viernes, 6 de septiembre de 2013

6 de septiembre de 1930


Radicales los que me oyen, del auditorio presente:
el único presidente es el doctor Yrigoyen.
Son turros los que desoyen este llamado al laburo,
y desde esta noche juro no descansar un momento
en buscar el argumento para joderlo a Uriburo.
David Viñas: "Hombres de a caballo"-
 

Quien quiera leer en esta evocación sesgo oportunista, incurrirá en una injusticia torpe. Obviaría que este espacio desde su denominación misma, se escribe en cierta forma, para honrar la memoria de don Hipólito Yrigoyen.
 
 
 
 


 

El 6 de septiembre de 1930 es corrientemente definido como el inicio de una etapa sombría, tiempo que maduraría en su esplendor unas décadas más adelante, no obstante el evento que evocamos estuvo precedido de violencias atávicas nacidas con la Patria misma. Digamos, para usar un lugar común, que el desfile de un imbécil con cadetes del Colegio Militar, que acabó con la primera experiencia democrática argentina, no fue un rayo en un cielo despejado.

Quizás (así lo creo) por estos días de mediados de la segunda década del siglo XXI, conozcamos los argentinos por primera vez un tiempo, sino de concordia, de resolución de diferencias políticas por la vía opuesta a la de la ruptura de septiembre de 1930, no obstante persista el temor (en algunos, entre los que me cuento, esperanza en muy poquitos, espero) de que pueda retomarse ese camino deleznable.

Jornada, la de septiembre de 1930 (para relacionar esta entrada con las últimas de este espacio recuperado) de profundo desconsuelo para los entonces amigos Borges y Manzione. Aquél sufriría el final abrupto de la única experiencia política en la que se enroló y con la cual se sintió políticamente identificado; para Homero, supondría un largo encierro en la penitenciaría de la calle Las Heras, contemporáneamente con el fusilamiento, en ese mismo sitio del anarquista Severino Di Giovanni.

Muchos (lo leo en las redes sociales) aprovechan cada 6 de septiembre para recordar la participación del joven capitán Juan Domingo Perón en ese golpe de Estado, desdeñando que fue el propio Perón quien dio cuenta de ese evento en un trabajo notable pocos años después, oportunidad en la que se recriminó esa participación.

Sin embargo, no creo que sea relevante establecer qué fue lo que hizo aquel Perón ante esa disyuntiva(muy distinto del líder popular que conduciría a vastos sectores populares quince años más tarde) sino en el sentido de ese pronunciamiento militar y sus secuelas: desde la interrupción del orden institucional, hasta el inicio del primer disciplinamiento  de las masas que no sabían votar bien.

A lo largo de la década que se iniciaba, otros votarían por quienes no sabían votar al verificarse, el 5 de abril de 1931 que el pobrerío seguía empecinado con el radicalismo del dictador Yrigoyen. Por eso, para que no cayeran en la tentación de votar mal en lo sucesivo, quienes sí sabían como votar  proscribió al Partido Radical de Yrigoyen, hasta que la UCR se hizo de Alvear, y resultó, por fin, admisible, aunque ante la duda se empeñaron en perpetrar escandalosos fraudes electorales para evitar un resurgir atentatorio contra la Patria sus dueños y sus intereses.

A partir de otro septiembre, veinticinco años más tarde volvería a elegirse en nombre de quienes no sabían elegir, esa vez sin la parodia de elecciones arregladas de ante mano.


Sería a partir de otro gobierno de fuerza que se autodenominará tal como los diarios enemigos de Yrigoyen llamaron a la dictadura que se inició aquel 6 de septiembre de 1930: Revolución Libertadora.






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