al presidente norteamericano Hoover al establecerse la primera comunicación telefónica entre la Argentina los Estados Unidos. Sin decirle agua va, Yrigoyen le hizo saber a su colega que: "los hombres deben ser sagrados para los hombres, como los pueblos deben ser sagrados para los pueblos", alusión crítica a la intervención norteamericana en Nicaragua. Buen entendedor, Hoover asimiló la estocada, haciendo saber con posterioridad su descontento con la frase, para escándalo de La Nación.

Más adelante presenta a su gabinete integrado por "eminentes ciudadanos" (entre ellos, Adolfo Bioy, padre del otrora amigo del entonces joven partidario de Yrigoyen, Jorge Borges), anticipar que "no nos mueve ningún interés político, no hemos contraído compromisos con partidos o tendencias", por lo cual se declaraba colocado: "en un plano superior y por encima de toda finalidad subalterna y dispuestos a trabajar con todos los hombres de buena voluntad que aspiren al engrandecimiento de la Patria", a la vez de amenazar a quienes habían posibilitado la experiencia superada, aquellos que: "se han dejado tentar con promesas de dádivas personales (que ha sido la forma de corromper las conciencias para obtener sanciones plebiscitarias) es definitivo. Aludía el ególatra a la reelección de Yrigoyen en abril de 1928, calificada por sus partidarios, por su magnitud y contundencia como un plebiscito. 



Culminó su mensaje expresando la aspiración de que la dictadura que se iniciaba pudiera: "devolver la tranquilidad a la sociedad argentina, hondamente perturbada por la política de odios, favoritismos y exclusiones, fomentada tenazmente por el régimen depuesto, de modo que en las próximas contiendas electorales predomine el elevado espíritu de concordia y de respeto por las ideas del adversario que son tradicionales a la cultura y a la hidalguía argentina", anticipando (luego de agradecimientos a la prensa seria que había apoyado el golpe de Estado) "la indispensable disolución del actual Parlamento obedece a razones demasiado notorias para que sea necesario explicarlas. La acción de una mayoría sumisa y servil ha esterilizado la labor del Congreso y ha rebajado la dignidad de esa elevada representación pública. Las voces de la oposición que se han alzado en defensa de los principios del orden y de altivez de una y otra Cámara han sido impotentes para levantar la mayoría de su postración moral y para devolver al cuerpo de que formaban parte el decoro y el respeto definitivamente perdidos ante la opinión".

Nos quedan muchos interrogantes luego de repasar los conceptos del dictador flamante, por lo pronto: ¿era sincero Uriburu? ¿expresa intenciones en la que creía? Y aunque lo detestamos a Uriburu en este espacio diremos que sí, que creía que estaba haciendo bien las cosas, que era un servicio a la Patria el desalojo del demagogo Yrigoyen, el cierre del Congreso cuyos diputados (aunque fueran de su Partido) no se oponían a su gestión, incluso el disciplinamiento de quienes lo habían votado: esa mayoría que había vendido su voto a cambio de alguna ventaja, de cierta prebenda.

Creía en lo que decía: por eso los políticos radicales acabarían en las cárceles, los anarquistas y sindicalistas fusilados en virtud de la aplicación de la Ley Marcial impuesta por esa dictadura y otros disidentes sometidos a los rigores de la picana eléctrica, invento del entrañable Polo Lugones, hijo del no menos entrañable don Leopoldo, poeta de la Patria, cerebro de ese golpe de Estado (al punto que muchos sostienen que la proclama que reseñamos le corresponde parcialmente).

El problema, por así establecerlo, no son las convicciones de un lunático (que le haría el trabajo sucio a quienes adolecían de los valores sanmartinianos cacareados por Uriburu en esa proclama de pluma lugoniana) sino la contribución de hombres honrados y hasta democráticos, que acompañaron esa aventura. Porque más allá de nuestro yrigoyenismo debemos reconocer que en septiembre de 1930, el Caudillo no las tenía todas consigo, que quizás pudiera considerarse desde cierto sector la necesidad de reemplazar (a su turno electoral) al Presidente que no acertaba con sus medidas para contrarrestar a la mishiadura que azotaba a estas pampas y al mundo entero a partir del crack de Wall Street del año anterior.

Se equivocaron aquellos demócratas que creyeron que ese golpe traería algo distinto de la peste que inoculó, entre ellos Natalio Botana y Marcelo de Alvear, que escarmentaron su error en las mazmorras uriburistas.

No sea cosa que 83 años después algún Uriburu (solapado, por supuesto) convenza a algunos cuantos sobre la necesidad de terminar con un período democrático porque -tomando la proclama que repasamos- los que votan lo hacen a cambio de una dádiva, se ofende a los representantes de los Estados Unidos, los legisladores de ese espacio mayoritario votan los proyectos del gobierno que apoyan, se crea una grieta que termine con la concordia nacional o se chapotee en el fango de la corrupción.

Es de esperar que eso no suceda.